jueves, 26 de agosto de 2010

Te daré...

[Llovía, hacía algo de viento y de nuevo era de noche. La ciudad se echaba a dormir a esas horas y pocos eran los que aún aguantaban entre copas. Él paseaba despacio mientras volvía a casa tras otro largo día de trabajo. Pensaba en aquella conversación pero más pensaba en aquel extraño que se la regaló. No estaba seguro de si era un sueño, si había pasado de verdad o es que esa noche tomó algo que no debía.
Pensaba decía, y silbaba a la vez. Estaba tranquilo, feliz y armado de valor para cualquier acontecimiento que pudiera llegarle avisando o de sorpresa. Nada podía bajarle de esa nube de tranquilidad en la que se instauró varias noches atrás. Nada salvo ese sonido que rompió el silencio a esas horas de la madrugada.
Alzó la vista y allí, junto a un banco, que no sobre él, encontró a una joven bañada en lágrimas. Como siempre había hecho, podía haber mirado a otro lado y seguir caminando pero la hora, la noche y la inocencia que desprendía aquella chica le hicieron detenerse a unos metros de ella.]

-- Perdona… [no sabía que decirle], ¿puedo ayudarte?

Déjame, estoy bien, lárgate.

-- No, no lo estás. Si quieres dime que me vaya, pero no me mientas. Tal vez solo te hayas caído y te has hecho daño en un pie y por eso estás así. Vamos no te avergüences, es normal. Yo me tropiezo mucho, soy como un pingüino con los cordones atados. A ver dime, ¿Dónde te duele?

[Tal vez fuera la tontería, el tono de voz o el tequila, pero lo cierto es que ella sonrió y por unos segundos dejó de llorar.]

No me he caído. O bueno sí, pero no literalmente simplemente… Bah, es igual.

-- Venga, termina, no me dejes la historia a medias. Pero ven, sentémosno en este banco que el suelo está demasiado duro.

Me siento sola. Soy una infeliz. Llevo buscando no sé cuanto tiempo a una persona que no existe. Ni siquiera es que me hayan abandonado, nunca he tenido alguien al lado. Echo de menos algo que nunca tuve, que ni siquiera toqué. Necesito alguien que me quiera, necesito alguien que me bese con ternura. Que quiera verme todos los días. Que no se avergüence de mi y me vea bonita recién me levante. No, no soy feliz. Necesito alguien con quien planear mis días, que me controle mientras me suelta cuerda. Deseo alguien que venga a buscarme a casa para llevarme a cenar a un restaurante bello. Que se meta entre mis sábanas cada noche como si fuera la primera vez.
Que me despida con un beso y me reciba con dos. Quiero caricias, que las yemas de sus dedos rocen mi cara y mi cuerpo. Que no le importe ir a verme de madrugada si le necesito. Que duerma conmigo. Que llore por mi. Que no le importe verme comer con las manos y le guste jugar a mancharme la ropa.
Le necesito para que me eche en falta cuando yo no esté y me pida perdón cuando se equivoque. Que acepte mis disculpas y me abrace para hacerme sentir protegida.
¿Es tan difícil? ¿De verdad estoy pidiendo demasiado?


-- Depende de lo que tú des a cambio de todo lo que pides.

¿Cómo dices?

-- Si pudiera darte compañía, aquella que echas en falta. Si pudiera besarte con esa ternura que deseas. Si te quisiera y muriera por cada día que no te veo. Si además te ofreciera que no solo no me avergonzaré de ti, me sentiré orgulloso de tenerte a mi lado. No planearé nuestros días; a cambio, dejaré que los vivamos tal y como surjan. Iré a buscarte a casa y no te llevaré a un restaurante sino que cocinaré para ti con todo el amor y cariño que mis manos puedan permitirme. Me colaré entre tus sábanas cada noche, como si fuera la última. Dormiré junto a ti y lloraré contigo. Tus problemas, serán los míos y jamás caminarás sola.
Te echaré en falta aún estando sentada junto a mi, como esta noche. No necesitaré pedirte perdón porque jamás te fallaré ni tú me lo pedirás a mí, porque no lo precisaré.
Me despertaré de madrugada, dejaré el trabajo y cualquier menester que tuviera entre manos si me necesitas sin pedirte más explicaciones que un “me haces falta”. Te daré besos cuando nos separemos, pero de ningún modo me despediré de ti y te recibiré entre mis brazos, los cuales te protegerán de todo aquello que te aceche.
Mis dedos se perderán entre tu pelo y mi piel rozará con la tuya hasta el punto de no saber cual es la de cada uno.
Te veré tan bonita por dentro que olvidaré lo bella que eres.
Te vestiré con mi cariño, mi comprensión y mi querer y mi tiempo será tu carruaje.
Tendrás todo ello y más. Te obsequiaré con mi corazón pero dime, ¿puedes darme tú algo?

Te daré mi vida…

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