¿Hace cuanto que nos conocemos? Vamos piensa, rápido. Pero no, no contestes. Hablar de años tal vez nos haga viejos. Hablemos mejor de momentos. ¿Cuantos momentos hemos pasado desde que nos conocemos? Yo no soy capaz de contarlos, ¿y tú? Buenos, seguro que no. Malos si, te los digo: tres. No los ha habido más. ¿Y eso porqué? Por el cariño, la amistad, el dia a dia, el necesitarnos cuando hemos sufrido. Y cuando hemos tenido esos tres momentos malos no hemos durado ni cuatro dias enfadados. Si no era uno, era el otro el que llamaba a la puerta.
Por qué te digo esto pensarás... ni yo mismo te sé responder. Simplemente estaba pensando en ti, en mi, y no consigo dormir. Pensaba en nosotros, en lo que no somos y nunca seremos. En lo que nunca te digo cuando estamos cara a cara, cuando vamos al cine, cuando salimos de copas o simplemente cuando charlamos.
Tal vez desde la seguridad que me da una pantalla y un teclado sea capaz de mostrarte lo que siente mi cabeza, que no corazón. No creo en el amor de corazón. Los sentimientos están en la cabeza; odio, amor, cariño, obsesion, y un largo etcétera se encuentran bajo nuestro cabello. No bajo nuestro pecho. Y como cabeza me sobra y ganas no me faltan aquí está este servidor escribiendote, letra a letra lo que piensa.
Eres la segunda de tu familia a la que conoci, pues primero llegó tu hermano y que tanto me ha hecho reir. Aquel chico de ojos claros y cabello fino tímido cuando quiere y extrovertido con sus amigos. Amable, alegre y trabajador que jamás a roto un plato y que si lo rompe, en un pis pas lo arregla quedando incluso mejor. Y tras él, tú. Parecida en carácter a él. Con un aire en la cara, gestos, que me recuerdan a él. Tan parecida en unas cosas y tan diferente en otras muchas.
Te conocí y fuiste mi amiga. Pronto empezamos a congeniar, a pasar horas juntos. Tardes y meriendas. A veces incluso noches con sus peleas de almohadas incluidas. Amable, risueña, loca incluso, agradable, amiga de sus amigos y ni una pizca de rencorosa. En ti no cabe el rencor. Tienes demasiado corazón (si, me contradigo) para odiar a nadie. Sabes pedir perdón cuando te equivocas. Y no necesitas que te pidan perdón para perdonar.
Jamás te vi como nada más que eso, mi amiga. Jamás mis ojos han mirado de forma lasciva o romántica tu cuerpo. Nunca te acaricié sin más intención que animarte, consolarte o abrazarte. Y seguiré haciendolo pues aprendí a diferenciar entre la coherencia y la locura.
Pero no puedo evitar que soy yo el que después de tantos años, a veces, durante un segundo pienso en ti y no veo a mi amiga. Soy yo el que daría mi vida por ti y no se arrepentiría. Que estuve, estoy y estaré siempre para ayudarte, para cogerte en brazos.
No te hablo de amor. Que sé yo que es esa palabra. No te voy a hablar de castillos en el aire. Ni que sin ti moriría. Puedo sobrevivir a ello, como he hecho siempre. No te diré que muero por tus labios ni que cuando te veo el mundo se me para. No, no creo en esas cosas.
Creo en el cariño. Creo en el bienestar que me produce hablar contigo. Pasar el tiempo contigo. Contigo me rio, me divierto y olvido mis penas. Como ahogarme en un mar de vino.
Pero para ti no soy más que tu amigo. Al que conoces desde hace años y que veias a diario. Aquel que tal vez era un amigo especial pero nada más. Ahora no llega a tal, pues un error del pasado hizo que me vieras con peores ojos.
Y seguramente no entenderás esto. Puede que no te pares a leerlo. O puede que si lo haces ni tan siquiera sepas que va para ti. Que la chica de la que hablo eres tú. Y no le darás más importancia. Será un texto más, una parrafada cursi vomitada por un melancolico. Ni si quiera estoy seguro de dártelo a conocer.
Sé que te extrañará, pues por el escenario de mi vida han pasado varias bailarinas. Algunas supieron bailarme mejor y otras peor. Incluso alguna estuvo fija en el cartel.
Pero (y odio las comparaciones) cuando puedes comprarte la casa que te gusta porque tu trabajo, tu bolsillo y tu vida no te da para ello tienes que meterte en una hipoteca de algo menor. Siempre aspirando a la casa de tus sueños pero con los pies en la tierra, sabiendo que la realidad es la que es.
No destaco en nada como otros. No soy demasiado bueno, ni muy amable ni bastante generoso. Jamás tendré el carisma de House, el cuerpo de Hugo Silva, la inteligencia de Reverte o el talento de Bono. No soy el novio perfecto para presentar a unos padres. Ni siquiera al grupo de amigos. Pues no tendré nada por lo que te digan “ey, que bueno es” o que simpatico, que buen tio, etc etc etc.
Si antes lo hacias tú, ahora me pregunto yo para qué te lo cuento. Que más dará que te quiera a ti, a ella o aquella. Si la historia es siempre la misma. Tú en tu casa, con tu vida. Y yo con la mia, acompañandote como muchos otros pero sin estar en ella. ¿Y porqué? No sé, tal vez por todo lo anterior.
Que digo tal vez. Seguro. Tú te mereces un principe a un dentista cantaba un moreno de pelo largo y voz gitana. Y en este caso que hoy nos ocupa no le falta razón. Pues soy lo más diferente a un principe. Incluso lo más diferente a un dentista. No sé que soy, donde voy ni a donde voy a llegar. No sé hasta donde puedo aspirar. Si tal vez aspire demasiado hablandote en plata o ya me pasé.
No soy valiente, seductor, galán ni cumplidor. Y por donde paso, las chicas no se vuelven a mirarme. Sí tengo espiritu de sacrificio, sé sufrir y jamás me rindo. Pero tú no buscas eso en un chico.
Si te soy sincero no sé que buscas o qué esperas encontrar en un chico. ¿Tal vez lo tipico que soltais todas de que os hagan reir y os cuiden? Si, y luego os vais con los golfos. Os vais con los fiesteros que ahora te dan cuatro mimos pero cuando se aburran, te darán la patada. Y dirás que no volverás a caer, que fuera hombres. Pero volverás a lo mismo.
Y luego otros, que no vamos con la cabeza alta con chuleria ni jamás te gritariamos ni te dejariamos sola, nos la comemos con arroz. Si, nos quedamos ahí. A las puertas. A unas puertas que nunca me atrevo a tocar. Unas puertas que jamás se abrirán para mi. Porque tú nunca me darás las llaves, si quiera la dejarás entre abierta, para ver que pasa.
Para mi está la puerta de atrás. La de los paseos. Las noches de cine o discoteca. La puerta de llantos y consolación. De chistes, de risas.
Pero no la puerta de besos, de caricias, de que pienses en mi como tu chico. Esa está reservada a otros más perfectos. A chicos guapos, altos, maravillosos y estupendos. A esos que tal vez nunca sean capaz de valorar lo que realmente vales y te mereces.
No desprecio tu amistad. Al contrario, la valoro como la más importante que ha podido pasar por mi vida. No quisiera perderla jamás. Prefiero 100 años de tu amistad que 1 año de tu vida.
Pero lo cortés no quita lo valiente.
Y las personas siempre solemos querer más. Por alto que lleguemos siempre buscamos escalar un poquito más. Nunca nos satisface suficiente lo que tenemos. Y es lo que me ocurre. Contigo quiero más. Lo quiero todo.
Quiero probarte, ver hasta donde somos capaces de llegar. Si lo que tengo en mente es solo una ilusión o puede ser algo real. Siempre vivi de esperanzas. Para todo. Cuando he conseguido algo ha sido por el esfuerzo, la lucha dia a dia y porqué no decirlo, un poco de suerte.
Cierto es que no conseguí muchas cosas. Pero todo lo que consegui, me siento orgulloso por ello. Y tal vez por cabezoneria, que cabezón soy un rato, seguiré tras de ti. Aunque no llame a tu puerta, estaré en el umbral. Aunque no te llame, tendré el móvil entre las manos. Aunque no te hable y te sea sincero, te estaré mirando, mientras tus ojos ocupan otros menesteres.
Mientras sigamos asi, con nuestras vidas, nuestros quehaceres y demás situaciones que nos ocupen el tiempo no dependeré de ti. No suspiraré por ti ni lloraré por las noches. No desearé como un loco verte a cada instante.
Pero si estaré ahí, aguardándote, esperando que un dia, como tantos otros, me veas como algo diferente. Como un posible “más que eso” y por supuesto ilusión.
Aunque eso es harina de otro costal y muy a mi pesar ese dia no lo verán mis ojos. Pero tal vez sea lo mejor. No para mi, pero si para ti. Pues te mereces algo más que un loco, un perro que solo muerde a quien le da de comer y no sabe cuidar a lo bueno que tiene a su alrededor. Y acabarías sufriendolo en tu piel.
Si, mejor, olvida esto que te he escrito. Olvida cada palabra, cada sílaba y cada letra. Olvida que te he dicho que estoy completamente enamorado de ti desde hace mucho. Olvida que te echo de menos sin haberte tenido. Olvida todo cuanto he dicho. Olvida incluso lo que aún no te dije y jamás haré pues nunca me despertaré a tu lado. Nunca sentiré el calor de tu piel bajo unas sábanas ni oiré tu risa al hacerte cosquillas en el vientre.
Yo sueño con saber que produce un mordisco tuyo en mi cuello. Pero tú esa posibilidad ni siquiera la has pensado.
Asi que, ahorrátelo. Jamás te escribí esto.
No hay comentarios:
Publicar un comentario