lunes, 29 de noviembre de 2010

Hazte viejo.

[Ha empezado a llorar el invierno y ya se avistan los primeros tejados blancos y fríos. Cada mota de nieve se queda en la punta de la nariz, derritiéndose con el calor de la carne. El paisaje es bello, de postal.
Y él está allí, sentado en su banco, como casi siempre. Pensando en no sabe muy bien el qué o quién. Con la mirada perdida contando la nieve caer. Mientras la gente pasa por delante de él, no ve a nadie. Solo la nieve, buscando las razones que le han hecho estar allí.]

-- Buenas tardes. Aunque más que buenas, frías, ¿no estás de acuerdo?

[La voz le era familiar. En seguida se dio cuenta de que la había escuchado hace algo más que un par de meses atrás. Cálida, paternal y con una melodía lenta que te enganchaba a escucharla. Se giró y no se equivocaba. Era él, otra vez y sin saber cómo le había vuelto a encontrar.]

Pues la verdad es que sí, ya se nota el invierno. Pero me gusta, me aísla un poco de todo. ¿Quieres sentarte o estás de paso?

-- Ya que invitas, me sentaré un rato. No me vendrá mal algo de conversación humana… Y creo que a ti tampoco.



-- Si no quieres no me lo cuentes. Nos limitaremos a mirar al infinito durante unos minutos y luego me iré. Pero soy todo oídos amigo.

[Realmente no quería compañía en ese momento, daría todas sus extremidades por existir solo en el mundo pero aún así una pequeña parte de él daba gracias al cielo por su llegada. Explotaría si no.]

Nunca he sido el hijo perfecto. Tampoco soy el mejor amante. Y en un grupo de amigos no doy la nota. Sinceramente no destaco para bien, pero tampoco lo hago para mal. Soy normal. Como creo que eres tú y lo es la señora que está paseando el perro al otro lado de la calle. Pero me considero responsable, con la ética y moral suficiente para verme buena persona. Trabajador y luchador hasta que me exhausto. Por la gente que quiero intento darlo todo. Me ofrezco, ayudo. Intento estar pendiente de ello.
Cuando trabajo me dedico al 100 %, sea la hora que sea. Aunque vengan mal dadas. Aunque otros te pisen o te intenten contagiar con su indolencia. Procuro dar una sonrisa a todo el que me cruzo. A todo aquel que me solicita ayuda o simplemente tiene algo que le ronda la cabeza y necesita aclaración.
Cuando estoy trabajando dedico mi vida a ello, aunque a veces no salgan las cosas bien y otras muchas nadie te lo agradezca.
Cuando no estoy en ello, cuando estoy viviendo, intento disfrutar de manera humana. Sin sobresaltos que afecten a mi bienestar y al de los míos. Procuro no perjudicar a quien tengo alrededor.
Y a cambio no tengo más que malas palabras del destino. Me escupe a la cara mientras se ríe. Me aparta gente de mi vida, sin ofrecer excusa. Me ofrece desengaños sin aceptar un no y me deja bañándome en la impotencia y la rabia.
Cuando llego a casa no puedo más que sentirme imbécil. Inútil. Como si después de 23 horas de esfuerzo y partirme los cuernos en la última, todo lo construido se fuera por donde amargan los pepinos.
Toda satisfacción personal es por propia iniciativa. Es puro placer ficticio. Simplemente interior. O porque yo lo compro. Porque yo me lo dedico y me doy el capricho.
La casa sigue vacía. El teléfono no suena. Y las sábanas continúan frías.
¿Mi apoyo? Un jodido paseo bajo el frío de esta ciudad en la que no importas a nadie. Que te da y te quita según le place.
Dime, ¿a quien reclamo? Y no te hablo de felicidad. Qué sé yo lo que es sentir eso, porque en ningún diccionario lo pone.
Pero, ¿y un poco de gratitud? ¿Un poco de alegría gratuita? Placer ya tengo. Eso se consigue con un par de monedas y tiempo libre.
Porque cuando paso un tramo del camino lleno de arbustos al poco me aparece otro lleno de piedras.
Me levanto y me vuelto a levantar. Pero a veces cansa. También gusta de disfrutar un poco de constancia. No tragar polvo y arena a cada decisión.
Realmente no es grave, por eso no pido tanto. Creo que todos merecemos un poco más de lo que nos dan. Y lo reconozco, a veces la envidia me quema viendo como otros tienen lo que quieren y más, sin demasiado esfuerzo. Incluso después de mostrar su verdadera cara, la vida les sigue sonriendo. Como si la desgracia ya tuviera una cabeza de turco, pasando de ellos.

[Después de su verborrea se quedaron unos minutos en silencio. Seguía cayendo la nieve en la ciudad, no había tregua. Hasta que al fin, el viejo habló].

-- Vaya… Parece que de verdad el Sr. Invierno ha llegado de sus vacaciones. Esperemos que este año no venga con ganas. Mis huesos ya tienen demasiados años para lidiar con él.

Pues si que realmente eres todo oídos, pero llenos de cera.

-- No te hagas el listo conmigo joven. Te he escuchado atentamente cada sílaba que se ha ido por tu boca. ¿Pero qué quieres que te diga? Nadie elige nacer. Ni elige a sus padres. Ni el hospital donde nace. No elegimos a nuestros amigos. Ni podemos elegir a nuestra pareja. No elegimos nuestros gustos por los colores o los sabores. Nadie nos da opción a que nuestra genética salga hecha para un deporte. O nuestro talento se enfoque a un arte.
A cambio, podemos elegir que estudio escoger, que trabajo realizar. Podemos elegir qué libro leer antes de acostarnos. O podemos escoger entre un grupo de canciones para escuchar mientras paseamos. Podemos elegir en qué tienda de ropa entrar primero. O qué película ver con los amigos que nos vienen dados. A veces incluso podemos elegir una ciudad en la que vivir. Una casa que alquilar o un reloj que comprar.
Podemos elegir si cenar en casa o fuera. Pero no podremos elegir qué gusta a nuestro paladar. Por lo que cocinaremos en función de ello. Como nuestra ropa irá acorde a nuestros gustos de colores.
Al igual que amaremos a quien hace que nuestro corazón estalle al verla. Reiremos con los amigos que la casualidad y una clase nos brindó. También trabajaremos codo con codo con los compañeros obligados que nos dio la opción de elegir ese trabajo. Y amaremos sin darnos cuenta a esos padres que nos vieron nacer. Que tú no elegiste, pero que ellos te eligieron a ti.
He llegado a mi edad porque aprendí a hacer esas diferencias. A luchar cada día. Y aceptar lo que me viene tal como es, o puliéndolo para poder aceptarlo.
Las cosas pasan porque hacemos que pasen. Tú eliges una acción y puedes esperar un resultado, que no siempre será el bueno.
Aprende a aceptarlo. La vida te está dando una lección que no todos tienen la suerte de aprender pronto. Otros tardan años en poder aprenderla y luego casi ni tienen tiempo en llevarla a cabo.
¿Te caes? Levántate. ¿No te dan las gracias? Dátelas tú. ¿No te llama? Llama a otro y cuéntaselo. Si no te espera nadie en casa, no esperes tú en la puerta de nadie.
¿Algo roto? Repáralo. ¿Tus sábanas están frías? Otras también lo están, es cuestión de tiempo que os pongáis de acuerdo. Ya llegará.
Tal vez no recibas una palmada en la espalda, o un abrazo. Pero ten por seguro que lo hiciste bien y que gracias a ello, alguien dormirá tranquilo y en paz esa noche.
¿Ves mis arrugas? Están marcadas por los años y las experiencias. Y bien sabe Dios que nunca fui un santo ni devoto. Pero no es menos cierto que aprendí que no podemos tener todo cuando queremos. Que la felicidad viene con cuenta gotas. Y yo vacié mi vida en un torrente. Por eso cuando me deba tocar las puertas del Cielo, San Pedro me abrirá sin pedirme explicaciones.
Nunca he tenido que rendir cuentas a nadie porque hice todo según me dictaba el corazón. Aunque no recibiera premio alguno. Aunque las gracias fueran con boca pequeña.
Vive sin tener que dar cuentas. Si te equivocas puedes volver atrás y arreglarlo. No llores cuando te vengan mal dadas o te deshidratarás.
Convierte tu rabia e impotencia en fuerza y coraje. Y pronto te llegará. Un buen amigo que te escuche. Una persona que te cuide y te espere con las sábanas cálidas…
Pero no dejes a un lado tus costumbres. Coge tiempo para ti, como hoy, para venirte a tu banco. Para pasear bajo el frío, la lluvia o la nieve. Revuélcate en el fango de vez en cuando pero luego date una ducha de tranquilidad y amor propia. Es esencial confiar en la capacidad de cada uno.
Siéntete útil con cada acto.



-- [Suspiró]… Resulta que tengo los oídos más limpios de lo que quieres creer.

Pues sí querido viejo. Entonces, ¿qué hago?

Hazte viejo con los años, no con el daño…

viernes, 10 de septiembre de 2010

Oportunidad.

[La conversación que tuvieron noches antes parecía no haberle convencido a él. Le sonó simple, con falta de especia. Como si fuera un diálogo entre dos personas que esperan el autobús, a saber; no hay roce, no hay cariño, ninguna intención de dar nada por parte de uno ni esperanza de recibir algo por parte del otro. Simplemente llenan el tiempo con palabras muertas a las que nadie dará más importancia que la que tienen.
Solo que ellos dos no eran desconocidos, pues había años entre ellos. Ni tampoco esperaban el autobús para coger cada uno un camino diferente sino que más bien habían llegado juntos a ese lugar, estaban el uno junto al otro y probablemente se irían acompañándose, unidos al resto.
Por eso no le gustó la conversación o, mejor dicho, no le acabó de convencer. Como a ella pareció no quedarle muy clara. Si él quería decirle esto o más bien se quedó a las puertas de aquello, lo contrario.
Así que la llamó aunque con algo de miedo en la voz y coraje en el corazón, había que dejar todo transparente como el cristal.]

-- Creo que te debo una explicación.

¿Sobre qué? Si no me has hecho nada.

-- Sí, la otra noche, cuando salimos antes de yo irme. Sobre lo que hablamos en el coche.


Creo que eso estaba claro.

-- No te engañes, ni tú me entendiste ni yo hice demasiado porque lo hicieras. Ya sabes lo valiente que soy para todo salvo para sinceramente contigo, en ese momento mi desparpajo se convierte en palabras sueltas, en frases sin acabar. Así que bueno, intentaré coger algo de carrerilla, te explico lo que creo que no entendiste y ya tú lo tomas como quieras. O lo dejas.

Vale… ¿pero no tengo que preocuparme, verdad?

-- No cielo, todo lo contrario. Sabes que nunca te haría ningún mal.


Sí, lo sé.

-- Te pedí una oportunidad, y me preguntaste qué oportunidad. Me dijiste que no creías en el amor, pero si en el cariño. Me dijiste que no estabas en un momento de tu vida para andar con la cabeza en cosas que te vinieran nuevas. Y también me dijiste que no querías ni siquiera probar, por lo que pudiera pasar en tu mente. Pues bien, visto tus argumentos te lanzaré los míos, y tú me dirás si estás de acuerdo:

… Yo tampoco creo en el amor. Una vez no hace mucho creí que sí pero crecemos a pasos agigantados y lo que ayer desconocía hoy soy capaz de dibujarlo con los ojos cerrados. Aprendí (o tal vez, eso creo) a que el amor existe solo para la familia y los actores. La familia y los amigos son los únicos que de verdad te darán amor sin compromiso, sin pedir nada a cambio. Y los actores intentarán imitarlo para recrear una maravillosa y deliciosa historia entre un hombre y una mujer pero ficticia al fin y al cabo. Sin embargo no creo en el amor de hombre y mujer. Entre nosotros hay amistad, de la más bellas que jamás he visto. Pero sé que no existe otro tipo de amor.
Sin embargo, si creo en el cariño que te tengo. Cariño infinito. Si creo en los años que he vivido contigo como también creo que todas las conversaciones que he tenido contigo han sido reales. Estoy seguro que esos besos en la mejilla que siempre te he dado no eran de plástico. Y también creo en que cuando te he visto llorar, tus lágrimas eran sinceras, de dolor o de alegría, pero tan reales que podía limpiarlas con mi pulgar.
Creo en ti como una de las más hermosas personas que conozco, a la que nunca dañaría.
Por eso te pido una oportunidad, como tú bien dijiste, de ver hasta donde podríamos llegar. Si habría algo de lo que tirar, algo que quizás merezca la pena conocer.
No tengo prisa, no te estoy dando un contrato de compromiso y seriedad que firmar hoy. No pretendo eso. Pero si que el cariño que existe sirva de puente, de empujón. Pues nunca se sabe lo que tenemos, lo que perdemos o lo que nunca veremos si no nos lanzamos a ello. Quiero que me des una oportunidad para que me dejes intentarlo. Y que tú lo pruebes, a ver a que sabe.
Bien sabes perfectamente los 100 defectos que tengo y que no te oculto pero también que jamás te daría de lado, ni buscaría nada que no fuera un bien para ti. Que si tiene que salir, seré la persona que más te cuide, que mirará por ti aunque me saquen los ojos. Y que si, a pesar de los intentos, estoy equivocado y no tenemos opción ninguna, seguiré siendo el mismo. Seguiré siendo tu amigo fiel y nunca me iré de tu lado. Seguiré viéndote siempre que podamos, riendo contigo y porqué no, también seguiré enfadándome cuando me saques de quicio.
Quiero servirte de apoyo en momentos como el que estás pasando ahora. Que sepas que esté donde esté sabes que me tienes a una llamada, a un toque de puerta y que nunca renunciaría a ti.
Porque te lo he dicho, no creo en el amor barato de salón como tampoco creo en nada que sea eterno. Pero si creo en lo que siento cuando estoy contigo. Si sé que esa tranquilidad que me das es real. Que nunca había sentido necesidad de ver a nadie más allá de mi familia y sin embargo cuando te cruzas en mi mirada es como un desahogo, como si aquello que necesito vuelve a mi.
Me haces sentir a gusto conmigo mismo y con los que me rodean. Me diviertes, me entretienes con tus conversaciones y bromas sin sentido. Me haces desternillarme de risa y haces que me preocupe cuando estás enferma. Me das la confianza que necesito para contar mis problemas e intentar buscarle una solución o simplemente, lloraría en tu pecho sin avergonzarme, porque me sentiría protegido.
No quiero amor eterno, ni te lo ofrezco. No te prometo una vida entera ni la espero. Soy realista, tengo los pies en el suelo. Lo único que si te ofrezco es mi cariño, el que te tengo. Y te prometo que intentaré hacerlo de la mejor manera posible, poniendo mi empeño y esfuerzo en que salga bien.
No necesito que sea hoy o mañana. No tengo prisa. Tómate tu tiempo para pensarlo, para darle vueltas. Pide opinión o no escuches ninguna, eso va en ti.
Yo voy a seguir siempre aquí, con mi mismo número, mi misma dirección y mi entera disponibilidad. Seré todo lo paciente que necesites.


Niño…

-- Creo que más no puedo explicártelo. ¿Me comprendes ahora?

[Lo siguiente debes decirlo TÚ.]

lunes, 30 de agosto de 2010

Te hablo..

-- ¡¡Loco!! [acostumbraba a llamarle así cada vez que se lo encontraba. Era muestra de cariño, de confianza].

-- ¡Oye! No pases de mi.


-- ¿Oye…? ¿Me estás escuchando?

[Su semblante cambió, su sonrisa se fue y con ella la luz de sus ojos. Él no estaba para reír en ese momento y ella se estaba dando cuenta. Lo conocía desde hacía años, bastaba mirarle un segundo a los ojos u oírlo respirar para analizarlo y saber lo que necesitaba].

-- Nene… ¿qué te pasa? Cuéntamelo.. [le decía con la voz más dulce que jamás oyó mientras le rodeaba con sus brazos].

Es.. Es ella..  No puedo decir que no puedo más, porque esto no me matará pero sí que me lo está haciendo todo más difícil. La necesito tanto… Conmigo, a mi lado.. La necesito. Tengo un nudo en el estómago que amarraría cualquier barco. Estoy ardiendo y no tengo fiebre y la impotencia me ha hecho preso y ahora no me deja ir. Mírame, aquí estoy, llorándole y ella ni si quiera se da cuenta. Es tanto lo que siento por ella que podría pasarme días describiéndola. Es tanto lo que haría por ella que quizás sería hasta perjudicial para mi…

-- Pero si de eso ya hemos hablado… Me contaste que lo habías superado, que ya quedó atrás y que eras una persona nueva.

¿Superado? Esto no es más que el principio, el de mi final. A más crezco, a más la conozco, más la amo.

-- Cielo… ¿Cómo puedes estar así? Mírate, sentado llorándole a alguien que no te merece. Alguien que te ha robado día, meses… años de tu vida y no te los ha devuelto. Una persona que te engañó con su dulce cara y sus aún más dulces labios. Jugó contigo, te engañó y te hizo sentir pequeño para poder controlarte en la palma de su mano. Bien sabe Dios que te quiero desde que te conozco y que jamás quisiera hacer yo daño, pero debo decirte las cosas como son, tienes que asimilarlo. Ella ya no está, se fue y tú mismo dijiste que lo hizo sin darte nada más a cambio. ¿Crees que ahora se acuerda de ti? ¿De verdad piensas que mientras otro la abraza se acuerda de ti por un solo instante? Eres carne de cañón, sus sobras. No eres más que pasado para ella y eso lo sabe, porque está viviendo su presente, cosa que parece que tú no quieres hacer anclándote en algo que no volverá por más que lo implores.

No es por ella..

-- …Cariño, no te entiendo. Perdóname por lo que te he dicho sabes que mi intención..

Lo sé [mientras le cogía la mano y le sonreía, ya no lloraba], sé que tú intención es protegerme, como siempre ha sido. Pero en esto poco puedes hacer que no hayas hecho ya…
-- Dime qué es.

Yo te hablaba de la persona que lleva ocupando mi cabeza desde antes de conocerla. De ese ideal que todos tenemos y que parece nunca encontramos y que yo puedo ver y tocar cada día. Te hablo de alguien con una belleza tal que ningún pintor sería capaz de reflejar. Alguien que cuando sonríe te hace sentir tranquilo, en paz. Con quien disfruto cada minuto que paso junto a ella. Con quien desearía pasar mis días y vivir mis noches. Te hablo de alguien a la cual amaría cada día con la misma intensidad que el primero, aún habiendo pasado 70 años. Alguien a quien llenar de harina mientras cocinamos y con quien disfrutar de un viaje los dos solos, sin más preocupación que el besarnos mil veces antes de dormir.
Te hablo de alguien a la que regalar mi corazón, mis lágrimas y mis mejores momentos. La abrazaría con mi paciencia y mi compresión deseando no soltarla nunca pues cada segundo que pasara sin verla sería como volver a partir de cero. Pues la amo, la quiero y la deseo de la forma más ardiente que puedas imaginar. Sé que es mi complemento, la que determina mi ser y mi forma de caminar. Sé que es por ella por lo que existo. Que yo no tengo más razones de estar en este mundo que la de cuidarla y hacerla sentir amada.
Te hablo de alguien alegre, de alguien risueña. Espontánea, atrevida, generosa, sensual, bella, querida y admirada, hasta por aquellos que no la conocen porque aquel que la conoce es incapaz de decir una palabra agria sobre ella.
Porque me encandiló son su sonrisa, con su cariño desinteresado y su saber escuchar. Te hablo de alguien que me ha enseñado a querer, aún cuando estaba con otra persona. Sí… aún cuando creía querer a esa que has descrito, pensaba en ella. Me sentía sucio y miserable, pues ella no se merece comparación alguna. Debería ser pura y única y dedicarme en cuerpo y alma solo a ella y yo no lo hacía.
A cambio, he seguido haciendo como si no existiera, como si no la necesitara. Y aquí me ves, llorándole, necesitándola.
Te hablo de quien tiene el poder de darme la felicidad plena. De alguien que puede cambiar mi pasado, mi presente y mostrar el más bello de los futuros.
Te hablo de alguien a quien besaría bajo mis sábanas y acariciaría sobre una playa. Te hablo de ella, la única, mi vida, mi ser, mi niña…


Te hablo de ti..

jueves, 26 de agosto de 2010

Te daré...

[Llovía, hacía algo de viento y de nuevo era de noche. La ciudad se echaba a dormir a esas horas y pocos eran los que aún aguantaban entre copas. Él paseaba despacio mientras volvía a casa tras otro largo día de trabajo. Pensaba en aquella conversación pero más pensaba en aquel extraño que se la regaló. No estaba seguro de si era un sueño, si había pasado de verdad o es que esa noche tomó algo que no debía.
Pensaba decía, y silbaba a la vez. Estaba tranquilo, feliz y armado de valor para cualquier acontecimiento que pudiera llegarle avisando o de sorpresa. Nada podía bajarle de esa nube de tranquilidad en la que se instauró varias noches atrás. Nada salvo ese sonido que rompió el silencio a esas horas de la madrugada.
Alzó la vista y allí, junto a un banco, que no sobre él, encontró a una joven bañada en lágrimas. Como siempre había hecho, podía haber mirado a otro lado y seguir caminando pero la hora, la noche y la inocencia que desprendía aquella chica le hicieron detenerse a unos metros de ella.]

-- Perdona… [no sabía que decirle], ¿puedo ayudarte?

Déjame, estoy bien, lárgate.

-- No, no lo estás. Si quieres dime que me vaya, pero no me mientas. Tal vez solo te hayas caído y te has hecho daño en un pie y por eso estás así. Vamos no te avergüences, es normal. Yo me tropiezo mucho, soy como un pingüino con los cordones atados. A ver dime, ¿Dónde te duele?

[Tal vez fuera la tontería, el tono de voz o el tequila, pero lo cierto es que ella sonrió y por unos segundos dejó de llorar.]

No me he caído. O bueno sí, pero no literalmente simplemente… Bah, es igual.

-- Venga, termina, no me dejes la historia a medias. Pero ven, sentémosno en este banco que el suelo está demasiado duro.

Me siento sola. Soy una infeliz. Llevo buscando no sé cuanto tiempo a una persona que no existe. Ni siquiera es que me hayan abandonado, nunca he tenido alguien al lado. Echo de menos algo que nunca tuve, que ni siquiera toqué. Necesito alguien que me quiera, necesito alguien que me bese con ternura. Que quiera verme todos los días. Que no se avergüence de mi y me vea bonita recién me levante. No, no soy feliz. Necesito alguien con quien planear mis días, que me controle mientras me suelta cuerda. Deseo alguien que venga a buscarme a casa para llevarme a cenar a un restaurante bello. Que se meta entre mis sábanas cada noche como si fuera la primera vez.
Que me despida con un beso y me reciba con dos. Quiero caricias, que las yemas de sus dedos rocen mi cara y mi cuerpo. Que no le importe ir a verme de madrugada si le necesito. Que duerma conmigo. Que llore por mi. Que no le importe verme comer con las manos y le guste jugar a mancharme la ropa.
Le necesito para que me eche en falta cuando yo no esté y me pida perdón cuando se equivoque. Que acepte mis disculpas y me abrace para hacerme sentir protegida.
¿Es tan difícil? ¿De verdad estoy pidiendo demasiado?


-- Depende de lo que tú des a cambio de todo lo que pides.

¿Cómo dices?

-- Si pudiera darte compañía, aquella que echas en falta. Si pudiera besarte con esa ternura que deseas. Si te quisiera y muriera por cada día que no te veo. Si además te ofreciera que no solo no me avergonzaré de ti, me sentiré orgulloso de tenerte a mi lado. No planearé nuestros días; a cambio, dejaré que los vivamos tal y como surjan. Iré a buscarte a casa y no te llevaré a un restaurante sino que cocinaré para ti con todo el amor y cariño que mis manos puedan permitirme. Me colaré entre tus sábanas cada noche, como si fuera la última. Dormiré junto a ti y lloraré contigo. Tus problemas, serán los míos y jamás caminarás sola.
Te echaré en falta aún estando sentada junto a mi, como esta noche. No necesitaré pedirte perdón porque jamás te fallaré ni tú me lo pedirás a mí, porque no lo precisaré.
Me despertaré de madrugada, dejaré el trabajo y cualquier menester que tuviera entre manos si me necesitas sin pedirte más explicaciones que un “me haces falta”. Te daré besos cuando nos separemos, pero de ningún modo me despediré de ti y te recibiré entre mis brazos, los cuales te protegerán de todo aquello que te aceche.
Mis dedos se perderán entre tu pelo y mi piel rozará con la tuya hasta el punto de no saber cual es la de cada uno.
Te veré tan bonita por dentro que olvidaré lo bella que eres.
Te vestiré con mi cariño, mi comprensión y mi querer y mi tiempo será tu carruaje.
Tendrás todo ello y más. Te obsequiaré con mi corazón pero dime, ¿puedes darme tú algo?

Te daré mi vida…

martes, 24 de agosto de 2010

miércoles, 18 de agosto de 2010

Ha amanecido

-- ¿Una noche dura?

La peor…
 
-- No digas eso… Mañana será peor, créeme.


 
-- Sí, no me mires así. No te sorprendas y acéptalo. Lo peor no es cuando sangras… Lo más doloroso es cuando sabes que te han herido y empieza a cicatrizar pero dime, ¿qué te ha ocurrido? Seguro que puedo ayudarte.

¿Ayudarme? No… Nadie puede, ni si quiera usted.
 
-- Si es la primera vez que te ocurre este mal, ¿cómo lo sabes? Al menos cuéntame que te pasa y que luego Dios juzgue si puedo ayudarte o no.

Esta noche no me pasó nada. Ni siquiera fue ayer y, en realidad, no recuerdo cuando fue. Seguramente hace tiempo ya pero mi dolor es de hoy. Hoy me he dado cuenta de lo que me hirió y es ahora cuando estoy viendo esta llaga. Hoy he aceptado lo que ya no tengo. Sobre lo que ya no puedo decidir y para quien ya no soy ni la más remota decepción. Ella ya no está. Mi razón, mi ilusión, mi querer, mi tristeza y mi alegría. Mis bocados en el cuello, mis caricias en la espalda. Mis abrazos de perdón, mis miradas de petición. Mi alma en un colchón, mi querer en un paseo…
… Se fue sin avisar o quizás si lo hiciera; el caso es que yo no lo vi, o no quise verlo. Por mi culpa, bien lo sabe Dios. Al menos eso me dijeron sus ojos la última vez que la vi. Creo que fue lo que escupieron sus labios cuando ese teléfono nos sirvió de puente.
No… Ya no está… Y ahora lo he asimilado, ahora me lo creo. Y es hoy, esta noche, cuando me está haciendo daño. Me quema, me está destrozando la vida. ¿Porqué? ¿Porqué se fue sin pedirme permiso? ¿Acaso no tenemos derecho todos a ser felices?

-- Pero ella también lo tenía ¿no crees?

Sí, ¿pero porqué a costa de mi ser? Se ha llevado mi vida por delante y no ha dejado nada a cambio. No ha dado oportunidad, no ha ofrecido ningún otro camino más que el del dolor, la soledad y la amargura. ¿Porqué he de callarme? ¿Tengo que apretar los dientes, dar media vuelta y continuar como si aquí no hubiera pasado nada? No es justo. Le di todo. Intenté ofrecerle hasta lo que me escaseaba. He dedicado mi mente y mis pensamientos a su cuerpo, a dibujarla cada noche cuando no estaba a mi lado.
He centrado mis emociones en dedicarle mis mejores minutos, mis caricias más cálidas. Incluso he llorado por ella cuando estaba, para que conmigo, pudiera sonreír.
No veo nada. Ningún mañana diferente al de hoy. Me aprieta el estómago, me llora el corazón. Mi cabeza va a explotar. Todo por alguien que en este mundo no es más que un punto insignificante al que nadie mirará con mejores ojos que yo. La he aceptado con sus defectos, la he querido por sus virtudes y la he amado por como vive. No le puse pegas, no le grité, jamás le levanté la mano y sin embargo míreme, aquí me dejó: solo. Aunque fue hace tiempo ya… es curioso, es hoy, esta noche, junto a usted, un desconocido, cuando me he dado cuenta. 

-- Eso es porque ya lo has superado. Tú dolor viene de atrás, porque no lo sufriste en su momento, cuando debiste. Te lo guardaste, creías que podías con él y lo despreciaste. Y ahora pasado el tiempo, las experiencias y las personas, tu mente ya no necesita de aquello y ha bajado la guardia. Y el daño ha salido y como no eres un Dios te ha mordido, te ha atacado y es eso lo que te está doliendo. Pero tranquilo será como una contusión. Mañana te despertarás y en frío te dolerá más; casi no te podrás mover pero en un par de días de descanso y suaves masajes, el dolor se irá. Se irá, para no volver. Porque ya luchaste contra ello y venciste. Sino dime, ¿no ves donde estás? ¿no adviertes las personas que tienes alrededor?
Ella te dio el mejor regalo que nadie pudo darte: te dio otra oportunidad. La de empezar de nuevo con todo lo aprendido hasta ahora. Te dejo solo para que encontraras la compañía en alguien mejor. Te obsequió con la amargura para cuando seas feliz sepas apreciarlo realmente. Y te clavó su puñal para que sufrieras y aprendieras que no todas las personas son perfectas, que hasta aquella a la que idolatramos puede equivocarse. Y así puedas vivir realmente con los pies en la tierra mientras tienes tus ojos en las nubes.
Tal vez su mensaje no fue escrito con las mejores de las letras, pero no es menos cierto que ahora que empiezas a verlo, entenderás que fue la mejor de las cartas. Ahora eres libre. Ahora tú decides. Ahora eres tú y el mundo, sin un tercero condicionante.
Mañana te dolerá más porque mirarás atrás y verás que esa vida que tanto amaste ya no está y que como el recién nacido que al darle la palmada lloras, porque te extraña todo, es nuevo para ti.
Vamos, levántate y vete a casa, te espera tu vida.


Puede que tenga razón. Pero dígame una cosa, ¿Cómo usted, sin conocerme de nada más que de esta noche fría y tormentosa sabe tanto sobre mi? ¿Cómo ha sabido que decirme?

-- Veo que no te acuerdas, que olvidamos pronto. Hace tiempo, mucho para algunos, poco para otros, me pediste que te buscara y que cuando llegara este momento te lo recordara. Me rogaste que por favor te abriera los ojos para no volver a caer y entonces…

¿Entonces?

-- Abre los ojos, ha amanecido.

Una de teatro

Vamos a representar una obra, puede que sea larga, o puede que sea corta. Los actores serán numerosos, algunos se verán, otros no serán más que figurantes que no tendrán el derecho a ser mencionados. Aquí no hay buenos, ni malos. No hay vencedores ni vencidos. Esta obra no tendrá final feliz, como no tendrá principio trágico.
No va a ir cronológicamente ordenada. No seguirá un guión así que el lector puede marearse. En tal caso pare, y vuelva a leer. Pero no se ofusque, pues seguir un precepto no cambiará en nada la historia.
Solo será una narración vista desde los ojos de este garante. No teniendo que ser la verdad absoluta pero tampoco se alejará demasiado a la realidad común. Simplemente es una opinión general vista con un rasero particular.
Pongamos una ciudad, por ejemplo: Madrid.
Una ciudad con millones de personas correteando de un lado a otro. Desgastando el suelo a cada pisada, comprando y gastando miles de euros. Riendo, llorando a cada esquina. Madrid te da y te quita. Lo que tienes hoy, no lo tendrás mañana y lo que te escamoteó ayer te lo devolverá pasado.
Tendrás todo lo que quieras servido en la mejor copa. A la hora que desees y acompañado de quien anhelas.
Ahora pongamos un par de barrios: Latina, Hortaleza, Sol o Chueca.
Chueca… Lugar de luces, cuero ajustado y perversión disfrazada de inocencia.
Si eres una persona libre de prejuicios con ganas de divertirte, reír y conocer gente agradable sin tabús, sin ganas de prejuzgar a nadie por como viste, por como habla o por como es.. Éste es tu sitio. No te arrepentirás. Yo no lo hice a pesar de lo que puedan decir algunos. Me lo pasé en grande y no vi daño en ninguna parte.
Cambiemos de acto: el trabajo.
Este cronista tiene la suerte de hacer lo que más le gusta en el lugar que prefiere. Pone su granito de arena a que haya un mundo mejor aunque la mayoría no lo vea así. A muchos les duele que yo junto al resto de los míos estemos ahí las 24 horas del día, los 365 días del año. Y no somos bien recibido por muchos pero elogiados y queridos por poco.
Éste que habla ha empezado a vivir cada día los 5 peores minutos de la vida de los demás. Como también ha visto a un hombre abrazarse a sus hijos entre lágrimas, después de mucho esperar. La vida ya no es llegar a casa y tener el plato caliente sobre la mesa bajo la seguridad de tu techo. Esto es así. Y a este que te entretiene, le encanta.
Volvamos a la metrópolis, al ocio. Caminemos junto al Oso y el Madroño. Paseemos entre las decenas de tiendas. Paremos junto al reloj. Esto es Sol.
¿Tienes hambre? Volvamos donde casi cada día y pidamos una caña y él un tinto. Comamos a gusto, riamos mejor.
Ahora caminemos y vayamos a un sitio de esto que tanto nos gusta a cualquiera de nosotros… Pongamos como ejemplo Joy Eslava Madrid.
Y aquí entran en juego los personajes. Hoy en día, en este mundo de lo superficial, lo bonito y lo perfecto, la gran mayoría no es nadie. No pinta ni cincela nada. Si no tienes esa característica que el tiempo se encarga de destrozar, no eres nadie.
Llamémosla belleza.
No le hablo de que no tenga una décima parte; le hablo de que no tenga esa cantidad que este mundo exige para devolverte la sonrisa. Le hablo de tener hambre y no poder comer. Le hablo de tener que pedir un vaso de agua y se lo de nieguen.
Si usted, como yo, está hecho de la pasta de los mortales, de los corrientes, de los que disfrutan cada poco que tienen, me estará dando la razón.
Basta dirigir la mirada a la pista, al palco o al reservado. Allí verá al otro grupo de actores, minoría por otra parte, actuando. Haciendo valer su papel y su buen quehacer para engatusar. Para representar la mejor de las obras y la más difícil de representar: el engaño.
Y su público cae rendida entre aplausos y silbidos pues creen que esa obra que están viendo es solo para ellas. Que nadie más tendrá el derecho y el placer de verla. Pero basta que esperes unos minutos y dirijas tu mirada hacia otro lado y allí los verás: de nuevo representando la misma representación [valga la redundancia] con las mismas sonrisas, las mismas promesas que caerán al vacío y las mismas miradas que intentan llegar al alma. Pero ¡OH! Sorpresa, el público es otro.
Otro diferente pero igual de estúpido e inocente. O tal vez mazocas, o quizás peores que ellos. El caso es que usted y yo seguimos a lo nuestro, nos contentamos con nuestros momentos de risa, de intentar pero no llegar. ¿Resignación? No. Le seré sincero:
En otro momento y lugar, en otra vida, tras otros pasos diría que envidio a estos personajes. Sí, no me costaría reconocerlo. Envidiaría esa vida, esos momentos, esos cuerpos que tocan y esos ratos que pasan.
Pero querido lector, transeúnte que pasaba por aquí y se detuvo, querido amigo: Yo no soy un idiota. No soy un muñeco de plástico vacío sin más aspiraciones que brillar ante el espejo. Por suerte en su día viví mis momentos; también tuve una audiencia bella, de las más bellas que jamás podrá encontrar por cualquier acera.
Y se fue, como se irá su belleza tras el paso del tiempo.
Y aprendí a que no todo lo que reluce es más bello. Que lo bonito engaña. Una sonrisa puede ser bonita pero sus dientes ser falsos. Adoro lo natural, lo que es bonito porque llegó así, sin cambios. Sin malas artes, sin malas intenciones.
Y por eso ahora no les envidio. Porque el teatro que yo represento es pequeño. Lo suficientemente pequeño para que solo puedan pasar el mínimo número posible a verlo: los únicos capaces de apreciar la sinceridad.
Pues en el mío verá a un actor de corte medio, sin nada que destaque sobre el resto. Le verá y le observará corriente. Le verá gritar y enfadarse pero también podrá verle sonreír y abrazar a quien lo necesita, aún después de que le apuñalara.
Podrá ver como se gasta mucho dinero en vicios que todos tenemos y no lleva a ningún lado pero querido amigo, también le verá comprando algo de comida a la hora que amanece para dársela a un caballero que pasaba por allí pidiendo a los viandantes algo para llevarse a la boca. Pues a este actor no le gusta el teatro, aunque trabaje en uno. Él no actúa como el resto. Simplemente ha coincidido que está ahí, en un escenario viviendo su vida mientras el resto le observa.
Y por eso el público es siempre el mismo: porque amigo mío, solo aquellos que conocen de verdad a una persona y la aceptan como es, con sus virtudes, con sus defectos, con sus necesidades y sus sobras, solo ellos podrán admirar la profundidad de su corazón.
Y no les parecerá una obra banal y aburrida. Común y simple.
Se verán reflejados, se sentirán como él. Verán en ese joven bajo los focos a su vida, no su teatro.
Así que amigo, ahora que nos hemos conocido y que ha tenido el detalle de pararse ante mí a escuchar lo que yo tenía que decirle me tomaré la confianza y el placer de invitarle a pasar.
Se lo he dicho, es pequeño, pero siempre hay huecos libres. No le exigiré fianza, no le pediré nada a cambio de la butaca. Nada material, nada carnal. Ni siquiera bonitas palabras, ni que aplauda.
Solo le pediré una cosa cuando entre y se siente: No se quede en silencio. Lo que no le guste, rebátalo pues el actor está abierto a cambios. Disfrute con lo que ve y si le gusta quédese en ese asiento, el cual será suyo para siempre a partir de ese momento.
Sin pedir nada más que su compañía hasta el fin de los días.