[La conversación que tuvieron noches antes parecía no haberle convencido a él. Le sonó simple, con falta de especia. Como si fuera un diálogo entre dos personas que esperan el autobús, a saber; no hay roce, no hay cariño, ninguna intención de dar nada por parte de uno ni esperanza de recibir algo por parte del otro. Simplemente llenan el tiempo con palabras muertas a las que nadie dará más importancia que la que tienen.
Solo que ellos dos no eran desconocidos, pues había años entre ellos. Ni tampoco esperaban el autobús para coger cada uno un camino diferente sino que más bien habían llegado juntos a ese lugar, estaban el uno junto al otro y probablemente se irían acompañándose, unidos al resto.
Por eso no le gustó la conversación o, mejor dicho, no le acabó de convencer. Como a ella pareció no quedarle muy clara. Si él quería decirle esto o más bien se quedó a las puertas de aquello, lo contrario.
Así que la llamó aunque con algo de miedo en la voz y coraje en el corazón, había que dejar todo transparente como el cristal.]
-- Creo que te debo una explicación.
¿Sobre qué? Si no me has hecho nada.
-- Sí, la otra noche, cuando salimos antes de yo irme. Sobre lo que hablamos en el coche.
Creo que eso estaba claro.
-- No te engañes, ni tú me entendiste ni yo hice demasiado porque lo hicieras. Ya sabes lo valiente que soy para todo salvo para sinceramente contigo, en ese momento mi desparpajo se convierte en palabras sueltas, en frases sin acabar. Así que bueno, intentaré coger algo de carrerilla, te explico lo que creo que no entendiste y ya tú lo tomas como quieras. O lo dejas.
Vale… ¿pero no tengo que preocuparme, verdad?
-- No cielo, todo lo contrario. Sabes que nunca te haría ningún mal.
Sí, lo sé.
-- Te pedí una oportunidad, y me preguntaste qué oportunidad. Me dijiste que no creías en el amor, pero si en el cariño. Me dijiste que no estabas en un momento de tu vida para andar con la cabeza en cosas que te vinieran nuevas. Y también me dijiste que no querías ni siquiera probar, por lo que pudiera pasar en tu mente. Pues bien, visto tus argumentos te lanzaré los míos, y tú me dirás si estás de acuerdo:
… Yo tampoco creo en el amor. Una vez no hace mucho creí que sí pero crecemos a pasos agigantados y lo que ayer desconocía hoy soy capaz de dibujarlo con los ojos cerrados. Aprendí (o tal vez, eso creo) a que el amor existe solo para la familia y los actores. La familia y los amigos son los únicos que de verdad te darán amor sin compromiso, sin pedir nada a cambio. Y los actores intentarán imitarlo para recrear una maravillosa y deliciosa historia entre un hombre y una mujer pero ficticia al fin y al cabo. Sin embargo no creo en el amor de hombre y mujer. Entre nosotros hay amistad, de la más bellas que jamás he visto. Pero sé que no existe otro tipo de amor.
Sin embargo, si creo en el cariño que te tengo. Cariño infinito. Si creo en los años que he vivido contigo como también creo que todas las conversaciones que he tenido contigo han sido reales. Estoy seguro que esos besos en la mejilla que siempre te he dado no eran de plástico. Y también creo en que cuando te he visto llorar, tus lágrimas eran sinceras, de dolor o de alegría, pero tan reales que podía limpiarlas con mi pulgar.
Creo en ti como una de las más hermosas personas que conozco, a la que nunca dañaría.
Por eso te pido una oportunidad, como tú bien dijiste, de ver hasta donde podríamos llegar. Si habría algo de lo que tirar, algo que quizás merezca la pena conocer.
No tengo prisa, no te estoy dando un contrato de compromiso y seriedad que firmar hoy. No pretendo eso. Pero si que el cariño que existe sirva de puente, de empujón. Pues nunca se sabe lo que tenemos, lo que perdemos o lo que nunca veremos si no nos lanzamos a ello. Quiero que me des una oportunidad para que me dejes intentarlo. Y que tú lo pruebes, a ver a que sabe.
Bien sabes perfectamente los 100 defectos que tengo y que no te oculto pero también que jamás te daría de lado, ni buscaría nada que no fuera un bien para ti. Que si tiene que salir, seré la persona que más te cuide, que mirará por ti aunque me saquen los ojos. Y que si, a pesar de los intentos, estoy equivocado y no tenemos opción ninguna, seguiré siendo el mismo. Seguiré siendo tu amigo fiel y nunca me iré de tu lado. Seguiré viéndote siempre que podamos, riendo contigo y porqué no, también seguiré enfadándome cuando me saques de quicio.
Quiero servirte de apoyo en momentos como el que estás pasando ahora. Que sepas que esté donde esté sabes que me tienes a una llamada, a un toque de puerta y que nunca renunciaría a ti.
Porque te lo he dicho, no creo en el amor barato de salón como tampoco creo en nada que sea eterno. Pero si creo en lo que siento cuando estoy contigo. Si sé que esa tranquilidad que me das es real. Que nunca había sentido necesidad de ver a nadie más allá de mi familia y sin embargo cuando te cruzas en mi mirada es como un desahogo, como si aquello que necesito vuelve a mi.
Me haces sentir a gusto conmigo mismo y con los que me rodean. Me diviertes, me entretienes con tus conversaciones y bromas sin sentido. Me haces desternillarme de risa y haces que me preocupe cuando estás enferma. Me das la confianza que necesito para contar mis problemas e intentar buscarle una solución o simplemente, lloraría en tu pecho sin avergonzarme, porque me sentiría protegido.
No quiero amor eterno, ni te lo ofrezco. No te prometo una vida entera ni la espero. Soy realista, tengo los pies en el suelo. Lo único que si te ofrezco es mi cariño, el que te tengo. Y te prometo que intentaré hacerlo de la mejor manera posible, poniendo mi empeño y esfuerzo en que salga bien.
No necesito que sea hoy o mañana. No tengo prisa. Tómate tu tiempo para pensarlo, para darle vueltas. Pide opinión o no escuches ninguna, eso va en ti.
Yo voy a seguir siempre aquí, con mi mismo número, mi misma dirección y mi entera disponibilidad. Seré todo lo paciente que necesites.
Niño…
-- Creo que más no puedo explicártelo. ¿Me comprendes ahora?
[Lo siguiente debes decirlo TÚ.]

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