miércoles, 18 de agosto de 2010

7

Siete meses hacían ya.
Siete meses sin verle a él con un cigarro en la boca, a ella riendo o a ellos sobre una toalla.
Siete meses sin escuchar los ladridos de alegría al verme.
Siete meses pasaron desde la última vez que ese olor a sal entraba por mi nariz.
Siete meses, que se dicen pronto, para pensar, analizar y llegar a conclusiones sobre esto o aquello.
Primero en la Meseta, pasando por el Levante para volver al centro y en todo ese tiempo lejos, sin apenas saber de casi nadie más de lo que permite tener conexión a Internet.
Y resulta que después de siete meses a uno le da por volver a casa, a su tierra. Y te das cuenta que muchas cosas han cambiado; nuevos locales, nuevas carreteras e incluso nuevos miembros en el grupo.
Pero lo que no ha cambiado es ese olor a algodón, ese gitano animando para que compres boletos. Ese no parar de música de casetas que se pisan unas a otras.
No ha cambiado esa arena caliente que quema bajo los pies ni esos partidos de fútbol junto al río.
No has cambiado tú, rubio, que sigues siendo el mismo con el corazón más grande que conozco.
No has cambiado tú, morena, tan agradable y risueña como siempre.
No has cambiado tú, bético, ni tú, señorito andaluz.
Como no has cambiado tú, vecino, sustituyéndome de vez en cuando en casa.
Ni tampoco lo hiciste tú, pequeño loco con una flor en el culo, que no me llegarás a los 25.
Ni tú, que aunque tus bucles ya no vea tanto, sigo queriendo como siempre.
Sé que me quedan ciento y la madre por mencionar pero no acabaríamos nunca y mi conclusión después de apenas tres días allí es que crecemos, mejoramos, pero no habéis cambiado.
Seguís siendo los mismos hijos de puta que no se pierden una, que están ahí, bajo el sol de Cádiz disfrutando gota a gota cada momento y que a veces tanto echo de menos desde mi destierro voluntario.
No sé si volverán a pasar siete meses, o nueve o cuatro hasta volver a veros pero mientras llegue ese día pensaré en esa panda que conozco desde antes de nacer.

Cuando esté en la calle disfrutando, cuando esté currando o cuando esté tranquilo en casa pensaré que aunque ahora mi vida esté aquí, junto a mi trabajo, una pequeña parte de mi estará en La Bahía junto a la roca.
Una pequeña parte de la que no podría separarme pues dejaría de ser mi todo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario