miércoles, 18 de agosto de 2010

Ha amanecido

-- ¿Una noche dura?

La peor…
 
-- No digas eso… Mañana será peor, créeme.


 
-- Sí, no me mires así. No te sorprendas y acéptalo. Lo peor no es cuando sangras… Lo más doloroso es cuando sabes que te han herido y empieza a cicatrizar pero dime, ¿qué te ha ocurrido? Seguro que puedo ayudarte.

¿Ayudarme? No… Nadie puede, ni si quiera usted.
 
-- Si es la primera vez que te ocurre este mal, ¿cómo lo sabes? Al menos cuéntame que te pasa y que luego Dios juzgue si puedo ayudarte o no.

Esta noche no me pasó nada. Ni siquiera fue ayer y, en realidad, no recuerdo cuando fue. Seguramente hace tiempo ya pero mi dolor es de hoy. Hoy me he dado cuenta de lo que me hirió y es ahora cuando estoy viendo esta llaga. Hoy he aceptado lo que ya no tengo. Sobre lo que ya no puedo decidir y para quien ya no soy ni la más remota decepción. Ella ya no está. Mi razón, mi ilusión, mi querer, mi tristeza y mi alegría. Mis bocados en el cuello, mis caricias en la espalda. Mis abrazos de perdón, mis miradas de petición. Mi alma en un colchón, mi querer en un paseo…
… Se fue sin avisar o quizás si lo hiciera; el caso es que yo no lo vi, o no quise verlo. Por mi culpa, bien lo sabe Dios. Al menos eso me dijeron sus ojos la última vez que la vi. Creo que fue lo que escupieron sus labios cuando ese teléfono nos sirvió de puente.
No… Ya no está… Y ahora lo he asimilado, ahora me lo creo. Y es hoy, esta noche, cuando me está haciendo daño. Me quema, me está destrozando la vida. ¿Porqué? ¿Porqué se fue sin pedirme permiso? ¿Acaso no tenemos derecho todos a ser felices?

-- Pero ella también lo tenía ¿no crees?

Sí, ¿pero porqué a costa de mi ser? Se ha llevado mi vida por delante y no ha dejado nada a cambio. No ha dado oportunidad, no ha ofrecido ningún otro camino más que el del dolor, la soledad y la amargura. ¿Porqué he de callarme? ¿Tengo que apretar los dientes, dar media vuelta y continuar como si aquí no hubiera pasado nada? No es justo. Le di todo. Intenté ofrecerle hasta lo que me escaseaba. He dedicado mi mente y mis pensamientos a su cuerpo, a dibujarla cada noche cuando no estaba a mi lado.
He centrado mis emociones en dedicarle mis mejores minutos, mis caricias más cálidas. Incluso he llorado por ella cuando estaba, para que conmigo, pudiera sonreír.
No veo nada. Ningún mañana diferente al de hoy. Me aprieta el estómago, me llora el corazón. Mi cabeza va a explotar. Todo por alguien que en este mundo no es más que un punto insignificante al que nadie mirará con mejores ojos que yo. La he aceptado con sus defectos, la he querido por sus virtudes y la he amado por como vive. No le puse pegas, no le grité, jamás le levanté la mano y sin embargo míreme, aquí me dejó: solo. Aunque fue hace tiempo ya… es curioso, es hoy, esta noche, junto a usted, un desconocido, cuando me he dado cuenta. 

-- Eso es porque ya lo has superado. Tú dolor viene de atrás, porque no lo sufriste en su momento, cuando debiste. Te lo guardaste, creías que podías con él y lo despreciaste. Y ahora pasado el tiempo, las experiencias y las personas, tu mente ya no necesita de aquello y ha bajado la guardia. Y el daño ha salido y como no eres un Dios te ha mordido, te ha atacado y es eso lo que te está doliendo. Pero tranquilo será como una contusión. Mañana te despertarás y en frío te dolerá más; casi no te podrás mover pero en un par de días de descanso y suaves masajes, el dolor se irá. Se irá, para no volver. Porque ya luchaste contra ello y venciste. Sino dime, ¿no ves donde estás? ¿no adviertes las personas que tienes alrededor?
Ella te dio el mejor regalo que nadie pudo darte: te dio otra oportunidad. La de empezar de nuevo con todo lo aprendido hasta ahora. Te dejo solo para que encontraras la compañía en alguien mejor. Te obsequió con la amargura para cuando seas feliz sepas apreciarlo realmente. Y te clavó su puñal para que sufrieras y aprendieras que no todas las personas son perfectas, que hasta aquella a la que idolatramos puede equivocarse. Y así puedas vivir realmente con los pies en la tierra mientras tienes tus ojos en las nubes.
Tal vez su mensaje no fue escrito con las mejores de las letras, pero no es menos cierto que ahora que empiezas a verlo, entenderás que fue la mejor de las cartas. Ahora eres libre. Ahora tú decides. Ahora eres tú y el mundo, sin un tercero condicionante.
Mañana te dolerá más porque mirarás atrás y verás que esa vida que tanto amaste ya no está y que como el recién nacido que al darle la palmada lloras, porque te extraña todo, es nuevo para ti.
Vamos, levántate y vete a casa, te espera tu vida.


Puede que tenga razón. Pero dígame una cosa, ¿Cómo usted, sin conocerme de nada más que de esta noche fría y tormentosa sabe tanto sobre mi? ¿Cómo ha sabido que decirme?

-- Veo que no te acuerdas, que olvidamos pronto. Hace tiempo, mucho para algunos, poco para otros, me pediste que te buscara y que cuando llegara este momento te lo recordara. Me rogaste que por favor te abriera los ojos para no volver a caer y entonces…

¿Entonces?

-- Abre los ojos, ha amanecido.

No hay comentarios:

Publicar un comentario