[Ha empezado a llorar el invierno y ya se avistan los primeros tejados blancos y fríos. Cada mota de nieve se queda en la punta de la nariz, derritiéndose con el calor de la carne. El paisaje es bello, de postal.
Y él está allí, sentado en su banco, como casi siempre. Pensando en no sabe muy bien el qué o quién. Con la mirada perdida contando la nieve caer. Mientras la gente pasa por delante de él, no ve a nadie. Solo la nieve, buscando las razones que le han hecho estar allí.]
-- Buenas tardes. Aunque más que buenas, frías, ¿no estás de acuerdo?
[La voz le era familiar. En seguida se dio cuenta de que la había escuchado hace algo más que un par de meses atrás. Cálida, paternal y con una melodía lenta que te enganchaba a escucharla. Se giró y no se equivocaba. Era él, otra vez y sin saber cómo le había vuelto a encontrar.]
Pues la verdad es que sí, ya se nota el invierno. Pero me gusta, me aísla un poco de todo. ¿Quieres sentarte o estás de paso?
-- Ya que invitas, me sentaré un rato. No me vendrá mal algo de conversación humana… Y creo que a ti tampoco.
…
-- Si no quieres no me lo cuentes. Nos limitaremos a mirar al infinito durante unos minutos y luego me iré. Pero soy todo oídos amigo.
[Realmente no quería compañía en ese momento, daría todas sus extremidades por existir solo en el mundo pero aún así una pequeña parte de él daba gracias al cielo por su llegada. Explotaría si no.]
Nunca he sido el hijo perfecto. Tampoco soy el mejor amante. Y en un grupo de amigos no doy la nota. Sinceramente no destaco para bien, pero tampoco lo hago para mal. Soy normal. Como creo que eres tú y lo es la señora que está paseando el perro al otro lado de la calle. Pero me considero responsable, con la ética y moral suficiente para verme buena persona. Trabajador y luchador hasta que me exhausto. Por la gente que quiero intento darlo todo. Me ofrezco, ayudo. Intento estar pendiente de ello.
Cuando trabajo me dedico al 100 %, sea la hora que sea. Aunque vengan mal dadas. Aunque otros te pisen o te intenten contagiar con su indolencia. Procuro dar una sonrisa a todo el que me cruzo. A todo aquel que me solicita ayuda o simplemente tiene algo que le ronda la cabeza y necesita aclaración.
Cuando estoy trabajando dedico mi vida a ello, aunque a veces no salgan las cosas bien y otras muchas nadie te lo agradezca.
Cuando no estoy en ello, cuando estoy viviendo, intento disfrutar de manera humana. Sin sobresaltos que afecten a mi bienestar y al de los míos. Procuro no perjudicar a quien tengo alrededor.
Y a cambio no tengo más que malas palabras del destino. Me escupe a la cara mientras se ríe. Me aparta gente de mi vida, sin ofrecer excusa. Me ofrece desengaños sin aceptar un no y me deja bañándome en la impotencia y la rabia.
Cuando llego a casa no puedo más que sentirme imbécil. Inútil. Como si después de 23 horas de esfuerzo y partirme los cuernos en la última, todo lo construido se fuera por donde amargan los pepinos.
Toda satisfacción personal es por propia iniciativa. Es puro placer ficticio. Simplemente interior. O porque yo lo compro. Porque yo me lo dedico y me doy el capricho.
La casa sigue vacía. El teléfono no suena. Y las sábanas continúan frías.
¿Mi apoyo? Un jodido paseo bajo el frío de esta ciudad en la que no importas a nadie. Que te da y te quita según le place.
Dime, ¿a quien reclamo? Y no te hablo de felicidad. Qué sé yo lo que es sentir eso, porque en ningún diccionario lo pone.
Pero, ¿y un poco de gratitud? ¿Un poco de alegría gratuita? Placer ya tengo. Eso se consigue con un par de monedas y tiempo libre.
Porque cuando paso un tramo del camino lleno de arbustos al poco me aparece otro lleno de piedras.
Me levanto y me vuelto a levantar. Pero a veces cansa. También gusta de disfrutar un poco de constancia. No tragar polvo y arena a cada decisión.
Realmente no es grave, por eso no pido tanto. Creo que todos merecemos un poco más de lo que nos dan. Y lo reconozco, a veces la envidia me quema viendo como otros tienen lo que quieren y más, sin demasiado esfuerzo. Incluso después de mostrar su verdadera cara, la vida les sigue sonriendo. Como si la desgracia ya tuviera una cabeza de turco, pasando de ellos.
[Después de su verborrea se quedaron unos minutos en silencio. Seguía cayendo la nieve en la ciudad, no había tregua. Hasta que al fin, el viejo habló].
-- Vaya… Parece que de verdad el Sr. Invierno ha llegado de sus vacaciones. Esperemos que este año no venga con ganas. Mis huesos ya tienen demasiados años para lidiar con él.
Pues si que realmente eres todo oídos, pero llenos de cera.
-- No te hagas el listo conmigo joven. Te he escuchado atentamente cada sílaba que se ha ido por tu boca. ¿Pero qué quieres que te diga? Nadie elige nacer. Ni elige a sus padres. Ni el hospital donde nace. No elegimos a nuestros amigos. Ni podemos elegir a nuestra pareja. No elegimos nuestros gustos por los colores o los sabores. Nadie nos da opción a que nuestra genética salga hecha para un deporte. O nuestro talento se enfoque a un arte.
A cambio, podemos elegir que estudio escoger, que trabajo realizar. Podemos elegir qué libro leer antes de acostarnos. O podemos escoger entre un grupo de canciones para escuchar mientras paseamos. Podemos elegir en qué tienda de ropa entrar primero. O qué película ver con los amigos que nos vienen dados. A veces incluso podemos elegir una ciudad en la que vivir. Una casa que alquilar o un reloj que comprar.
Podemos elegir si cenar en casa o fuera. Pero no podremos elegir qué gusta a nuestro paladar. Por lo que cocinaremos en función de ello. Como nuestra ropa irá acorde a nuestros gustos de colores.
Al igual que amaremos a quien hace que nuestro corazón estalle al verla. Reiremos con los amigos que la casualidad y una clase nos brindó. También trabajaremos codo con codo con los compañeros obligados que nos dio la opción de elegir ese trabajo. Y amaremos sin darnos cuenta a esos padres que nos vieron nacer. Que tú no elegiste, pero que ellos te eligieron a ti.
He llegado a mi edad porque aprendí a hacer esas diferencias. A luchar cada día. Y aceptar lo que me viene tal como es, o puliéndolo para poder aceptarlo.
Las cosas pasan porque hacemos que pasen. Tú eliges una acción y puedes esperar un resultado, que no siempre será el bueno.
Aprende a aceptarlo. La vida te está dando una lección que no todos tienen la suerte de aprender pronto. Otros tardan años en poder aprenderla y luego casi ni tienen tiempo en llevarla a cabo.
¿Te caes? Levántate. ¿No te dan las gracias? Dátelas tú. ¿No te llama? Llama a otro y cuéntaselo. Si no te espera nadie en casa, no esperes tú en la puerta de nadie.
¿Algo roto? Repáralo. ¿Tus sábanas están frías? Otras también lo están, es cuestión de tiempo que os pongáis de acuerdo. Ya llegará.
Tal vez no recibas una palmada en la espalda, o un abrazo. Pero ten por seguro que lo hiciste bien y que gracias a ello, alguien dormirá tranquilo y en paz esa noche.
¿Ves mis arrugas? Están marcadas por los años y las experiencias. Y bien sabe Dios que nunca fui un santo ni devoto. Pero no es menos cierto que aprendí que no podemos tener todo cuando queremos. Que la felicidad viene con cuenta gotas. Y yo vacié mi vida en un torrente. Por eso cuando me deba tocar las puertas del Cielo, San Pedro me abrirá sin pedirme explicaciones.
Nunca he tenido que rendir cuentas a nadie porque hice todo según me dictaba el corazón. Aunque no recibiera premio alguno. Aunque las gracias fueran con boca pequeña.
Vive sin tener que dar cuentas. Si te equivocas puedes volver atrás y arreglarlo. No llores cuando te vengan mal dadas o te deshidratarás.
Convierte tu rabia e impotencia en fuerza y coraje. Y pronto te llegará. Un buen amigo que te escuche. Una persona que te cuide y te espere con las sábanas cálidas…
Pero no dejes a un lado tus costumbres. Coge tiempo para ti, como hoy, para venirte a tu banco. Para pasear bajo el frío, la lluvia o la nieve. Revuélcate en el fango de vez en cuando pero luego date una ducha de tranquilidad y amor propia. Es esencial confiar en la capacidad de cada uno.
Siéntete útil con cada acto.
…
-- [Suspiró]… Resulta que tengo los oídos más limpios de lo que quieres creer.
Pues sí querido viejo. Entonces, ¿qué hago?
Hazte viejo con los años, no con el daño…
lunes, 29 de noviembre de 2010
viernes, 10 de septiembre de 2010
Oportunidad.
[La conversación que tuvieron noches antes parecía no haberle convencido a él. Le sonó simple, con falta de especia. Como si fuera un diálogo entre dos personas que esperan el autobús, a saber; no hay roce, no hay cariño, ninguna intención de dar nada por parte de uno ni esperanza de recibir algo por parte del otro. Simplemente llenan el tiempo con palabras muertas a las que nadie dará más importancia que la que tienen.
Solo que ellos dos no eran desconocidos, pues había años entre ellos. Ni tampoco esperaban el autobús para coger cada uno un camino diferente sino que más bien habían llegado juntos a ese lugar, estaban el uno junto al otro y probablemente se irían acompañándose, unidos al resto.
Por eso no le gustó la conversación o, mejor dicho, no le acabó de convencer. Como a ella pareció no quedarle muy clara. Si él quería decirle esto o más bien se quedó a las puertas de aquello, lo contrario.
Así que la llamó aunque con algo de miedo en la voz y coraje en el corazón, había que dejar todo transparente como el cristal.]
-- Creo que te debo una explicación.
¿Sobre qué? Si no me has hecho nada.
-- Sí, la otra noche, cuando salimos antes de yo irme. Sobre lo que hablamos en el coche.
Creo que eso estaba claro.
-- No te engañes, ni tú me entendiste ni yo hice demasiado porque lo hicieras. Ya sabes lo valiente que soy para todo salvo para sinceramente contigo, en ese momento mi desparpajo se convierte en palabras sueltas, en frases sin acabar. Así que bueno, intentaré coger algo de carrerilla, te explico lo que creo que no entendiste y ya tú lo tomas como quieras. O lo dejas.
Vale… ¿pero no tengo que preocuparme, verdad?
-- No cielo, todo lo contrario. Sabes que nunca te haría ningún mal.
Sí, lo sé.
-- Te pedí una oportunidad, y me preguntaste qué oportunidad. Me dijiste que no creías en el amor, pero si en el cariño. Me dijiste que no estabas en un momento de tu vida para andar con la cabeza en cosas que te vinieran nuevas. Y también me dijiste que no querías ni siquiera probar, por lo que pudiera pasar en tu mente. Pues bien, visto tus argumentos te lanzaré los míos, y tú me dirás si estás de acuerdo:
… Yo tampoco creo en el amor. Una vez no hace mucho creí que sí pero crecemos a pasos agigantados y lo que ayer desconocía hoy soy capaz de dibujarlo con los ojos cerrados. Aprendí (o tal vez, eso creo) a que el amor existe solo para la familia y los actores. La familia y los amigos son los únicos que de verdad te darán amor sin compromiso, sin pedir nada a cambio. Y los actores intentarán imitarlo para recrear una maravillosa y deliciosa historia entre un hombre y una mujer pero ficticia al fin y al cabo. Sin embargo no creo en el amor de hombre y mujer. Entre nosotros hay amistad, de la más bellas que jamás he visto. Pero sé que no existe otro tipo de amor.
Sin embargo, si creo en el cariño que te tengo. Cariño infinito. Si creo en los años que he vivido contigo como también creo que todas las conversaciones que he tenido contigo han sido reales. Estoy seguro que esos besos en la mejilla que siempre te he dado no eran de plástico. Y también creo en que cuando te he visto llorar, tus lágrimas eran sinceras, de dolor o de alegría, pero tan reales que podía limpiarlas con mi pulgar.
Creo en ti como una de las más hermosas personas que conozco, a la que nunca dañaría.
Por eso te pido una oportunidad, como tú bien dijiste, de ver hasta donde podríamos llegar. Si habría algo de lo que tirar, algo que quizás merezca la pena conocer.
No tengo prisa, no te estoy dando un contrato de compromiso y seriedad que firmar hoy. No pretendo eso. Pero si que el cariño que existe sirva de puente, de empujón. Pues nunca se sabe lo que tenemos, lo que perdemos o lo que nunca veremos si no nos lanzamos a ello. Quiero que me des una oportunidad para que me dejes intentarlo. Y que tú lo pruebes, a ver a que sabe.
Bien sabes perfectamente los 100 defectos que tengo y que no te oculto pero también que jamás te daría de lado, ni buscaría nada que no fuera un bien para ti. Que si tiene que salir, seré la persona que más te cuide, que mirará por ti aunque me saquen los ojos. Y que si, a pesar de los intentos, estoy equivocado y no tenemos opción ninguna, seguiré siendo el mismo. Seguiré siendo tu amigo fiel y nunca me iré de tu lado. Seguiré viéndote siempre que podamos, riendo contigo y porqué no, también seguiré enfadándome cuando me saques de quicio.
Quiero servirte de apoyo en momentos como el que estás pasando ahora. Que sepas que esté donde esté sabes que me tienes a una llamada, a un toque de puerta y que nunca renunciaría a ti.
Porque te lo he dicho, no creo en el amor barato de salón como tampoco creo en nada que sea eterno. Pero si creo en lo que siento cuando estoy contigo. Si sé que esa tranquilidad que me das es real. Que nunca había sentido necesidad de ver a nadie más allá de mi familia y sin embargo cuando te cruzas en mi mirada es como un desahogo, como si aquello que necesito vuelve a mi.
Me haces sentir a gusto conmigo mismo y con los que me rodean. Me diviertes, me entretienes con tus conversaciones y bromas sin sentido. Me haces desternillarme de risa y haces que me preocupe cuando estás enferma. Me das la confianza que necesito para contar mis problemas e intentar buscarle una solución o simplemente, lloraría en tu pecho sin avergonzarme, porque me sentiría protegido.
No quiero amor eterno, ni te lo ofrezco. No te prometo una vida entera ni la espero. Soy realista, tengo los pies en el suelo. Lo único que si te ofrezco es mi cariño, el que te tengo. Y te prometo que intentaré hacerlo de la mejor manera posible, poniendo mi empeño y esfuerzo en que salga bien.
No necesito que sea hoy o mañana. No tengo prisa. Tómate tu tiempo para pensarlo, para darle vueltas. Pide opinión o no escuches ninguna, eso va en ti.
Yo voy a seguir siempre aquí, con mi mismo número, mi misma dirección y mi entera disponibilidad. Seré todo lo paciente que necesites.
Niño…
-- Creo que más no puedo explicártelo. ¿Me comprendes ahora?
[Lo siguiente debes decirlo TÚ.]
Solo que ellos dos no eran desconocidos, pues había años entre ellos. Ni tampoco esperaban el autobús para coger cada uno un camino diferente sino que más bien habían llegado juntos a ese lugar, estaban el uno junto al otro y probablemente se irían acompañándose, unidos al resto.
Por eso no le gustó la conversación o, mejor dicho, no le acabó de convencer. Como a ella pareció no quedarle muy clara. Si él quería decirle esto o más bien se quedó a las puertas de aquello, lo contrario.
Así que la llamó aunque con algo de miedo en la voz y coraje en el corazón, había que dejar todo transparente como el cristal.]
-- Creo que te debo una explicación.
¿Sobre qué? Si no me has hecho nada.
-- Sí, la otra noche, cuando salimos antes de yo irme. Sobre lo que hablamos en el coche.
Creo que eso estaba claro.
-- No te engañes, ni tú me entendiste ni yo hice demasiado porque lo hicieras. Ya sabes lo valiente que soy para todo salvo para sinceramente contigo, en ese momento mi desparpajo se convierte en palabras sueltas, en frases sin acabar. Así que bueno, intentaré coger algo de carrerilla, te explico lo que creo que no entendiste y ya tú lo tomas como quieras. O lo dejas.
Vale… ¿pero no tengo que preocuparme, verdad?
-- No cielo, todo lo contrario. Sabes que nunca te haría ningún mal.
Sí, lo sé.
-- Te pedí una oportunidad, y me preguntaste qué oportunidad. Me dijiste que no creías en el amor, pero si en el cariño. Me dijiste que no estabas en un momento de tu vida para andar con la cabeza en cosas que te vinieran nuevas. Y también me dijiste que no querías ni siquiera probar, por lo que pudiera pasar en tu mente. Pues bien, visto tus argumentos te lanzaré los míos, y tú me dirás si estás de acuerdo:
… Yo tampoco creo en el amor. Una vez no hace mucho creí que sí pero crecemos a pasos agigantados y lo que ayer desconocía hoy soy capaz de dibujarlo con los ojos cerrados. Aprendí (o tal vez, eso creo) a que el amor existe solo para la familia y los actores. La familia y los amigos son los únicos que de verdad te darán amor sin compromiso, sin pedir nada a cambio. Y los actores intentarán imitarlo para recrear una maravillosa y deliciosa historia entre un hombre y una mujer pero ficticia al fin y al cabo. Sin embargo no creo en el amor de hombre y mujer. Entre nosotros hay amistad, de la más bellas que jamás he visto. Pero sé que no existe otro tipo de amor.
Sin embargo, si creo en el cariño que te tengo. Cariño infinito. Si creo en los años que he vivido contigo como también creo que todas las conversaciones que he tenido contigo han sido reales. Estoy seguro que esos besos en la mejilla que siempre te he dado no eran de plástico. Y también creo en que cuando te he visto llorar, tus lágrimas eran sinceras, de dolor o de alegría, pero tan reales que podía limpiarlas con mi pulgar.
Creo en ti como una de las más hermosas personas que conozco, a la que nunca dañaría.
Por eso te pido una oportunidad, como tú bien dijiste, de ver hasta donde podríamos llegar. Si habría algo de lo que tirar, algo que quizás merezca la pena conocer.
No tengo prisa, no te estoy dando un contrato de compromiso y seriedad que firmar hoy. No pretendo eso. Pero si que el cariño que existe sirva de puente, de empujón. Pues nunca se sabe lo que tenemos, lo que perdemos o lo que nunca veremos si no nos lanzamos a ello. Quiero que me des una oportunidad para que me dejes intentarlo. Y que tú lo pruebes, a ver a que sabe.
Bien sabes perfectamente los 100 defectos que tengo y que no te oculto pero también que jamás te daría de lado, ni buscaría nada que no fuera un bien para ti. Que si tiene que salir, seré la persona que más te cuide, que mirará por ti aunque me saquen los ojos. Y que si, a pesar de los intentos, estoy equivocado y no tenemos opción ninguna, seguiré siendo el mismo. Seguiré siendo tu amigo fiel y nunca me iré de tu lado. Seguiré viéndote siempre que podamos, riendo contigo y porqué no, también seguiré enfadándome cuando me saques de quicio.
Quiero servirte de apoyo en momentos como el que estás pasando ahora. Que sepas que esté donde esté sabes que me tienes a una llamada, a un toque de puerta y que nunca renunciaría a ti.
Porque te lo he dicho, no creo en el amor barato de salón como tampoco creo en nada que sea eterno. Pero si creo en lo que siento cuando estoy contigo. Si sé que esa tranquilidad que me das es real. Que nunca había sentido necesidad de ver a nadie más allá de mi familia y sin embargo cuando te cruzas en mi mirada es como un desahogo, como si aquello que necesito vuelve a mi.
Me haces sentir a gusto conmigo mismo y con los que me rodean. Me diviertes, me entretienes con tus conversaciones y bromas sin sentido. Me haces desternillarme de risa y haces que me preocupe cuando estás enferma. Me das la confianza que necesito para contar mis problemas e intentar buscarle una solución o simplemente, lloraría en tu pecho sin avergonzarme, porque me sentiría protegido.
No quiero amor eterno, ni te lo ofrezco. No te prometo una vida entera ni la espero. Soy realista, tengo los pies en el suelo. Lo único que si te ofrezco es mi cariño, el que te tengo. Y te prometo que intentaré hacerlo de la mejor manera posible, poniendo mi empeño y esfuerzo en que salga bien.
No necesito que sea hoy o mañana. No tengo prisa. Tómate tu tiempo para pensarlo, para darle vueltas. Pide opinión o no escuches ninguna, eso va en ti.
Yo voy a seguir siempre aquí, con mi mismo número, mi misma dirección y mi entera disponibilidad. Seré todo lo paciente que necesites.
Niño…
-- Creo que más no puedo explicártelo. ¿Me comprendes ahora?
[Lo siguiente debes decirlo TÚ.]
lunes, 30 de agosto de 2010
Te hablo..
-- ¡¡Loco!! [acostumbraba a llamarle así cada vez que se lo encontraba. Era muestra de cariño, de confianza].
-- ¡Oye! No pases de mi.
…
-- ¿Oye…? ¿Me estás escuchando?
[Su semblante cambió, su sonrisa se fue y con ella la luz de sus ojos. Él no estaba para reír en ese momento y ella se estaba dando cuenta. Lo conocía desde hacía años, bastaba mirarle un segundo a los ojos u oírlo respirar para analizarlo y saber lo que necesitaba].
-- Nene… ¿qué te pasa? Cuéntamelo.. [le decía con la voz más dulce que jamás oyó mientras le rodeaba con sus brazos].
Es.. Es ella.. No puedo decir que no puedo más, porque esto no me matará pero sí que me lo está haciendo todo más difícil. La necesito tanto… Conmigo, a mi lado.. La necesito. Tengo un nudo en el estómago que amarraría cualquier barco. Estoy ardiendo y no tengo fiebre y la impotencia me ha hecho preso y ahora no me deja ir. Mírame, aquí estoy, llorándole y ella ni si quiera se da cuenta. Es tanto lo que siento por ella que podría pasarme días describiéndola. Es tanto lo que haría por ella que quizás sería hasta perjudicial para mi…
-- Pero si de eso ya hemos hablado… Me contaste que lo habías superado, que ya quedó atrás y que eras una persona nueva.
¿Superado? Esto no es más que el principio, el de mi final. A más crezco, a más la conozco, más la amo.
-- Cielo… ¿Cómo puedes estar así? Mírate, sentado llorándole a alguien que no te merece. Alguien que te ha robado día, meses… años de tu vida y no te los ha devuelto. Una persona que te engañó con su dulce cara y sus aún más dulces labios. Jugó contigo, te engañó y te hizo sentir pequeño para poder controlarte en la palma de su mano. Bien sabe Dios que te quiero desde que te conozco y que jamás quisiera hacer yo daño, pero debo decirte las cosas como son, tienes que asimilarlo. Ella ya no está, se fue y tú mismo dijiste que lo hizo sin darte nada más a cambio. ¿Crees que ahora se acuerda de ti? ¿De verdad piensas que mientras otro la abraza se acuerda de ti por un solo instante? Eres carne de cañón, sus sobras. No eres más que pasado para ella y eso lo sabe, porque está viviendo su presente, cosa que parece que tú no quieres hacer anclándote en algo que no volverá por más que lo implores.
No es por ella..
-- …Cariño, no te entiendo. Perdóname por lo que te he dicho sabes que mi intención..
Lo sé [mientras le cogía la mano y le sonreía, ya no lloraba], sé que tú intención es protegerme, como siempre ha sido. Pero en esto poco puedes hacer que no hayas hecho ya…
-- Dime qué es.
Yo te hablaba de la persona que lleva ocupando mi cabeza desde antes de conocerla. De ese ideal que todos tenemos y que parece nunca encontramos y que yo puedo ver y tocar cada día. Te hablo de alguien con una belleza tal que ningún pintor sería capaz de reflejar. Alguien que cuando sonríe te hace sentir tranquilo, en paz. Con quien disfruto cada minuto que paso junto a ella. Con quien desearía pasar mis días y vivir mis noches. Te hablo de alguien a la cual amaría cada día con la misma intensidad que el primero, aún habiendo pasado 70 años. Alguien a quien llenar de harina mientras cocinamos y con quien disfrutar de un viaje los dos solos, sin más preocupación que el besarnos mil veces antes de dormir.
Te hablo de alguien a la que regalar mi corazón, mis lágrimas y mis mejores momentos. La abrazaría con mi paciencia y mi compresión deseando no soltarla nunca pues cada segundo que pasara sin verla sería como volver a partir de cero. Pues la amo, la quiero y la deseo de la forma más ardiente que puedas imaginar. Sé que es mi complemento, la que determina mi ser y mi forma de caminar. Sé que es por ella por lo que existo. Que yo no tengo más razones de estar en este mundo que la de cuidarla y hacerla sentir amada.
Te hablo de alguien alegre, de alguien risueña. Espontánea, atrevida, generosa, sensual, bella, querida y admirada, hasta por aquellos que no la conocen porque aquel que la conoce es incapaz de decir una palabra agria sobre ella.
Porque me encandiló son su sonrisa, con su cariño desinteresado y su saber escuchar. Te hablo de alguien que me ha enseñado a querer, aún cuando estaba con otra persona. Sí… aún cuando creía querer a esa que has descrito, pensaba en ella. Me sentía sucio y miserable, pues ella no se merece comparación alguna. Debería ser pura y única y dedicarme en cuerpo y alma solo a ella y yo no lo hacía.
A cambio, he seguido haciendo como si no existiera, como si no la necesitara. Y aquí me ves, llorándole, necesitándola.
Te hablo de quien tiene el poder de darme la felicidad plena. De alguien que puede cambiar mi pasado, mi presente y mostrar el más bello de los futuros.
Te hablo de alguien a quien besaría bajo mis sábanas y acariciaría sobre una playa. Te hablo de ella, la única, mi vida, mi ser, mi niña…
Te hablo de ti..
-- ¡Oye! No pases de mi.
…
-- ¿Oye…? ¿Me estás escuchando?
[Su semblante cambió, su sonrisa se fue y con ella la luz de sus ojos. Él no estaba para reír en ese momento y ella se estaba dando cuenta. Lo conocía desde hacía años, bastaba mirarle un segundo a los ojos u oírlo respirar para analizarlo y saber lo que necesitaba].
-- Nene… ¿qué te pasa? Cuéntamelo.. [le decía con la voz más dulce que jamás oyó mientras le rodeaba con sus brazos].
Es.. Es ella.. No puedo decir que no puedo más, porque esto no me matará pero sí que me lo está haciendo todo más difícil. La necesito tanto… Conmigo, a mi lado.. La necesito. Tengo un nudo en el estómago que amarraría cualquier barco. Estoy ardiendo y no tengo fiebre y la impotencia me ha hecho preso y ahora no me deja ir. Mírame, aquí estoy, llorándole y ella ni si quiera se da cuenta. Es tanto lo que siento por ella que podría pasarme días describiéndola. Es tanto lo que haría por ella que quizás sería hasta perjudicial para mi…
-- Pero si de eso ya hemos hablado… Me contaste que lo habías superado, que ya quedó atrás y que eras una persona nueva.
¿Superado? Esto no es más que el principio, el de mi final. A más crezco, a más la conozco, más la amo.
-- Cielo… ¿Cómo puedes estar así? Mírate, sentado llorándole a alguien que no te merece. Alguien que te ha robado día, meses… años de tu vida y no te los ha devuelto. Una persona que te engañó con su dulce cara y sus aún más dulces labios. Jugó contigo, te engañó y te hizo sentir pequeño para poder controlarte en la palma de su mano. Bien sabe Dios que te quiero desde que te conozco y que jamás quisiera hacer yo daño, pero debo decirte las cosas como son, tienes que asimilarlo. Ella ya no está, se fue y tú mismo dijiste que lo hizo sin darte nada más a cambio. ¿Crees que ahora se acuerda de ti? ¿De verdad piensas que mientras otro la abraza se acuerda de ti por un solo instante? Eres carne de cañón, sus sobras. No eres más que pasado para ella y eso lo sabe, porque está viviendo su presente, cosa que parece que tú no quieres hacer anclándote en algo que no volverá por más que lo implores.
No es por ella..
-- …Cariño, no te entiendo. Perdóname por lo que te he dicho sabes que mi intención..
Lo sé [mientras le cogía la mano y le sonreía, ya no lloraba], sé que tú intención es protegerme, como siempre ha sido. Pero en esto poco puedes hacer que no hayas hecho ya…
-- Dime qué es.
Yo te hablaba de la persona que lleva ocupando mi cabeza desde antes de conocerla. De ese ideal que todos tenemos y que parece nunca encontramos y que yo puedo ver y tocar cada día. Te hablo de alguien con una belleza tal que ningún pintor sería capaz de reflejar. Alguien que cuando sonríe te hace sentir tranquilo, en paz. Con quien disfruto cada minuto que paso junto a ella. Con quien desearía pasar mis días y vivir mis noches. Te hablo de alguien a la cual amaría cada día con la misma intensidad que el primero, aún habiendo pasado 70 años. Alguien a quien llenar de harina mientras cocinamos y con quien disfrutar de un viaje los dos solos, sin más preocupación que el besarnos mil veces antes de dormir.
Te hablo de alguien a la que regalar mi corazón, mis lágrimas y mis mejores momentos. La abrazaría con mi paciencia y mi compresión deseando no soltarla nunca pues cada segundo que pasara sin verla sería como volver a partir de cero. Pues la amo, la quiero y la deseo de la forma más ardiente que puedas imaginar. Sé que es mi complemento, la que determina mi ser y mi forma de caminar. Sé que es por ella por lo que existo. Que yo no tengo más razones de estar en este mundo que la de cuidarla y hacerla sentir amada.
Te hablo de alguien alegre, de alguien risueña. Espontánea, atrevida, generosa, sensual, bella, querida y admirada, hasta por aquellos que no la conocen porque aquel que la conoce es incapaz de decir una palabra agria sobre ella.
Porque me encandiló son su sonrisa, con su cariño desinteresado y su saber escuchar. Te hablo de alguien que me ha enseñado a querer, aún cuando estaba con otra persona. Sí… aún cuando creía querer a esa que has descrito, pensaba en ella. Me sentía sucio y miserable, pues ella no se merece comparación alguna. Debería ser pura y única y dedicarme en cuerpo y alma solo a ella y yo no lo hacía.
A cambio, he seguido haciendo como si no existiera, como si no la necesitara. Y aquí me ves, llorándole, necesitándola.
Te hablo de quien tiene el poder de darme la felicidad plena. De alguien que puede cambiar mi pasado, mi presente y mostrar el más bello de los futuros.
Te hablo de alguien a quien besaría bajo mis sábanas y acariciaría sobre una playa. Te hablo de ella, la única, mi vida, mi ser, mi niña…
Te hablo de ti..
jueves, 26 de agosto de 2010
Te daré...
[Llovía, hacía algo de viento y de nuevo era de noche. La ciudad se echaba a dormir a esas horas y pocos eran los que aún aguantaban entre copas. Él paseaba despacio mientras volvía a casa tras otro largo día de trabajo. Pensaba en aquella conversación pero más pensaba en aquel extraño que se la regaló. No estaba seguro de si era un sueño, si había pasado de verdad o es que esa noche tomó algo que no debía.
Pensaba decía, y silbaba a la vez. Estaba tranquilo, feliz y armado de valor para cualquier acontecimiento que pudiera llegarle avisando o de sorpresa. Nada podía bajarle de esa nube de tranquilidad en la que se instauró varias noches atrás. Nada salvo ese sonido que rompió el silencio a esas horas de la madrugada.
Alzó la vista y allí, junto a un banco, que no sobre él, encontró a una joven bañada en lágrimas. Como siempre había hecho, podía haber mirado a otro lado y seguir caminando pero la hora, la noche y la inocencia que desprendía aquella chica le hicieron detenerse a unos metros de ella.]
-- Perdona… [no sabía que decirle], ¿puedo ayudarte?
Déjame, estoy bien, lárgate.
-- No, no lo estás. Si quieres dime que me vaya, pero no me mientas. Tal vez solo te hayas caído y te has hecho daño en un pie y por eso estás así. Vamos no te avergüences, es normal. Yo me tropiezo mucho, soy como un pingüino con los cordones atados. A ver dime, ¿Dónde te duele?
[Tal vez fuera la tontería, el tono de voz o el tequila, pero lo cierto es que ella sonrió y por unos segundos dejó de llorar.]
No me he caído. O bueno sí, pero no literalmente simplemente… Bah, es igual.
-- Venga, termina, no me dejes la historia a medias. Pero ven, sentémosno en este banco que el suelo está demasiado duro.
Me siento sola. Soy una infeliz. Llevo buscando no sé cuanto tiempo a una persona que no existe. Ni siquiera es que me hayan abandonado, nunca he tenido alguien al lado. Echo de menos algo que nunca tuve, que ni siquiera toqué. Necesito alguien que me quiera, necesito alguien que me bese con ternura. Que quiera verme todos los días. Que no se avergüence de mi y me vea bonita recién me levante. No, no soy feliz. Necesito alguien con quien planear mis días, que me controle mientras me suelta cuerda. Deseo alguien que venga a buscarme a casa para llevarme a cenar a un restaurante bello. Que se meta entre mis sábanas cada noche como si fuera la primera vez.
Que me despida con un beso y me reciba con dos. Quiero caricias, que las yemas de sus dedos rocen mi cara y mi cuerpo. Que no le importe ir a verme de madrugada si le necesito. Que duerma conmigo. Que llore por mi. Que no le importe verme comer con las manos y le guste jugar a mancharme la ropa.
Le necesito para que me eche en falta cuando yo no esté y me pida perdón cuando se equivoque. Que acepte mis disculpas y me abrace para hacerme sentir protegida.
¿Es tan difícil? ¿De verdad estoy pidiendo demasiado?
-- Depende de lo que tú des a cambio de todo lo que pides.
¿Cómo dices?
-- Si pudiera darte compañía, aquella que echas en falta. Si pudiera besarte con esa ternura que deseas. Si te quisiera y muriera por cada día que no te veo. Si además te ofreciera que no solo no me avergonzaré de ti, me sentiré orgulloso de tenerte a mi lado. No planearé nuestros días; a cambio, dejaré que los vivamos tal y como surjan. Iré a buscarte a casa y no te llevaré a un restaurante sino que cocinaré para ti con todo el amor y cariño que mis manos puedan permitirme. Me colaré entre tus sábanas cada noche, como si fuera la última. Dormiré junto a ti y lloraré contigo. Tus problemas, serán los míos y jamás caminarás sola.
Te echaré en falta aún estando sentada junto a mi, como esta noche. No necesitaré pedirte perdón porque jamás te fallaré ni tú me lo pedirás a mí, porque no lo precisaré.
Me despertaré de madrugada, dejaré el trabajo y cualquier menester que tuviera entre manos si me necesitas sin pedirte más explicaciones que un “me haces falta”. Te daré besos cuando nos separemos, pero de ningún modo me despediré de ti y te recibiré entre mis brazos, los cuales te protegerán de todo aquello que te aceche.
Mis dedos se perderán entre tu pelo y mi piel rozará con la tuya hasta el punto de no saber cual es la de cada uno.
Te veré tan bonita por dentro que olvidaré lo bella que eres.
Te vestiré con mi cariño, mi comprensión y mi querer y mi tiempo será tu carruaje.
Tendrás todo ello y más. Te obsequiaré con mi corazón pero dime, ¿puedes darme tú algo?
Te daré mi vida…
Pensaba decía, y silbaba a la vez. Estaba tranquilo, feliz y armado de valor para cualquier acontecimiento que pudiera llegarle avisando o de sorpresa. Nada podía bajarle de esa nube de tranquilidad en la que se instauró varias noches atrás. Nada salvo ese sonido que rompió el silencio a esas horas de la madrugada.
Alzó la vista y allí, junto a un banco, que no sobre él, encontró a una joven bañada en lágrimas. Como siempre había hecho, podía haber mirado a otro lado y seguir caminando pero la hora, la noche y la inocencia que desprendía aquella chica le hicieron detenerse a unos metros de ella.]
-- Perdona… [no sabía que decirle], ¿puedo ayudarte?
Déjame, estoy bien, lárgate.
-- No, no lo estás. Si quieres dime que me vaya, pero no me mientas. Tal vez solo te hayas caído y te has hecho daño en un pie y por eso estás así. Vamos no te avergüences, es normal. Yo me tropiezo mucho, soy como un pingüino con los cordones atados. A ver dime, ¿Dónde te duele?
[Tal vez fuera la tontería, el tono de voz o el tequila, pero lo cierto es que ella sonrió y por unos segundos dejó de llorar.]
No me he caído. O bueno sí, pero no literalmente simplemente… Bah, es igual.
-- Venga, termina, no me dejes la historia a medias. Pero ven, sentémosno en este banco que el suelo está demasiado duro.
Me siento sola. Soy una infeliz. Llevo buscando no sé cuanto tiempo a una persona que no existe. Ni siquiera es que me hayan abandonado, nunca he tenido alguien al lado. Echo de menos algo que nunca tuve, que ni siquiera toqué. Necesito alguien que me quiera, necesito alguien que me bese con ternura. Que quiera verme todos los días. Que no se avergüence de mi y me vea bonita recién me levante. No, no soy feliz. Necesito alguien con quien planear mis días, que me controle mientras me suelta cuerda. Deseo alguien que venga a buscarme a casa para llevarme a cenar a un restaurante bello. Que se meta entre mis sábanas cada noche como si fuera la primera vez.
Que me despida con un beso y me reciba con dos. Quiero caricias, que las yemas de sus dedos rocen mi cara y mi cuerpo. Que no le importe ir a verme de madrugada si le necesito. Que duerma conmigo. Que llore por mi. Que no le importe verme comer con las manos y le guste jugar a mancharme la ropa.
Le necesito para que me eche en falta cuando yo no esté y me pida perdón cuando se equivoque. Que acepte mis disculpas y me abrace para hacerme sentir protegida.
¿Es tan difícil? ¿De verdad estoy pidiendo demasiado?
-- Depende de lo que tú des a cambio de todo lo que pides.
¿Cómo dices?
-- Si pudiera darte compañía, aquella que echas en falta. Si pudiera besarte con esa ternura que deseas. Si te quisiera y muriera por cada día que no te veo. Si además te ofreciera que no solo no me avergonzaré de ti, me sentiré orgulloso de tenerte a mi lado. No planearé nuestros días; a cambio, dejaré que los vivamos tal y como surjan. Iré a buscarte a casa y no te llevaré a un restaurante sino que cocinaré para ti con todo el amor y cariño que mis manos puedan permitirme. Me colaré entre tus sábanas cada noche, como si fuera la última. Dormiré junto a ti y lloraré contigo. Tus problemas, serán los míos y jamás caminarás sola.
Te echaré en falta aún estando sentada junto a mi, como esta noche. No necesitaré pedirte perdón porque jamás te fallaré ni tú me lo pedirás a mí, porque no lo precisaré.
Me despertaré de madrugada, dejaré el trabajo y cualquier menester que tuviera entre manos si me necesitas sin pedirte más explicaciones que un “me haces falta”. Te daré besos cuando nos separemos, pero de ningún modo me despediré de ti y te recibiré entre mis brazos, los cuales te protegerán de todo aquello que te aceche.
Mis dedos se perderán entre tu pelo y mi piel rozará con la tuya hasta el punto de no saber cual es la de cada uno.
Te veré tan bonita por dentro que olvidaré lo bella que eres.
Te vestiré con mi cariño, mi comprensión y mi querer y mi tiempo será tu carruaje.
Tendrás todo ello y más. Te obsequiaré con mi corazón pero dime, ¿puedes darme tú algo?
Te daré mi vida…
miércoles, 18 de agosto de 2010
Ha amanecido
-- ¿Una noche dura?
La peor…
-- No digas eso… Mañana será peor, créeme.
…
-- Sí, no me mires así. No te sorprendas y acéptalo. Lo peor no es cuando sangras… Lo más doloroso es cuando sabes que te han herido y empieza a cicatrizar pero dime, ¿qué te ha ocurrido? Seguro que puedo ayudarte.
¿Ayudarme? No… Nadie puede, ni si quiera usted.
-- Si es la primera vez que te ocurre este mal, ¿cómo lo sabes? Al menos cuéntame que te pasa y que luego Dios juzgue si puedo ayudarte o no.
Esta noche no me pasó nada. Ni siquiera fue ayer y, en realidad, no recuerdo cuando fue. Seguramente hace tiempo ya pero mi dolor es de hoy. Hoy me he dado cuenta de lo que me hirió y es ahora cuando estoy viendo esta llaga. Hoy he aceptado lo que ya no tengo. Sobre lo que ya no puedo decidir y para quien ya no soy ni la más remota decepción. Ella ya no está. Mi razón, mi ilusión, mi querer, mi tristeza y mi alegría. Mis bocados en el cuello, mis caricias en la espalda. Mis abrazos de perdón, mis miradas de petición. Mi alma en un colchón, mi querer en un paseo…
… Se fue sin avisar o quizás si lo hiciera; el caso es que yo no lo vi, o no quise verlo. Por mi culpa, bien lo sabe Dios. Al menos eso me dijeron sus ojos la última vez que la vi. Creo que fue lo que escupieron sus labios cuando ese teléfono nos sirvió de puente.
No… Ya no está… Y ahora lo he asimilado, ahora me lo creo. Y es hoy, esta noche, cuando me está haciendo daño. Me quema, me está destrozando la vida. ¿Porqué? ¿Porqué se fue sin pedirme permiso? ¿Acaso no tenemos derecho todos a ser felices?
-- Pero ella también lo tenía ¿no crees?
Sí, ¿pero porqué a costa de mi ser? Se ha llevado mi vida por delante y no ha dejado nada a cambio. No ha dado oportunidad, no ha ofrecido ningún otro camino más que el del dolor, la soledad y la amargura. ¿Porqué he de callarme? ¿Tengo que apretar los dientes, dar media vuelta y continuar como si aquí no hubiera pasado nada? No es justo. Le di todo. Intenté ofrecerle hasta lo que me escaseaba. He dedicado mi mente y mis pensamientos a su cuerpo, a dibujarla cada noche cuando no estaba a mi lado.
He centrado mis emociones en dedicarle mis mejores minutos, mis caricias más cálidas. Incluso he llorado por ella cuando estaba, para que conmigo, pudiera sonreír.
No veo nada. Ningún mañana diferente al de hoy. Me aprieta el estómago, me llora el corazón. Mi cabeza va a explotar. Todo por alguien que en este mundo no es más que un punto insignificante al que nadie mirará con mejores ojos que yo. La he aceptado con sus defectos, la he querido por sus virtudes y la he amado por como vive. No le puse pegas, no le grité, jamás le levanté la mano y sin embargo míreme, aquí me dejó: solo. Aunque fue hace tiempo ya… es curioso, es hoy, esta noche, junto a usted, un desconocido, cuando me he dado cuenta.
-- Eso es porque ya lo has superado. Tú dolor viene de atrás, porque no lo sufriste en su momento, cuando debiste. Te lo guardaste, creías que podías con él y lo despreciaste. Y ahora pasado el tiempo, las experiencias y las personas, tu mente ya no necesita de aquello y ha bajado la guardia. Y el daño ha salido y como no eres un Dios te ha mordido, te ha atacado y es eso lo que te está doliendo. Pero tranquilo será como una contusión. Mañana te despertarás y en frío te dolerá más; casi no te podrás mover pero en un par de días de descanso y suaves masajes, el dolor se irá. Se irá, para no volver. Porque ya luchaste contra ello y venciste. Sino dime, ¿no ves donde estás? ¿no adviertes las personas que tienes alrededor?
Ella te dio el mejor regalo que nadie pudo darte: te dio otra oportunidad. La de empezar de nuevo con todo lo aprendido hasta ahora. Te dejo solo para que encontraras la compañía en alguien mejor. Te obsequió con la amargura para cuando seas feliz sepas apreciarlo realmente. Y te clavó su puñal para que sufrieras y aprendieras que no todas las personas son perfectas, que hasta aquella a la que idolatramos puede equivocarse. Y así puedas vivir realmente con los pies en la tierra mientras tienes tus ojos en las nubes.
Tal vez su mensaje no fue escrito con las mejores de las letras, pero no es menos cierto que ahora que empiezas a verlo, entenderás que fue la mejor de las cartas. Ahora eres libre. Ahora tú decides. Ahora eres tú y el mundo, sin un tercero condicionante.
Mañana te dolerá más porque mirarás atrás y verás que esa vida que tanto amaste ya no está y que como el recién nacido que al darle la palmada lloras, porque te extraña todo, es nuevo para ti.
Vamos, levántate y vete a casa, te espera tu vida.
Puede que tenga razón. Pero dígame una cosa, ¿Cómo usted, sin conocerme de nada más que de esta noche fría y tormentosa sabe tanto sobre mi? ¿Cómo ha sabido que decirme?
-- Veo que no te acuerdas, que olvidamos pronto. Hace tiempo, mucho para algunos, poco para otros, me pediste que te buscara y que cuando llegara este momento te lo recordara. Me rogaste que por favor te abriera los ojos para no volver a caer y entonces…
¿Entonces?
-- Abre los ojos, ha amanecido.
La peor…
-- No digas eso… Mañana será peor, créeme.
…
-- Sí, no me mires así. No te sorprendas y acéptalo. Lo peor no es cuando sangras… Lo más doloroso es cuando sabes que te han herido y empieza a cicatrizar pero dime, ¿qué te ha ocurrido? Seguro que puedo ayudarte.
¿Ayudarme? No… Nadie puede, ni si quiera usted.
-- Si es la primera vez que te ocurre este mal, ¿cómo lo sabes? Al menos cuéntame que te pasa y que luego Dios juzgue si puedo ayudarte o no.
Esta noche no me pasó nada. Ni siquiera fue ayer y, en realidad, no recuerdo cuando fue. Seguramente hace tiempo ya pero mi dolor es de hoy. Hoy me he dado cuenta de lo que me hirió y es ahora cuando estoy viendo esta llaga. Hoy he aceptado lo que ya no tengo. Sobre lo que ya no puedo decidir y para quien ya no soy ni la más remota decepción. Ella ya no está. Mi razón, mi ilusión, mi querer, mi tristeza y mi alegría. Mis bocados en el cuello, mis caricias en la espalda. Mis abrazos de perdón, mis miradas de petición. Mi alma en un colchón, mi querer en un paseo…
… Se fue sin avisar o quizás si lo hiciera; el caso es que yo no lo vi, o no quise verlo. Por mi culpa, bien lo sabe Dios. Al menos eso me dijeron sus ojos la última vez que la vi. Creo que fue lo que escupieron sus labios cuando ese teléfono nos sirvió de puente.
No… Ya no está… Y ahora lo he asimilado, ahora me lo creo. Y es hoy, esta noche, cuando me está haciendo daño. Me quema, me está destrozando la vida. ¿Porqué? ¿Porqué se fue sin pedirme permiso? ¿Acaso no tenemos derecho todos a ser felices?
-- Pero ella también lo tenía ¿no crees?
Sí, ¿pero porqué a costa de mi ser? Se ha llevado mi vida por delante y no ha dejado nada a cambio. No ha dado oportunidad, no ha ofrecido ningún otro camino más que el del dolor, la soledad y la amargura. ¿Porqué he de callarme? ¿Tengo que apretar los dientes, dar media vuelta y continuar como si aquí no hubiera pasado nada? No es justo. Le di todo. Intenté ofrecerle hasta lo que me escaseaba. He dedicado mi mente y mis pensamientos a su cuerpo, a dibujarla cada noche cuando no estaba a mi lado.
He centrado mis emociones en dedicarle mis mejores minutos, mis caricias más cálidas. Incluso he llorado por ella cuando estaba, para que conmigo, pudiera sonreír.
No veo nada. Ningún mañana diferente al de hoy. Me aprieta el estómago, me llora el corazón. Mi cabeza va a explotar. Todo por alguien que en este mundo no es más que un punto insignificante al que nadie mirará con mejores ojos que yo. La he aceptado con sus defectos, la he querido por sus virtudes y la he amado por como vive. No le puse pegas, no le grité, jamás le levanté la mano y sin embargo míreme, aquí me dejó: solo. Aunque fue hace tiempo ya… es curioso, es hoy, esta noche, junto a usted, un desconocido, cuando me he dado cuenta.
-- Eso es porque ya lo has superado. Tú dolor viene de atrás, porque no lo sufriste en su momento, cuando debiste. Te lo guardaste, creías que podías con él y lo despreciaste. Y ahora pasado el tiempo, las experiencias y las personas, tu mente ya no necesita de aquello y ha bajado la guardia. Y el daño ha salido y como no eres un Dios te ha mordido, te ha atacado y es eso lo que te está doliendo. Pero tranquilo será como una contusión. Mañana te despertarás y en frío te dolerá más; casi no te podrás mover pero en un par de días de descanso y suaves masajes, el dolor se irá. Se irá, para no volver. Porque ya luchaste contra ello y venciste. Sino dime, ¿no ves donde estás? ¿no adviertes las personas que tienes alrededor?
Ella te dio el mejor regalo que nadie pudo darte: te dio otra oportunidad. La de empezar de nuevo con todo lo aprendido hasta ahora. Te dejo solo para que encontraras la compañía en alguien mejor. Te obsequió con la amargura para cuando seas feliz sepas apreciarlo realmente. Y te clavó su puñal para que sufrieras y aprendieras que no todas las personas son perfectas, que hasta aquella a la que idolatramos puede equivocarse. Y así puedas vivir realmente con los pies en la tierra mientras tienes tus ojos en las nubes.
Tal vez su mensaje no fue escrito con las mejores de las letras, pero no es menos cierto que ahora que empiezas a verlo, entenderás que fue la mejor de las cartas. Ahora eres libre. Ahora tú decides. Ahora eres tú y el mundo, sin un tercero condicionante.
Mañana te dolerá más porque mirarás atrás y verás que esa vida que tanto amaste ya no está y que como el recién nacido que al darle la palmada lloras, porque te extraña todo, es nuevo para ti.
Vamos, levántate y vete a casa, te espera tu vida.
Puede que tenga razón. Pero dígame una cosa, ¿Cómo usted, sin conocerme de nada más que de esta noche fría y tormentosa sabe tanto sobre mi? ¿Cómo ha sabido que decirme?
-- Veo que no te acuerdas, que olvidamos pronto. Hace tiempo, mucho para algunos, poco para otros, me pediste que te buscara y que cuando llegara este momento te lo recordara. Me rogaste que por favor te abriera los ojos para no volver a caer y entonces…
¿Entonces?
-- Abre los ojos, ha amanecido.
Una de teatro
Vamos a representar una obra, puede que sea larga, o puede que sea corta. Los actores serán numerosos, algunos se verán, otros no serán más que figurantes que no tendrán el derecho a ser mencionados. Aquí no hay buenos, ni malos. No hay vencedores ni vencidos. Esta obra no tendrá final feliz, como no tendrá principio trágico.
No va a ir cronológicamente ordenada. No seguirá un guión así que el lector puede marearse. En tal caso pare, y vuelva a leer. Pero no se ofusque, pues seguir un precepto no cambiará en nada la historia.
Solo será una narración vista desde los ojos de este garante. No teniendo que ser la verdad absoluta pero tampoco se alejará demasiado a la realidad común. Simplemente es una opinión general vista con un rasero particular.
Pongamos una ciudad, por ejemplo: Madrid.
Una ciudad con millones de personas correteando de un lado a otro. Desgastando el suelo a cada pisada, comprando y gastando miles de euros. Riendo, llorando a cada esquina. Madrid te da y te quita. Lo que tienes hoy, no lo tendrás mañana y lo que te escamoteó ayer te lo devolverá pasado.
Tendrás todo lo que quieras servido en la mejor copa. A la hora que desees y acompañado de quien anhelas.
Ahora pongamos un par de barrios: Latina, Hortaleza, Sol o Chueca.
Chueca… Lugar de luces, cuero ajustado y perversión disfrazada de inocencia.
Si eres una persona libre de prejuicios con ganas de divertirte, reír y conocer gente agradable sin tabús, sin ganas de prejuzgar a nadie por como viste, por como habla o por como es.. Éste es tu sitio. No te arrepentirás. Yo no lo hice a pesar de lo que puedan decir algunos. Me lo pasé en grande y no vi daño en ninguna parte.
Cambiemos de acto: el trabajo.
Este cronista tiene la suerte de hacer lo que más le gusta en el lugar que prefiere. Pone su granito de arena a que haya un mundo mejor aunque la mayoría no lo vea así. A muchos les duele que yo junto al resto de los míos estemos ahí las 24 horas del día, los 365 días del año. Y no somos bien recibido por muchos pero elogiados y queridos por poco.
Éste que habla ha empezado a vivir cada día los 5 peores minutos de la vida de los demás. Como también ha visto a un hombre abrazarse a sus hijos entre lágrimas, después de mucho esperar. La vida ya no es llegar a casa y tener el plato caliente sobre la mesa bajo la seguridad de tu techo. Esto es así. Y a este que te entretiene, le encanta.
Volvamos a la metrópolis, al ocio. Caminemos junto al Oso y el Madroño. Paseemos entre las decenas de tiendas. Paremos junto al reloj. Esto es Sol.
¿Tienes hambre? Volvamos donde casi cada día y pidamos una caña y él un tinto. Comamos a gusto, riamos mejor.
Ahora caminemos y vayamos a un sitio de esto que tanto nos gusta a cualquiera de nosotros… Pongamos como ejemplo Joy Eslava Madrid.
Y aquí entran en juego los personajes. Hoy en día, en este mundo de lo superficial, lo bonito y lo perfecto, la gran mayoría no es nadie. No pinta ni cincela nada. Si no tienes esa característica que el tiempo se encarga de destrozar, no eres nadie.
Llamémosla belleza.
No le hablo de que no tenga una décima parte; le hablo de que no tenga esa cantidad que este mundo exige para devolverte la sonrisa. Le hablo de tener hambre y no poder comer. Le hablo de tener que pedir un vaso de agua y se lo de nieguen.
Si usted, como yo, está hecho de la pasta de los mortales, de los corrientes, de los que disfrutan cada poco que tienen, me estará dando la razón.
Basta dirigir la mirada a la pista, al palco o al reservado. Allí verá al otro grupo de actores, minoría por otra parte, actuando. Haciendo valer su papel y su buen quehacer para engatusar. Para representar la mejor de las obras y la más difícil de representar: el engaño.
Y su público cae rendida entre aplausos y silbidos pues creen que esa obra que están viendo es solo para ellas. Que nadie más tendrá el derecho y el placer de verla. Pero basta que esperes unos minutos y dirijas tu mirada hacia otro lado y allí los verás: de nuevo representando la misma representación [valga la redundancia] con las mismas sonrisas, las mismas promesas que caerán al vacío y las mismas miradas que intentan llegar al alma. Pero ¡OH! Sorpresa, el público es otro.
Otro diferente pero igual de estúpido e inocente. O tal vez mazocas, o quizás peores que ellos. El caso es que usted y yo seguimos a lo nuestro, nos contentamos con nuestros momentos de risa, de intentar pero no llegar. ¿Resignación? No. Le seré sincero:
En otro momento y lugar, en otra vida, tras otros pasos diría que envidio a estos personajes. Sí, no me costaría reconocerlo. Envidiaría esa vida, esos momentos, esos cuerpos que tocan y esos ratos que pasan.
Pero querido lector, transeúnte que pasaba por aquí y se detuvo, querido amigo: Yo no soy un idiota. No soy un muñeco de plástico vacío sin más aspiraciones que brillar ante el espejo. Por suerte en su día viví mis momentos; también tuve una audiencia bella, de las más bellas que jamás podrá encontrar por cualquier acera.
Y se fue, como se irá su belleza tras el paso del tiempo.
Y aprendí a que no todo lo que reluce es más bello. Que lo bonito engaña. Una sonrisa puede ser bonita pero sus dientes ser falsos. Adoro lo natural, lo que es bonito porque llegó así, sin cambios. Sin malas artes, sin malas intenciones.
Y por eso ahora no les envidio. Porque el teatro que yo represento es pequeño. Lo suficientemente pequeño para que solo puedan pasar el mínimo número posible a verlo: los únicos capaces de apreciar la sinceridad.
Pues en el mío verá a un actor de corte medio, sin nada que destaque sobre el resto. Le verá y le observará corriente. Le verá gritar y enfadarse pero también podrá verle sonreír y abrazar a quien lo necesita, aún después de que le apuñalara.
Podrá ver como se gasta mucho dinero en vicios que todos tenemos y no lleva a ningún lado pero querido amigo, también le verá comprando algo de comida a la hora que amanece para dársela a un caballero que pasaba por allí pidiendo a los viandantes algo para llevarse a la boca. Pues a este actor no le gusta el teatro, aunque trabaje en uno. Él no actúa como el resto. Simplemente ha coincidido que está ahí, en un escenario viviendo su vida mientras el resto le observa.
Y por eso el público es siempre el mismo: porque amigo mío, solo aquellos que conocen de verdad a una persona y la aceptan como es, con sus virtudes, con sus defectos, con sus necesidades y sus sobras, solo ellos podrán admirar la profundidad de su corazón.
Y no les parecerá una obra banal y aburrida. Común y simple.
Se verán reflejados, se sentirán como él. Verán en ese joven bajo los focos a su vida, no su teatro.
Así que amigo, ahora que nos hemos conocido y que ha tenido el detalle de pararse ante mí a escuchar lo que yo tenía que decirle me tomaré la confianza y el placer de invitarle a pasar.
Se lo he dicho, es pequeño, pero siempre hay huecos libres. No le exigiré fianza, no le pediré nada a cambio de la butaca. Nada material, nada carnal. Ni siquiera bonitas palabras, ni que aplauda.
Solo le pediré una cosa cuando entre y se siente: No se quede en silencio. Lo que no le guste, rebátalo pues el actor está abierto a cambios. Disfrute con lo que ve y si le gusta quédese en ese asiento, el cual será suyo para siempre a partir de ese momento.
Sin pedir nada más que su compañía hasta el fin de los días.
No va a ir cronológicamente ordenada. No seguirá un guión así que el lector puede marearse. En tal caso pare, y vuelva a leer. Pero no se ofusque, pues seguir un precepto no cambiará en nada la historia.
Solo será una narración vista desde los ojos de este garante. No teniendo que ser la verdad absoluta pero tampoco se alejará demasiado a la realidad común. Simplemente es una opinión general vista con un rasero particular.
Pongamos una ciudad, por ejemplo: Madrid.
Una ciudad con millones de personas correteando de un lado a otro. Desgastando el suelo a cada pisada, comprando y gastando miles de euros. Riendo, llorando a cada esquina. Madrid te da y te quita. Lo que tienes hoy, no lo tendrás mañana y lo que te escamoteó ayer te lo devolverá pasado.
Tendrás todo lo que quieras servido en la mejor copa. A la hora que desees y acompañado de quien anhelas.
Ahora pongamos un par de barrios: Latina, Hortaleza, Sol o Chueca.
Chueca… Lugar de luces, cuero ajustado y perversión disfrazada de inocencia.
Si eres una persona libre de prejuicios con ganas de divertirte, reír y conocer gente agradable sin tabús, sin ganas de prejuzgar a nadie por como viste, por como habla o por como es.. Éste es tu sitio. No te arrepentirás. Yo no lo hice a pesar de lo que puedan decir algunos. Me lo pasé en grande y no vi daño en ninguna parte.
Cambiemos de acto: el trabajo.
Este cronista tiene la suerte de hacer lo que más le gusta en el lugar que prefiere. Pone su granito de arena a que haya un mundo mejor aunque la mayoría no lo vea así. A muchos les duele que yo junto al resto de los míos estemos ahí las 24 horas del día, los 365 días del año. Y no somos bien recibido por muchos pero elogiados y queridos por poco.
Éste que habla ha empezado a vivir cada día los 5 peores minutos de la vida de los demás. Como también ha visto a un hombre abrazarse a sus hijos entre lágrimas, después de mucho esperar. La vida ya no es llegar a casa y tener el plato caliente sobre la mesa bajo la seguridad de tu techo. Esto es así. Y a este que te entretiene, le encanta.
Volvamos a la metrópolis, al ocio. Caminemos junto al Oso y el Madroño. Paseemos entre las decenas de tiendas. Paremos junto al reloj. Esto es Sol.
¿Tienes hambre? Volvamos donde casi cada día y pidamos una caña y él un tinto. Comamos a gusto, riamos mejor.
Ahora caminemos y vayamos a un sitio de esto que tanto nos gusta a cualquiera de nosotros… Pongamos como ejemplo Joy Eslava Madrid.
Y aquí entran en juego los personajes. Hoy en día, en este mundo de lo superficial, lo bonito y lo perfecto, la gran mayoría no es nadie. No pinta ni cincela nada. Si no tienes esa característica que el tiempo se encarga de destrozar, no eres nadie.
Llamémosla belleza.
No le hablo de que no tenga una décima parte; le hablo de que no tenga esa cantidad que este mundo exige para devolverte la sonrisa. Le hablo de tener hambre y no poder comer. Le hablo de tener que pedir un vaso de agua y se lo de nieguen.
Si usted, como yo, está hecho de la pasta de los mortales, de los corrientes, de los que disfrutan cada poco que tienen, me estará dando la razón.
Basta dirigir la mirada a la pista, al palco o al reservado. Allí verá al otro grupo de actores, minoría por otra parte, actuando. Haciendo valer su papel y su buen quehacer para engatusar. Para representar la mejor de las obras y la más difícil de representar: el engaño.
Y su público cae rendida entre aplausos y silbidos pues creen que esa obra que están viendo es solo para ellas. Que nadie más tendrá el derecho y el placer de verla. Pero basta que esperes unos minutos y dirijas tu mirada hacia otro lado y allí los verás: de nuevo representando la misma representación [valga la redundancia] con las mismas sonrisas, las mismas promesas que caerán al vacío y las mismas miradas que intentan llegar al alma. Pero ¡OH! Sorpresa, el público es otro.
Otro diferente pero igual de estúpido e inocente. O tal vez mazocas, o quizás peores que ellos. El caso es que usted y yo seguimos a lo nuestro, nos contentamos con nuestros momentos de risa, de intentar pero no llegar. ¿Resignación? No. Le seré sincero:
En otro momento y lugar, en otra vida, tras otros pasos diría que envidio a estos personajes. Sí, no me costaría reconocerlo. Envidiaría esa vida, esos momentos, esos cuerpos que tocan y esos ratos que pasan.
Pero querido lector, transeúnte que pasaba por aquí y se detuvo, querido amigo: Yo no soy un idiota. No soy un muñeco de plástico vacío sin más aspiraciones que brillar ante el espejo. Por suerte en su día viví mis momentos; también tuve una audiencia bella, de las más bellas que jamás podrá encontrar por cualquier acera.
Y se fue, como se irá su belleza tras el paso del tiempo.
Y aprendí a que no todo lo que reluce es más bello. Que lo bonito engaña. Una sonrisa puede ser bonita pero sus dientes ser falsos. Adoro lo natural, lo que es bonito porque llegó así, sin cambios. Sin malas artes, sin malas intenciones.
Y por eso ahora no les envidio. Porque el teatro que yo represento es pequeño. Lo suficientemente pequeño para que solo puedan pasar el mínimo número posible a verlo: los únicos capaces de apreciar la sinceridad.
Pues en el mío verá a un actor de corte medio, sin nada que destaque sobre el resto. Le verá y le observará corriente. Le verá gritar y enfadarse pero también podrá verle sonreír y abrazar a quien lo necesita, aún después de que le apuñalara.
Podrá ver como se gasta mucho dinero en vicios que todos tenemos y no lleva a ningún lado pero querido amigo, también le verá comprando algo de comida a la hora que amanece para dársela a un caballero que pasaba por allí pidiendo a los viandantes algo para llevarse a la boca. Pues a este actor no le gusta el teatro, aunque trabaje en uno. Él no actúa como el resto. Simplemente ha coincidido que está ahí, en un escenario viviendo su vida mientras el resto le observa.
Y por eso el público es siempre el mismo: porque amigo mío, solo aquellos que conocen de verdad a una persona y la aceptan como es, con sus virtudes, con sus defectos, con sus necesidades y sus sobras, solo ellos podrán admirar la profundidad de su corazón.
Y no les parecerá una obra banal y aburrida. Común y simple.
Se verán reflejados, se sentirán como él. Verán en ese joven bajo los focos a su vida, no su teatro.
Así que amigo, ahora que nos hemos conocido y que ha tenido el detalle de pararse ante mí a escuchar lo que yo tenía que decirle me tomaré la confianza y el placer de invitarle a pasar.
Se lo he dicho, es pequeño, pero siempre hay huecos libres. No le exigiré fianza, no le pediré nada a cambio de la butaca. Nada material, nada carnal. Ni siquiera bonitas palabras, ni que aplauda.
Solo le pediré una cosa cuando entre y se siente: No se quede en silencio. Lo que no le guste, rebátalo pues el actor está abierto a cambios. Disfrute con lo que ve y si le gusta quédese en ese asiento, el cual será suyo para siempre a partir de ese momento.
Sin pedir nada más que su compañía hasta el fin de los días.
Yo lo elegí.
Me encanta llegar a casa cansado, sin casi poder con mi cuerpo y quitarme la ropa rápidamente. Sentir esa sensación de que empieza a respirar tu cuerpo tras horas con la ropa aprisionándolo, dándole calor.
Quedarme desnudo y encender la ducha. Notar esa agua fresca, o tibia según el clima de ese día, como refresca la piel. Como me devuelve la hidratación perdida y como me relaja los músculos, los nervios y hasta los huesos.
Salir mojado con la toalla liada y echarme en la cama mientras veo la televisión.
Me encanta quedarme medio tonto-medio dormido pensando en ella, en aquella o qué carajo, pensando en mi, que ya tocaba.
Me encanta una cerveza fría cuando me levanto, otra mientras como y otra antes de acostarme.
Me encanta montar en moto, notar como se revoluciona ese motor cada vez más fuerte debajo de mis piernas. Me encanta acostarme a las 8 de la mañana después de dos días de intenso trabajo. Repetir el proceso del principio y levantarme a las tantas. Levantarme a las 3 de la tarde según el reloj. Pero me da igual. Porque me encanta.
Porque también me encanta pasarme una tarde restregando espuma de afeitar por la cara de mis compañeros, porque somos como niños disfrutando de nuestra compañía.
Me encanta tener tres días libres y exprimirlos hasta su último segundo. En la noche, bajo el sol o tras unas sábanas.
Me encanta engañarlas. Decirles que tengo esto, que soy así o que actúo asá. Porque ya me cansé de ser el casco azul, el tonto. Ahora disfruto y no me arrepiento.
Los remordimientos para los débiles que vida solo hay una.
Si no me aguantas es fácil, la puerta está ahí.
Porque me encanta que me llamen simpático pero más me gusta que me digan chulo. Que nadie me aguanta.
Me encanta que hablen mal de mi, los piropos para quien los necesite.
Y me encanta emborracharme. Me encanta la piscina de mi piso. Me encanta vivir en una ciudad de 6 millones de personas.
Me encanta salir a la hora que sea en el día que fuera y encontrar todo a reventar.
Me encanta no aburrirme. Me gusta divertirme.
Me gustas tú. Pero también ella. Y también disfruté de aquella. Sin embargo aquella me la pegó. Y a la otra no conseguí engañarla.
Me encanta tomarme esto como una partida en la que empiezo de cero cada mañana, cada tarde y cada noche.
Adoro saber que tengo un compañero, un amigo, dispuesto a hacer cualquier cosa a cualquier hora del día. A reírnos hasta quedarnos sin voz. A volver a emborracharnos. A volver a engañarlas.
A volver a dormir hasta las tantas.
Porque me encanta ser un responsable, un trabajador, un serio y una buena persona mientras trabajo pero más me gusta, más disfruto ser yo mismo cuando nadie me mira, cuando nadie me vigila y le importa una puñetera mierda quien soy.
Porque esto es así.
Porque yo lo elegí.
Quedarme desnudo y encender la ducha. Notar esa agua fresca, o tibia según el clima de ese día, como refresca la piel. Como me devuelve la hidratación perdida y como me relaja los músculos, los nervios y hasta los huesos.
Salir mojado con la toalla liada y echarme en la cama mientras veo la televisión.
Me encanta quedarme medio tonto-medio dormido pensando en ella, en aquella o qué carajo, pensando en mi, que ya tocaba.
Me encanta una cerveza fría cuando me levanto, otra mientras como y otra antes de acostarme.
Me encanta montar en moto, notar como se revoluciona ese motor cada vez más fuerte debajo de mis piernas. Me encanta acostarme a las 8 de la mañana después de dos días de intenso trabajo. Repetir el proceso del principio y levantarme a las tantas. Levantarme a las 3 de la tarde según el reloj. Pero me da igual. Porque me encanta.
Porque también me encanta pasarme una tarde restregando espuma de afeitar por la cara de mis compañeros, porque somos como niños disfrutando de nuestra compañía.
Me encanta tener tres días libres y exprimirlos hasta su último segundo. En la noche, bajo el sol o tras unas sábanas.
Me encanta engañarlas. Decirles que tengo esto, que soy así o que actúo asá. Porque ya me cansé de ser el casco azul, el tonto. Ahora disfruto y no me arrepiento.
Los remordimientos para los débiles que vida solo hay una.
Si no me aguantas es fácil, la puerta está ahí.
Porque me encanta que me llamen simpático pero más me gusta que me digan chulo. Que nadie me aguanta.
Me encanta que hablen mal de mi, los piropos para quien los necesite.
Y me encanta emborracharme. Me encanta la piscina de mi piso. Me encanta vivir en una ciudad de 6 millones de personas.
Me encanta salir a la hora que sea en el día que fuera y encontrar todo a reventar.
Me encanta no aburrirme. Me gusta divertirme.
Me gustas tú. Pero también ella. Y también disfruté de aquella. Sin embargo aquella me la pegó. Y a la otra no conseguí engañarla.
Me encanta tomarme esto como una partida en la que empiezo de cero cada mañana, cada tarde y cada noche.
Adoro saber que tengo un compañero, un amigo, dispuesto a hacer cualquier cosa a cualquier hora del día. A reírnos hasta quedarnos sin voz. A volver a emborracharnos. A volver a engañarlas.
A volver a dormir hasta las tantas.
Porque me encanta ser un responsable, un trabajador, un serio y una buena persona mientras trabajo pero más me gusta, más disfruto ser yo mismo cuando nadie me mira, cuando nadie me vigila y le importa una puñetera mierda quien soy.
Porque esto es así.
Porque yo lo elegí.
Ponte el reloj
Son las 7 de la mañana. Acabas de terminar el turno; de correr, de gritar, de acelerar, de agarrar, de escribir y de firmar. Acabas de alegrarle la vida a ese hombre y hacer que aquel otro te odie a ti y a los que visten como tú.
Han sido 3 días de intenso trabajo en el que has disfrutado y aprendido, pero ya has acabado. Vamos, cámbiate; o mejor ni te cambies, vete directamente. Y descansa, te esperan risas en un vaso de tubo.
Fresca, deliciosamente fresca es el agua que está cayendo por tu espalda. Y el jabón no podía oler mejor. Te relajas mientras miras hacia tus pies y ves como las gotas recorren tu cuerpo hasta perderse por el desagüe. Piensas en qué harás esa tarde, qué te pondrás esa noche y qué te deparará la madrugada.
Ni lo sabes. Nunca lo sabes. Al menos, no completamente.
Sonó el despertador, ya es la hora. Sí, vamos, despierta que tus compañeros (quizás la próxima vez le llamemos amigos) hace rato que te esperan ya, como siempre. Pero no pasa nada, ahora les invitarás a una caña, o a un cóctel, como la otra noche.
Os vestís y cogéis la puerta. Primero andáis entre esa muchedumbre que se pierde entre las 1001 una tiendas que allá ahí, apiladas unas junto a otras. Paráis, hay que tomar un café, tú una caña, y charlar un poco de esto, de aquello, de lo otro y de lo que no fue.
Ha pasado rato y hay que volver, que esto no ha hecho más que empezar.
Volvéis a casa; rápido, ducha rápida. Toalla, desodorante, una pierna.. Otra.. Camiseta.. No, esta no. ¿Está mejor? Sí, que ni pintao. ¿Listos? Guapísimos y llenos de alegría, como cada noche.
Coge las llaves, la cartera y la cámara. Coge tus ganas y tu felicidad y coge el camino a casa, que no sabes cuando volverás. Te queda el reloj, póntelo, que salimos ya.
Un metro… risas en el trayecto, no paráis. Cambiáis al siguiente y al segundo cuarto de hora ya estáis allí. En ese bar, entre esas piernas de punta negra junto a ese oro líquido, dorado para ti, morado para ellos.
Y los pedidos vienen y van, entrando sin parar entre más y más risas que no acaban. Anécdotas y fotos mientras se acerca la hora de entrada. La hora que habéis elegido para pasar otra vez la mejor noche de vuestra vida. Solo que sin saber que pasará esa noche, como todas.
Un hombre trajeado os da la bienvenida entre saludos y sonrisas y como reyes camináis a vuestro palacio. Allí espera la música, los cuerpos, el tormento y quien sabe si la lujuria y el calor.
Cada cara que te cruzas es diferente, y cada cual mejor. No sabes donde mirar, ni donde elegir. Las cosas van viniendo llenas y se van volviendo vacías. Las rondas de pequeños vasos se suceden. Quema, te arde la garganta en cada trago. La belleza empieza a ser general y no te extrañas.
No coordináis, al menos no igual que hace 5 horas. Cualquier cosa os hace reír y no paráis de…¿bailar? Sí, dejémoslo ahí.
Parece que aquella que te presentaron con tan buenas intenciones y que estaba lejos de ti ahora está más cerca. Te lo hueles, pero no te lo crees. Nunca te lo has creído por más que se ha repetido la situación. Por humildad, por desconfianza, por falta de moral o por importante tres mierdas, el caso es que vas a tu aire. Pasas. Al menos por fuera, por dentro te comen las ganas.
Se acerca la hora de cerrar y ves que te vas a volver igual que viniste. A diferencia de ellos. Han tenido más suerte o quizás y mejor dicho, más cojones. Pero no te importa, es rutina, no esperabas nada y por ende, no te revienta nada.
Pero os vais al mismo lugar, juntos, que no revueltos. Bueno sí, un poco. El alcohol tiene sus consecuencias.
Y allí estás, junto a ella en una cama que jamás has visto. En un lugar que quien sabe donde se halla y a una hora que no sabes cuando volverás.
No sabes en qué momento le has dado el primer mordisco ni recuerdas en qué momento le diste el quinto beso. Ni si quiera si ahora tu lengua está recorriendo su cuello o la suya tu pecho. Te da igual, como si se cayera el techo sobre vosotros. Ya no podéis parar. Ni quieres. Al menos no aún.
Pero como todo, tiene su fin. Te relajas, te tumbas… Dios, estás jodidamente a gusto. Te importa un carajo el resto de cosas y el día que es. Ya tendrás tiempo de pensarlo mañana.
Y de repente te has dormido. No sabes cuando ni como ni a que hora. Y cuando despiertas tampoco sabes cuanto has dormido. Solo tendrías que mirar el reloj. Pero mejor no hacerlo. Ya cuando llegues a casa.
Y llegas. La mañana hace horas que pasó y ahora toca descansar que esta noche repetiremos mismo proceso, mismas operaciones pero como siempre diferente resultado.
Vuelve a despertarte, dúchate, sécate, vístete, avísale, sal, camina, baja, sube, paga, pasa, vuelve a pagar, pide, ¡ostias! Aquí no pagáis. Traga, bebe, fuma porqué no. Vuelve a beber. Te vuelve a quemar. Te vuelves a marear. Pero no eres tú solo, las 400 personas más de tu alrededor también. Y tus compañeros más.
Llego la mañana, volver a casa que sino, no descansaréis.
No intentes apagar ese taladro, ese martillo o esos tambores. Es la resaca. Tu resaca y la de él también. Ahora os arrepentiréis de beber tanto y os alegrareis del puto fin de semana tan maravilloso que habéis pasado.
¿Quedarse en casa? No, vosotros no. Último día y no descansareis. Vuelta a salir por ahí aunque sea más tranquilamente.
Vuelta a llegar a casa de noche y a dormir.
Suena el despertador, hay que currar. Pasan las horas, volvéis a currar. Y otra vez, hasta que llegan las 7 de la mañana de nuevo de ese tercer día.
Duérmete. Despiértate. Métete en la ducha y vuelve a mirar hacia tus pies. Sécate, vístete. Colonia, ropa, zapatos.
Coge las llaves.
Ponte el reloj, que salimos ya.
Han sido 3 días de intenso trabajo en el que has disfrutado y aprendido, pero ya has acabado. Vamos, cámbiate; o mejor ni te cambies, vete directamente. Y descansa, te esperan risas en un vaso de tubo.
Fresca, deliciosamente fresca es el agua que está cayendo por tu espalda. Y el jabón no podía oler mejor. Te relajas mientras miras hacia tus pies y ves como las gotas recorren tu cuerpo hasta perderse por el desagüe. Piensas en qué harás esa tarde, qué te pondrás esa noche y qué te deparará la madrugada.
Ni lo sabes. Nunca lo sabes. Al menos, no completamente.
Sonó el despertador, ya es la hora. Sí, vamos, despierta que tus compañeros (quizás la próxima vez le llamemos amigos) hace rato que te esperan ya, como siempre. Pero no pasa nada, ahora les invitarás a una caña, o a un cóctel, como la otra noche.
Os vestís y cogéis la puerta. Primero andáis entre esa muchedumbre que se pierde entre las 1001 una tiendas que allá ahí, apiladas unas junto a otras. Paráis, hay que tomar un café, tú una caña, y charlar un poco de esto, de aquello, de lo otro y de lo que no fue.
Ha pasado rato y hay que volver, que esto no ha hecho más que empezar.
Volvéis a casa; rápido, ducha rápida. Toalla, desodorante, una pierna.. Otra.. Camiseta.. No, esta no. ¿Está mejor? Sí, que ni pintao. ¿Listos? Guapísimos y llenos de alegría, como cada noche.
Coge las llaves, la cartera y la cámara. Coge tus ganas y tu felicidad y coge el camino a casa, que no sabes cuando volverás. Te queda el reloj, póntelo, que salimos ya.
Un metro… risas en el trayecto, no paráis. Cambiáis al siguiente y al segundo cuarto de hora ya estáis allí. En ese bar, entre esas piernas de punta negra junto a ese oro líquido, dorado para ti, morado para ellos.
Y los pedidos vienen y van, entrando sin parar entre más y más risas que no acaban. Anécdotas y fotos mientras se acerca la hora de entrada. La hora que habéis elegido para pasar otra vez la mejor noche de vuestra vida. Solo que sin saber que pasará esa noche, como todas.
Un hombre trajeado os da la bienvenida entre saludos y sonrisas y como reyes camináis a vuestro palacio. Allí espera la música, los cuerpos, el tormento y quien sabe si la lujuria y el calor.
Cada cara que te cruzas es diferente, y cada cual mejor. No sabes donde mirar, ni donde elegir. Las cosas van viniendo llenas y se van volviendo vacías. Las rondas de pequeños vasos se suceden. Quema, te arde la garganta en cada trago. La belleza empieza a ser general y no te extrañas.
No coordináis, al menos no igual que hace 5 horas. Cualquier cosa os hace reír y no paráis de…¿bailar? Sí, dejémoslo ahí.
Parece que aquella que te presentaron con tan buenas intenciones y que estaba lejos de ti ahora está más cerca. Te lo hueles, pero no te lo crees. Nunca te lo has creído por más que se ha repetido la situación. Por humildad, por desconfianza, por falta de moral o por importante tres mierdas, el caso es que vas a tu aire. Pasas. Al menos por fuera, por dentro te comen las ganas.
Se acerca la hora de cerrar y ves que te vas a volver igual que viniste. A diferencia de ellos. Han tenido más suerte o quizás y mejor dicho, más cojones. Pero no te importa, es rutina, no esperabas nada y por ende, no te revienta nada.
Pero os vais al mismo lugar, juntos, que no revueltos. Bueno sí, un poco. El alcohol tiene sus consecuencias.
Y allí estás, junto a ella en una cama que jamás has visto. En un lugar que quien sabe donde se halla y a una hora que no sabes cuando volverás.
No sabes en qué momento le has dado el primer mordisco ni recuerdas en qué momento le diste el quinto beso. Ni si quiera si ahora tu lengua está recorriendo su cuello o la suya tu pecho. Te da igual, como si se cayera el techo sobre vosotros. Ya no podéis parar. Ni quieres. Al menos no aún.
Pero como todo, tiene su fin. Te relajas, te tumbas… Dios, estás jodidamente a gusto. Te importa un carajo el resto de cosas y el día que es. Ya tendrás tiempo de pensarlo mañana.
Y de repente te has dormido. No sabes cuando ni como ni a que hora. Y cuando despiertas tampoco sabes cuanto has dormido. Solo tendrías que mirar el reloj. Pero mejor no hacerlo. Ya cuando llegues a casa.
Y llegas. La mañana hace horas que pasó y ahora toca descansar que esta noche repetiremos mismo proceso, mismas operaciones pero como siempre diferente resultado.
Vuelve a despertarte, dúchate, sécate, vístete, avísale, sal, camina, baja, sube, paga, pasa, vuelve a pagar, pide, ¡ostias! Aquí no pagáis. Traga, bebe, fuma porqué no. Vuelve a beber. Te vuelve a quemar. Te vuelves a marear. Pero no eres tú solo, las 400 personas más de tu alrededor también. Y tus compañeros más.
Llego la mañana, volver a casa que sino, no descansaréis.
No intentes apagar ese taladro, ese martillo o esos tambores. Es la resaca. Tu resaca y la de él también. Ahora os arrepentiréis de beber tanto y os alegrareis del puto fin de semana tan maravilloso que habéis pasado.
¿Quedarse en casa? No, vosotros no. Último día y no descansareis. Vuelta a salir por ahí aunque sea más tranquilamente.
Vuelta a llegar a casa de noche y a dormir.
Suena el despertador, hay que currar. Pasan las horas, volvéis a currar. Y otra vez, hasta que llegan las 7 de la mañana de nuevo de ese tercer día.
Duérmete. Despiértate. Métete en la ducha y vuelve a mirar hacia tus pies. Sécate, vístete. Colonia, ropa, zapatos.
Coge las llaves.
Ponte el reloj, que salimos ya.
Busca
Todo principio tiene su final y si lo buscas, será el bueno.
Lo importante es llegar a la meta, aunque a veces se tarde.
Lo importante es llegar a la meta, aunque a veces se tarde.
7
Siete meses hacían ya.
Siete meses sin verle a él con un cigarro en la boca, a ella riendo o a ellos sobre una toalla.
Siete meses sin escuchar los ladridos de alegría al verme.
Siete meses pasaron desde la última vez que ese olor a sal entraba por mi nariz.
Siete meses, que se dicen pronto, para pensar, analizar y llegar a conclusiones sobre esto o aquello.
Primero en la Meseta, pasando por el Levante para volver al centro y en todo ese tiempo lejos, sin apenas saber de casi nadie más de lo que permite tener conexión a Internet.
Y resulta que después de siete meses a uno le da por volver a casa, a su tierra. Y te das cuenta que muchas cosas han cambiado; nuevos locales, nuevas carreteras e incluso nuevos miembros en el grupo.
Pero lo que no ha cambiado es ese olor a algodón, ese gitano animando para que compres boletos. Ese no parar de música de casetas que se pisan unas a otras.
No ha cambiado esa arena caliente que quema bajo los pies ni esos partidos de fútbol junto al río.
No has cambiado tú, rubio, que sigues siendo el mismo con el corazón más grande que conozco.
No has cambiado tú, morena, tan agradable y risueña como siempre.
No has cambiado tú, bético, ni tú, señorito andaluz.
Como no has cambiado tú, vecino, sustituyéndome de vez en cuando en casa.
Ni tampoco lo hiciste tú, pequeño loco con una flor en el culo, que no me llegarás a los 25.
Ni tú, que aunque tus bucles ya no vea tanto, sigo queriendo como siempre.
Sé que me quedan ciento y la madre por mencionar pero no acabaríamos nunca y mi conclusión después de apenas tres días allí es que crecemos, mejoramos, pero no habéis cambiado.
Seguís siendo los mismos hijos de puta que no se pierden una, que están ahí, bajo el sol de Cádiz disfrutando gota a gota cada momento y que a veces tanto echo de menos desde mi destierro voluntario.
No sé si volverán a pasar siete meses, o nueve o cuatro hasta volver a veros pero mientras llegue ese día pensaré en esa panda que conozco desde antes de nacer.
Cuando esté en la calle disfrutando, cuando esté currando o cuando esté tranquilo en casa pensaré que aunque ahora mi vida esté aquí, junto a mi trabajo, una pequeña parte de mi estará en La Bahía junto a la roca.
Una pequeña parte de la que no podría separarme pues dejaría de ser mi todo.
Siete meses sin verle a él con un cigarro en la boca, a ella riendo o a ellos sobre una toalla.
Siete meses sin escuchar los ladridos de alegría al verme.
Siete meses pasaron desde la última vez que ese olor a sal entraba por mi nariz.
Siete meses, que se dicen pronto, para pensar, analizar y llegar a conclusiones sobre esto o aquello.
Primero en la Meseta, pasando por el Levante para volver al centro y en todo ese tiempo lejos, sin apenas saber de casi nadie más de lo que permite tener conexión a Internet.
Y resulta que después de siete meses a uno le da por volver a casa, a su tierra. Y te das cuenta que muchas cosas han cambiado; nuevos locales, nuevas carreteras e incluso nuevos miembros en el grupo.
Pero lo que no ha cambiado es ese olor a algodón, ese gitano animando para que compres boletos. Ese no parar de música de casetas que se pisan unas a otras.
No ha cambiado esa arena caliente que quema bajo los pies ni esos partidos de fútbol junto al río.
No has cambiado tú, rubio, que sigues siendo el mismo con el corazón más grande que conozco.
No has cambiado tú, morena, tan agradable y risueña como siempre.
No has cambiado tú, bético, ni tú, señorito andaluz.
Como no has cambiado tú, vecino, sustituyéndome de vez en cuando en casa.
Ni tampoco lo hiciste tú, pequeño loco con una flor en el culo, que no me llegarás a los 25.
Ni tú, que aunque tus bucles ya no vea tanto, sigo queriendo como siempre.
Sé que me quedan ciento y la madre por mencionar pero no acabaríamos nunca y mi conclusión después de apenas tres días allí es que crecemos, mejoramos, pero no habéis cambiado.
Seguís siendo los mismos hijos de puta que no se pierden una, que están ahí, bajo el sol de Cádiz disfrutando gota a gota cada momento y que a veces tanto echo de menos desde mi destierro voluntario.
No sé si volverán a pasar siete meses, o nueve o cuatro hasta volver a veros pero mientras llegue ese día pensaré en esa panda que conozco desde antes de nacer.
Cuando esté en la calle disfrutando, cuando esté currando o cuando esté tranquilo en casa pensaré que aunque ahora mi vida esté aquí, junto a mi trabajo, una pequeña parte de mi estará en La Bahía junto a la roca.
Una pequeña parte de la que no podría separarme pues dejaría de ser mi todo.
A mi me vale...
A mi me valen tus ojos, tus pestañas y tus ojeras.
A mi me vale verte con las puntas abiertas.
A mi me vale verte sin peinar.
A mi me vale verte recien llegada de la playa.
A mi me vale verte delgada, gorda o como estés en el momento.
A mi me vale verte con cara de no dormir y apenas comer.
A mi me vale verte borde.
A mi me vale verte ida.
A mi me vale verte llorando.
A mi me vale verte riendo.
A mi me vale verte de cualquiera de las maneras que siempre dices y que no tienes razón.
Porque yo te veo guapa.
Porque yo te veo linda y bien peinada.
Porque yo te veo con una sonrisa preciosa.
Porque yo te veo agradable y generosa.
A mi me vale verte, a secas.
Porque yo te veo preciosa.
A mi me vale verte, porque yo te veo como tú no quieres verte.
Porque me gustas.
A mi me vale verte con las puntas abiertas.
A mi me vale verte sin peinar.
A mi me vale verte recien llegada de la playa.
A mi me vale verte delgada, gorda o como estés en el momento.
A mi me vale verte con cara de no dormir y apenas comer.
A mi me vale verte borde.
A mi me vale verte ida.
A mi me vale verte llorando.
A mi me vale verte riendo.
A mi me vale verte de cualquiera de las maneras que siempre dices y que no tienes razón.
Porque yo te veo guapa.
Porque yo te veo linda y bien peinada.
Porque yo te veo con una sonrisa preciosa.
Porque yo te veo agradable y generosa.
A mi me vale verte, a secas.
Porque yo te veo preciosa.
A mi me vale verte, porque yo te veo como tú no quieres verte.
Porque me gustas.
A cien metros de la gloria.
Tal vez sea prematuro echar las campanas al vuelo. Tal vez sea precipitado empezar a sonrerir y reir por algo que apenas ha empezado. Tal vez, y digo solo tal vez, no sea idóneo creer que el futuro va a ser mil veces mejor que el presente.
No lo sé, alomejor lo sabré dentro de un tiempo.
Pero ahora lloro. Lloro y sonrio a la vez. Es alegría, ilusión. Es estar llegando a la meta sudando, con el corazón a punto de salir del pecho desgarrando la piel y los pulmones ardiendo como la más caliente de las llamas. Llegar y tirarte al suelo, mirando al cielo, llenando los pulmones de litros de aire y sonreir. Pegar un grito con las manos al cielo. Mirar a quien te ha estado animando en esa carrera. Por pocos que fueran te llevaban en volandas.
Volver a llorar. Sí, estoy llorando mientras escribo esto.
Mientras mis compañeros terminan de acostarse después de otro dia estupendo junto a ellos. El futuro profesional promete. La ciudad invita y los compañeros que he tenido el placer de tener enganchan.
Sí, ya estoy llegando, la meta está ahí. A un sprint, a un solo esfuerzo.
Ahora dejaré de llorar para centrar todas mis fuerzas en los últimos 100 metros y, cuando llegue, extasiado, cansado, sin fuerzas en el cuerpo me tiraré al suelo, gritaré, alzaré los brazos y volveré a romper a llorar.
Porque habré ganado.
No lo sé, alomejor lo sabré dentro de un tiempo.
Pero ahora lloro. Lloro y sonrio a la vez. Es alegría, ilusión. Es estar llegando a la meta sudando, con el corazón a punto de salir del pecho desgarrando la piel y los pulmones ardiendo como la más caliente de las llamas. Llegar y tirarte al suelo, mirando al cielo, llenando los pulmones de litros de aire y sonreir. Pegar un grito con las manos al cielo. Mirar a quien te ha estado animando en esa carrera. Por pocos que fueran te llevaban en volandas.
Volver a llorar. Sí, estoy llorando mientras escribo esto.
Mientras mis compañeros terminan de acostarse después de otro dia estupendo junto a ellos. El futuro profesional promete. La ciudad invita y los compañeros que he tenido el placer de tener enganchan.
Sí, ya estoy llegando, la meta está ahí. A un sprint, a un solo esfuerzo.
Ahora dejaré de llorar para centrar todas mis fuerzas en los últimos 100 metros y, cuando llegue, extasiado, cansado, sin fuerzas en el cuerpo me tiraré al suelo, gritaré, alzaré los brazos y volveré a romper a llorar.
Porque habré ganado.
A veces...
En muchas ocasiones las palabras, las frases, los textos tienen algo más detrás que no se dice.
A veces no es lo que decimos... sino lo que callamos.
A veces no es lo que decimos... sino lo que callamos.
Cobardes.
Shhh, calla, no te excuses. No, no me lo digas. Y no, no me interesa escucharte. ¿Porqué? Porque no necesito saber porque hiciste esto o dejaste de hacer aquello.
Me dan igual tus razones. Me dan igual tus inquietudes. Así los has decidido y así va a quedar. Porque no hay vuelta atrás.
Las excusas te valen a ti, para que te sientas mejor, para no sentirte culpable. Pero a mi no. A mi no me sirven, el daño está hecho. Y llámame egoísta, pero también sufrirás tú aunque solo sea el sentimiento de culpa.
Sentimiento que dudo mucho sientas, valga la redundancia. Quien la hace la paga. Y quien la hace no la siente.
Así que allá tú si te sientes bien auto excusándote. Allá tú si así eres feliz pero a mi no me la das.
Llámame chulo, cabrón, hijo de puta y egoísta. Llámame de todo, como hacen los que no me conocen. Pero no me llames más. Podemos haber sido novios, amigos o familia pero ahora no somos nada. Ni lo volveremos a ser. Por tu culpa, no la mía. Por haberlo hecho y no pedirte yo explicaciones. Las explicaciones para los tontos. A mi inteligencia me sobra.
Porque en esta vida hay muchísima gente cobarde, egoísta y que piensa que actúan bien. Creen que uno no se da cuenta de cuando meten la pata y creen que todos les ríen las gracias. Pero tarde o temprano se darán una buena hostia. Porque no todos somos tan imbéciles de seguirles el juego.
A mis amigos, que me recuerdan y me quieren no tengo que decirles palabras, sería poco premio para ellos.
A los que no lo son, a los que me juzgan sin tomar un café conmigo, a los que se ocultan tras una máscara falsa siendo las personas más hipócritas e injustas.. A mi no me hacéis daño, estoy mejor sin vosotros.
Me dan igual tus razones. Me dan igual tus inquietudes. Así los has decidido y así va a quedar. Porque no hay vuelta atrás.
Las excusas te valen a ti, para que te sientas mejor, para no sentirte culpable. Pero a mi no. A mi no me sirven, el daño está hecho. Y llámame egoísta, pero también sufrirás tú aunque solo sea el sentimiento de culpa.
Sentimiento que dudo mucho sientas, valga la redundancia. Quien la hace la paga. Y quien la hace no la siente.
Así que allá tú si te sientes bien auto excusándote. Allá tú si así eres feliz pero a mi no me la das.
Llámame chulo, cabrón, hijo de puta y egoísta. Llámame de todo, como hacen los que no me conocen. Pero no me llames más. Podemos haber sido novios, amigos o familia pero ahora no somos nada. Ni lo volveremos a ser. Por tu culpa, no la mía. Por haberlo hecho y no pedirte yo explicaciones. Las explicaciones para los tontos. A mi inteligencia me sobra.
Porque en esta vida hay muchísima gente cobarde, egoísta y que piensa que actúan bien. Creen que uno no se da cuenta de cuando meten la pata y creen que todos les ríen las gracias. Pero tarde o temprano se darán una buena hostia. Porque no todos somos tan imbéciles de seguirles el juego.
A mis amigos, que me recuerdan y me quieren no tengo que decirles palabras, sería poco premio para ellos.
A los que no lo son, a los que me juzgan sin tomar un café conmigo, a los que se ocultan tras una máscara falsa siendo las personas más hipócritas e injustas.. A mi no me hacéis daño, estoy mejor sin vosotros.
Cambiemos... pues...
Volvemos a arrancar. A movernos. A vestirnos en otra habitación. Volvemos a usar otro ascensor, a aprender donde está el kiosko, donde queda el mercadona y cuanto de lejos hay un bar.
Volvemos a memorizar calles, tiendas y callejones.
Volvemos a aprendernos rutas al trabajo, al relax, a casa y porqué no decirlo, a la fiesta.
Volvemos a ver nuevas caras, esta vez 100 diferentes diarias. A conocer gente nueva, a intentar hacer amistades diferentes, sin olvidar las antiguas.
Volvemos a dormir en otra cama. A tender la ropa en otro cordel y a cambiar el ritmo de vida.
20 años, 5ª Comunidad Autónoma diferente, 6ª casa diferente, mismo sueño, mayor ilusión...
Parece que esto de vivir a impulsos me está haciendo aprender mucho, rápido y deprisa. Sin tiempo a mirar atrás.
¿Arrepentido? JAMÁS.
Volvemos a memorizar calles, tiendas y callejones.
Volvemos a aprendernos rutas al trabajo, al relax, a casa y porqué no decirlo, a la fiesta.
Volvemos a ver nuevas caras, esta vez 100 diferentes diarias. A conocer gente nueva, a intentar hacer amistades diferentes, sin olvidar las antiguas.
Volvemos a dormir en otra cama. A tender la ropa en otro cordel y a cambiar el ritmo de vida.
20 años, 5ª Comunidad Autónoma diferente, 6ª casa diferente, mismo sueño, mayor ilusión...
Parece que esto de vivir a impulsos me está haciendo aprender mucho, rápido y deprisa. Sin tiempo a mirar atrás.
¿Arrepentido? JAMÁS.
Para olvidarte mañana
No haré dieta ni por una sola noche... ven, quiero devorarte entera...
...Ahogarme, saciarme, llenarme hasta vomitarte. Con mis labios te desgarraré la ropa y con mis dientes, la piel.
Como salvajes. Como si no hubiera un mañana. Aunque te acabe de conocer y no sepa ni tu nombre. Probablemente mañana ya se me habrá olvidado.
Y no intentes recordarmelo, ni si quiera me saludes. Yo te deseo aqui, ahora, hoy. No mañana.
Hoy, esta noche, en este momento, te haré el amor como a la madre de mis hijos y después te follaré como a la puta de la noche anterior.
Araña, muerde, grita. Que te oigan todos. Me encanta.
Toda la noche sudando, gimiendo, bailando en horizontal. Te lo recuerdo, ni me hables mañana. Llora si quieres, ya sabes a lo que venías.
No te enamores. Solo ha sido el mejor polvo de tu vida.
Vuelve con tu novio, como has hecho siempre. Él te dará los mimos; él te acariciará y él te dirá cuanto te quiere.
Vuelve a mi y volveré a arrancarte la ropa. Para olvidarte mañana.
...Ahogarme, saciarme, llenarme hasta vomitarte. Con mis labios te desgarraré la ropa y con mis dientes, la piel.
Como salvajes. Como si no hubiera un mañana. Aunque te acabe de conocer y no sepa ni tu nombre. Probablemente mañana ya se me habrá olvidado.
Y no intentes recordarmelo, ni si quiera me saludes. Yo te deseo aqui, ahora, hoy. No mañana.
Hoy, esta noche, en este momento, te haré el amor como a la madre de mis hijos y después te follaré como a la puta de la noche anterior.
Araña, muerde, grita. Que te oigan todos. Me encanta.
Toda la noche sudando, gimiendo, bailando en horizontal. Te lo recuerdo, ni me hables mañana. Llora si quieres, ya sabes a lo que venías.
No te enamores. Solo ha sido el mejor polvo de tu vida.
Vuelve con tu novio, como has hecho siempre. Él te dará los mimos; él te acariciará y él te dirá cuanto te quiere.
Vuelve a mi y volveré a arrancarte la ropa. Para olvidarte mañana.
De despierto a dormido..
Uf... ¿qué suena? ¿qué pasa? ¿donde estoy?.... ah... ya.. creo que ya sé. Es el despertador. Apágate. Pff... venga, estirate; a ver, ¿qué hora es? Madre mia, las 6 y media.. venga en pie, que sino no llegamos.
Ostias que frío. Con lo agustito que estaba yo bajo esa manta... bueno a ver que cara tengo... ¡¡Ahhh!! joder el agua está helada. Venga un poquito por aquí, otro poco por allá... frotamos bien, escupimos y.. ¡Voila! A por la ropa.
Vuelvo a decir: que frio hace. Una pierna, otra pierna, botones.. 1, 2, 3... corbata, cordones y listo. Venga coge las cosas y vamonos, que hay que currar..
Por mi edad, mi cortísima edad y mi más corta aún experiencia, no hace tanto que no me pasaba esto. Sí, me tenia que levantar, arreglarme y salir. Pero no para currar. Ni siquiera tenia preocupaciones. Ni si quiera tenia que pensar en si tenía que poner lavadora, cuanto dinero necesito para hacer la compra o cagarme en todo lo cagable porque la factura de luz y teléfono me ha subido un pico.
Cuando vives en casa, sin más preocupaciones que levantarte para no llegar tarde al instituto no te preocupas de nada. Las facturas no existen, las obligaciones son escasas y los derechos numerosos (o eso creemos, cosa que no es asi).
¿Pero cuando pasé de un estado a otro? Ni si quiera sé cuando dejé de depender de nadie, a ir al banco y pagar mis recibos. A coger las llaves y que nadie me espere en casa. A preocuparme por mi futuro profesional. Muchísimo menos sé cuando pasé de niño a ¿adulto?.
Es como cuando te quedas dormido... ¿alguien sabe decir cual fue el momento exacto en el que la conciencia “desaparece”? Porque yo no. Lo notas, sientes el cansancio, cada vez sientes menos las cosas pero de repente caes. Te despiertas y no sabes en qué momento fue cuando te dormiste. Si a los 3 minutos de cerrar los párpados o a los 17.
Pues esto me parece exactamente igual. Recuerdo perfectamente cada paso que he dado, cada momento vivido y cada error cometido. Pero no recuerdo en qué momento exacto de mi vida pasé de ver algunas cosas de un modo totalmente diferente, otras algo limadas y otras mejoradas.
Era 3 de octubre de 2007 cuando decidí dar un giro de 180º a mi vida. Cogi la maleta, mis enseres y compré un billete de ida a Asturias, sin saber cuando cogería el de vuelta. Fue una decisión dura, difícil y que me llevo todo ese verano decidir. Nadie sabe cuanto me costó. Solo hay una persona que pueda imaginarselo un poco, y eso es porque va en la sangre.
Dificil decidir con 17 años coger la puerta, dejar tu casa, tu familia, tu tierra para irte a 1000 kilómetros de distancia (literal) para luchar por un sueño. Algo que te habia acompañado siempre en la conciencia pero que nunca despertaba.
Era dificil, para muchos imposible. Pero habia que intentarlo. Además en casa, no quedaba nada. Ni siquiera los cimientos. Quizás era mejor intentar empezar otra vida.
Y desde luego que fue mejor. Aquí estoy, a mis 20 años con un futuro prometedor por delante del que espero muchisimas alegrias y retos. En un puesto que millones de personas en este país desearía.
Con muchos amigos hechos a lo largo de estos 3 años. Más amigos de los que podia imaginar. Grandes profesionales, grandísimas personas.
No dependo de nada ni de nadie. Yo me lo he guisado y ahora, yo me lo como. Tal vez nunca podré comprarme un Bugatti Beyron, pero si Dios quiere, nunca me faltará un plato caliente, un techo donde cobijarme y libertad para hacer lo que quiera, con quien quiera y cuando quiera.
Me he ganado el derecho a ser feliz, a disfrutar de mi mismo, de mi gente y de mi presente y futuro. Agradeciendo a mi pasado donde estoy. Y puesto que me lo he ganado, lo disfrutaré.
He pasado de berrear, de llorar, de hacer el imbécil y equivocarme una y otra vez. De hacer daño a la gente que quiero y a tropezar antes de llegar a la meta a ser lo que soy y seré.
¿En qué momento? Ya te digo, no lo sé, todo ha sido como quedarse dormido...
Ostias que frío. Con lo agustito que estaba yo bajo esa manta... bueno a ver que cara tengo... ¡¡Ahhh!! joder el agua está helada. Venga un poquito por aquí, otro poco por allá... frotamos bien, escupimos y.. ¡Voila! A por la ropa.
Vuelvo a decir: que frio hace. Una pierna, otra pierna, botones.. 1, 2, 3... corbata, cordones y listo. Venga coge las cosas y vamonos, que hay que currar..
Por mi edad, mi cortísima edad y mi más corta aún experiencia, no hace tanto que no me pasaba esto. Sí, me tenia que levantar, arreglarme y salir. Pero no para currar. Ni siquiera tenia preocupaciones. Ni si quiera tenia que pensar en si tenía que poner lavadora, cuanto dinero necesito para hacer la compra o cagarme en todo lo cagable porque la factura de luz y teléfono me ha subido un pico.
Cuando vives en casa, sin más preocupaciones que levantarte para no llegar tarde al instituto no te preocupas de nada. Las facturas no existen, las obligaciones son escasas y los derechos numerosos (o eso creemos, cosa que no es asi).
¿Pero cuando pasé de un estado a otro? Ni si quiera sé cuando dejé de depender de nadie, a ir al banco y pagar mis recibos. A coger las llaves y que nadie me espere en casa. A preocuparme por mi futuro profesional. Muchísimo menos sé cuando pasé de niño a ¿adulto?.
Es como cuando te quedas dormido... ¿alguien sabe decir cual fue el momento exacto en el que la conciencia “desaparece”? Porque yo no. Lo notas, sientes el cansancio, cada vez sientes menos las cosas pero de repente caes. Te despiertas y no sabes en qué momento fue cuando te dormiste. Si a los 3 minutos de cerrar los párpados o a los 17.
Pues esto me parece exactamente igual. Recuerdo perfectamente cada paso que he dado, cada momento vivido y cada error cometido. Pero no recuerdo en qué momento exacto de mi vida pasé de ver algunas cosas de un modo totalmente diferente, otras algo limadas y otras mejoradas.
Era 3 de octubre de 2007 cuando decidí dar un giro de 180º a mi vida. Cogi la maleta, mis enseres y compré un billete de ida a Asturias, sin saber cuando cogería el de vuelta. Fue una decisión dura, difícil y que me llevo todo ese verano decidir. Nadie sabe cuanto me costó. Solo hay una persona que pueda imaginarselo un poco, y eso es porque va en la sangre.
Dificil decidir con 17 años coger la puerta, dejar tu casa, tu familia, tu tierra para irte a 1000 kilómetros de distancia (literal) para luchar por un sueño. Algo que te habia acompañado siempre en la conciencia pero que nunca despertaba.
Era dificil, para muchos imposible. Pero habia que intentarlo. Además en casa, no quedaba nada. Ni siquiera los cimientos. Quizás era mejor intentar empezar otra vida.
Y desde luego que fue mejor. Aquí estoy, a mis 20 años con un futuro prometedor por delante del que espero muchisimas alegrias y retos. En un puesto que millones de personas en este país desearía.
Con muchos amigos hechos a lo largo de estos 3 años. Más amigos de los que podia imaginar. Grandes profesionales, grandísimas personas.
No dependo de nada ni de nadie. Yo me lo he guisado y ahora, yo me lo como. Tal vez nunca podré comprarme un Bugatti Beyron, pero si Dios quiere, nunca me faltará un plato caliente, un techo donde cobijarme y libertad para hacer lo que quiera, con quien quiera y cuando quiera.
Me he ganado el derecho a ser feliz, a disfrutar de mi mismo, de mi gente y de mi presente y futuro. Agradeciendo a mi pasado donde estoy. Y puesto que me lo he ganado, lo disfrutaré.
He pasado de berrear, de llorar, de hacer el imbécil y equivocarme una y otra vez. De hacer daño a la gente que quiero y a tropezar antes de llegar a la meta a ser lo que soy y seré.
¿En qué momento? Ya te digo, no lo sé, todo ha sido como quedarse dormido...
Ahórratelo.
¿Hace cuanto que nos conocemos? Vamos piensa, rápido. Pero no, no contestes. Hablar de años tal vez nos haga viejos. Hablemos mejor de momentos. ¿Cuantos momentos hemos pasado desde que nos conocemos? Yo no soy capaz de contarlos, ¿y tú? Buenos, seguro que no. Malos si, te los digo: tres. No los ha habido más. ¿Y eso porqué? Por el cariño, la amistad, el dia a dia, el necesitarnos cuando hemos sufrido. Y cuando hemos tenido esos tres momentos malos no hemos durado ni cuatro dias enfadados. Si no era uno, era el otro el que llamaba a la puerta.
Por qué te digo esto pensarás... ni yo mismo te sé responder. Simplemente estaba pensando en ti, en mi, y no consigo dormir. Pensaba en nosotros, en lo que no somos y nunca seremos. En lo que nunca te digo cuando estamos cara a cara, cuando vamos al cine, cuando salimos de copas o simplemente cuando charlamos.
Tal vez desde la seguridad que me da una pantalla y un teclado sea capaz de mostrarte lo que siente mi cabeza, que no corazón. No creo en el amor de corazón. Los sentimientos están en la cabeza; odio, amor, cariño, obsesion, y un largo etcétera se encuentran bajo nuestro cabello. No bajo nuestro pecho. Y como cabeza me sobra y ganas no me faltan aquí está este servidor escribiendote, letra a letra lo que piensa.
Eres la segunda de tu familia a la que conoci, pues primero llegó tu hermano y que tanto me ha hecho reir. Aquel chico de ojos claros y cabello fino tímido cuando quiere y extrovertido con sus amigos. Amable, alegre y trabajador que jamás a roto un plato y que si lo rompe, en un pis pas lo arregla quedando incluso mejor. Y tras él, tú. Parecida en carácter a él. Con un aire en la cara, gestos, que me recuerdan a él. Tan parecida en unas cosas y tan diferente en otras muchas.
Te conocí y fuiste mi amiga. Pronto empezamos a congeniar, a pasar horas juntos. Tardes y meriendas. A veces incluso noches con sus peleas de almohadas incluidas. Amable, risueña, loca incluso, agradable, amiga de sus amigos y ni una pizca de rencorosa. En ti no cabe el rencor. Tienes demasiado corazón (si, me contradigo) para odiar a nadie. Sabes pedir perdón cuando te equivocas. Y no necesitas que te pidan perdón para perdonar.
Jamás te vi como nada más que eso, mi amiga. Jamás mis ojos han mirado de forma lasciva o romántica tu cuerpo. Nunca te acaricié sin más intención que animarte, consolarte o abrazarte. Y seguiré haciendolo pues aprendí a diferenciar entre la coherencia y la locura.
Pero no puedo evitar que soy yo el que después de tantos años, a veces, durante un segundo pienso en ti y no veo a mi amiga. Soy yo el que daría mi vida por ti y no se arrepentiría. Que estuve, estoy y estaré siempre para ayudarte, para cogerte en brazos.
No te hablo de amor. Que sé yo que es esa palabra. No te voy a hablar de castillos en el aire. Ni que sin ti moriría. Puedo sobrevivir a ello, como he hecho siempre. No te diré que muero por tus labios ni que cuando te veo el mundo se me para. No, no creo en esas cosas.
Creo en el cariño. Creo en el bienestar que me produce hablar contigo. Pasar el tiempo contigo. Contigo me rio, me divierto y olvido mis penas. Como ahogarme en un mar de vino.
Pero para ti no soy más que tu amigo. Al que conoces desde hace años y que veias a diario. Aquel que tal vez era un amigo especial pero nada más. Ahora no llega a tal, pues un error del pasado hizo que me vieras con peores ojos.
Y seguramente no entenderás esto. Puede que no te pares a leerlo. O puede que si lo haces ni tan siquiera sepas que va para ti. Que la chica de la que hablo eres tú. Y no le darás más importancia. Será un texto más, una parrafada cursi vomitada por un melancolico. Ni si quiera estoy seguro de dártelo a conocer.
Sé que te extrañará, pues por el escenario de mi vida han pasado varias bailarinas. Algunas supieron bailarme mejor y otras peor. Incluso alguna estuvo fija en el cartel.
Pero (y odio las comparaciones) cuando puedes comprarte la casa que te gusta porque tu trabajo, tu bolsillo y tu vida no te da para ello tienes que meterte en una hipoteca de algo menor. Siempre aspirando a la casa de tus sueños pero con los pies en la tierra, sabiendo que la realidad es la que es.
No destaco en nada como otros. No soy demasiado bueno, ni muy amable ni bastante generoso. Jamás tendré el carisma de House, el cuerpo de Hugo Silva, la inteligencia de Reverte o el talento de Bono. No soy el novio perfecto para presentar a unos padres. Ni siquiera al grupo de amigos. Pues no tendré nada por lo que te digan “ey, que bueno es” o que simpatico, que buen tio, etc etc etc.
Si antes lo hacias tú, ahora me pregunto yo para qué te lo cuento. Que más dará que te quiera a ti, a ella o aquella. Si la historia es siempre la misma. Tú en tu casa, con tu vida. Y yo con la mia, acompañandote como muchos otros pero sin estar en ella. ¿Y porqué? No sé, tal vez por todo lo anterior.
Que digo tal vez. Seguro. Tú te mereces un principe a un dentista cantaba un moreno de pelo largo y voz gitana. Y en este caso que hoy nos ocupa no le falta razón. Pues soy lo más diferente a un principe. Incluso lo más diferente a un dentista. No sé que soy, donde voy ni a donde voy a llegar. No sé hasta donde puedo aspirar. Si tal vez aspire demasiado hablandote en plata o ya me pasé.
No soy valiente, seductor, galán ni cumplidor. Y por donde paso, las chicas no se vuelven a mirarme. Sí tengo espiritu de sacrificio, sé sufrir y jamás me rindo. Pero tú no buscas eso en un chico.
Si te soy sincero no sé que buscas o qué esperas encontrar en un chico. ¿Tal vez lo tipico que soltais todas de que os hagan reir y os cuiden? Si, y luego os vais con los golfos. Os vais con los fiesteros que ahora te dan cuatro mimos pero cuando se aburran, te darán la patada. Y dirás que no volverás a caer, que fuera hombres. Pero volverás a lo mismo.
Y luego otros, que no vamos con la cabeza alta con chuleria ni jamás te gritariamos ni te dejariamos sola, nos la comemos con arroz. Si, nos quedamos ahí. A las puertas. A unas puertas que nunca me atrevo a tocar. Unas puertas que jamás se abrirán para mi. Porque tú nunca me darás las llaves, si quiera la dejarás entre abierta, para ver que pasa.
Para mi está la puerta de atrás. La de los paseos. Las noches de cine o discoteca. La puerta de llantos y consolación. De chistes, de risas.
Pero no la puerta de besos, de caricias, de que pienses en mi como tu chico. Esa está reservada a otros más perfectos. A chicos guapos, altos, maravillosos y estupendos. A esos que tal vez nunca sean capaz de valorar lo que realmente vales y te mereces.
No desprecio tu amistad. Al contrario, la valoro como la más importante que ha podido pasar por mi vida. No quisiera perderla jamás. Prefiero 100 años de tu amistad que 1 año de tu vida.
Pero lo cortés no quita lo valiente.
Y las personas siempre solemos querer más. Por alto que lleguemos siempre buscamos escalar un poquito más. Nunca nos satisface suficiente lo que tenemos. Y es lo que me ocurre. Contigo quiero más. Lo quiero todo.
Quiero probarte, ver hasta donde somos capaces de llegar. Si lo que tengo en mente es solo una ilusión o puede ser algo real. Siempre vivi de esperanzas. Para todo. Cuando he conseguido algo ha sido por el esfuerzo, la lucha dia a dia y porqué no decirlo, un poco de suerte.
Cierto es que no conseguí muchas cosas. Pero todo lo que consegui, me siento orgulloso por ello. Y tal vez por cabezoneria, que cabezón soy un rato, seguiré tras de ti. Aunque no llame a tu puerta, estaré en el umbral. Aunque no te llame, tendré el móvil entre las manos. Aunque no te hable y te sea sincero, te estaré mirando, mientras tus ojos ocupan otros menesteres.
Mientras sigamos asi, con nuestras vidas, nuestros quehaceres y demás situaciones que nos ocupen el tiempo no dependeré de ti. No suspiraré por ti ni lloraré por las noches. No desearé como un loco verte a cada instante.
Pero si estaré ahí, aguardándote, esperando que un dia, como tantos otros, me veas como algo diferente. Como un posible “más que eso” y por supuesto ilusión.
Aunque eso es harina de otro costal y muy a mi pesar ese dia no lo verán mis ojos. Pero tal vez sea lo mejor. No para mi, pero si para ti. Pues te mereces algo más que un loco, un perro que solo muerde a quien le da de comer y no sabe cuidar a lo bueno que tiene a su alrededor. Y acabarías sufriendolo en tu piel.
Si, mejor, olvida esto que te he escrito. Olvida cada palabra, cada sílaba y cada letra. Olvida que te he dicho que estoy completamente enamorado de ti desde hace mucho. Olvida que te echo de menos sin haberte tenido. Olvida todo cuanto he dicho. Olvida incluso lo que aún no te dije y jamás haré pues nunca me despertaré a tu lado. Nunca sentiré el calor de tu piel bajo unas sábanas ni oiré tu risa al hacerte cosquillas en el vientre.
Yo sueño con saber que produce un mordisco tuyo en mi cuello. Pero tú esa posibilidad ni siquiera la has pensado.
Asi que, ahorrátelo. Jamás te escribí esto.
Por qué te digo esto pensarás... ni yo mismo te sé responder. Simplemente estaba pensando en ti, en mi, y no consigo dormir. Pensaba en nosotros, en lo que no somos y nunca seremos. En lo que nunca te digo cuando estamos cara a cara, cuando vamos al cine, cuando salimos de copas o simplemente cuando charlamos.
Tal vez desde la seguridad que me da una pantalla y un teclado sea capaz de mostrarte lo que siente mi cabeza, que no corazón. No creo en el amor de corazón. Los sentimientos están en la cabeza; odio, amor, cariño, obsesion, y un largo etcétera se encuentran bajo nuestro cabello. No bajo nuestro pecho. Y como cabeza me sobra y ganas no me faltan aquí está este servidor escribiendote, letra a letra lo que piensa.
Eres la segunda de tu familia a la que conoci, pues primero llegó tu hermano y que tanto me ha hecho reir. Aquel chico de ojos claros y cabello fino tímido cuando quiere y extrovertido con sus amigos. Amable, alegre y trabajador que jamás a roto un plato y que si lo rompe, en un pis pas lo arregla quedando incluso mejor. Y tras él, tú. Parecida en carácter a él. Con un aire en la cara, gestos, que me recuerdan a él. Tan parecida en unas cosas y tan diferente en otras muchas.
Te conocí y fuiste mi amiga. Pronto empezamos a congeniar, a pasar horas juntos. Tardes y meriendas. A veces incluso noches con sus peleas de almohadas incluidas. Amable, risueña, loca incluso, agradable, amiga de sus amigos y ni una pizca de rencorosa. En ti no cabe el rencor. Tienes demasiado corazón (si, me contradigo) para odiar a nadie. Sabes pedir perdón cuando te equivocas. Y no necesitas que te pidan perdón para perdonar.
Jamás te vi como nada más que eso, mi amiga. Jamás mis ojos han mirado de forma lasciva o romántica tu cuerpo. Nunca te acaricié sin más intención que animarte, consolarte o abrazarte. Y seguiré haciendolo pues aprendí a diferenciar entre la coherencia y la locura.
Pero no puedo evitar que soy yo el que después de tantos años, a veces, durante un segundo pienso en ti y no veo a mi amiga. Soy yo el que daría mi vida por ti y no se arrepentiría. Que estuve, estoy y estaré siempre para ayudarte, para cogerte en brazos.
No te hablo de amor. Que sé yo que es esa palabra. No te voy a hablar de castillos en el aire. Ni que sin ti moriría. Puedo sobrevivir a ello, como he hecho siempre. No te diré que muero por tus labios ni que cuando te veo el mundo se me para. No, no creo en esas cosas.
Creo en el cariño. Creo en el bienestar que me produce hablar contigo. Pasar el tiempo contigo. Contigo me rio, me divierto y olvido mis penas. Como ahogarme en un mar de vino.
Pero para ti no soy más que tu amigo. Al que conoces desde hace años y que veias a diario. Aquel que tal vez era un amigo especial pero nada más. Ahora no llega a tal, pues un error del pasado hizo que me vieras con peores ojos.
Y seguramente no entenderás esto. Puede que no te pares a leerlo. O puede que si lo haces ni tan siquiera sepas que va para ti. Que la chica de la que hablo eres tú. Y no le darás más importancia. Será un texto más, una parrafada cursi vomitada por un melancolico. Ni si quiera estoy seguro de dártelo a conocer.
Sé que te extrañará, pues por el escenario de mi vida han pasado varias bailarinas. Algunas supieron bailarme mejor y otras peor. Incluso alguna estuvo fija en el cartel.
Pero (y odio las comparaciones) cuando puedes comprarte la casa que te gusta porque tu trabajo, tu bolsillo y tu vida no te da para ello tienes que meterte en una hipoteca de algo menor. Siempre aspirando a la casa de tus sueños pero con los pies en la tierra, sabiendo que la realidad es la que es.
No destaco en nada como otros. No soy demasiado bueno, ni muy amable ni bastante generoso. Jamás tendré el carisma de House, el cuerpo de Hugo Silva, la inteligencia de Reverte o el talento de Bono. No soy el novio perfecto para presentar a unos padres. Ni siquiera al grupo de amigos. Pues no tendré nada por lo que te digan “ey, que bueno es” o que simpatico, que buen tio, etc etc etc.
Si antes lo hacias tú, ahora me pregunto yo para qué te lo cuento. Que más dará que te quiera a ti, a ella o aquella. Si la historia es siempre la misma. Tú en tu casa, con tu vida. Y yo con la mia, acompañandote como muchos otros pero sin estar en ella. ¿Y porqué? No sé, tal vez por todo lo anterior.
Que digo tal vez. Seguro. Tú te mereces un principe a un dentista cantaba un moreno de pelo largo y voz gitana. Y en este caso que hoy nos ocupa no le falta razón. Pues soy lo más diferente a un principe. Incluso lo más diferente a un dentista. No sé que soy, donde voy ni a donde voy a llegar. No sé hasta donde puedo aspirar. Si tal vez aspire demasiado hablandote en plata o ya me pasé.
No soy valiente, seductor, galán ni cumplidor. Y por donde paso, las chicas no se vuelven a mirarme. Sí tengo espiritu de sacrificio, sé sufrir y jamás me rindo. Pero tú no buscas eso en un chico.
Si te soy sincero no sé que buscas o qué esperas encontrar en un chico. ¿Tal vez lo tipico que soltais todas de que os hagan reir y os cuiden? Si, y luego os vais con los golfos. Os vais con los fiesteros que ahora te dan cuatro mimos pero cuando se aburran, te darán la patada. Y dirás que no volverás a caer, que fuera hombres. Pero volverás a lo mismo.
Y luego otros, que no vamos con la cabeza alta con chuleria ni jamás te gritariamos ni te dejariamos sola, nos la comemos con arroz. Si, nos quedamos ahí. A las puertas. A unas puertas que nunca me atrevo a tocar. Unas puertas que jamás se abrirán para mi. Porque tú nunca me darás las llaves, si quiera la dejarás entre abierta, para ver que pasa.
Para mi está la puerta de atrás. La de los paseos. Las noches de cine o discoteca. La puerta de llantos y consolación. De chistes, de risas.
Pero no la puerta de besos, de caricias, de que pienses en mi como tu chico. Esa está reservada a otros más perfectos. A chicos guapos, altos, maravillosos y estupendos. A esos que tal vez nunca sean capaz de valorar lo que realmente vales y te mereces.
No desprecio tu amistad. Al contrario, la valoro como la más importante que ha podido pasar por mi vida. No quisiera perderla jamás. Prefiero 100 años de tu amistad que 1 año de tu vida.
Pero lo cortés no quita lo valiente.
Y las personas siempre solemos querer más. Por alto que lleguemos siempre buscamos escalar un poquito más. Nunca nos satisface suficiente lo que tenemos. Y es lo que me ocurre. Contigo quiero más. Lo quiero todo.
Quiero probarte, ver hasta donde somos capaces de llegar. Si lo que tengo en mente es solo una ilusión o puede ser algo real. Siempre vivi de esperanzas. Para todo. Cuando he conseguido algo ha sido por el esfuerzo, la lucha dia a dia y porqué no decirlo, un poco de suerte.
Cierto es que no conseguí muchas cosas. Pero todo lo que consegui, me siento orgulloso por ello. Y tal vez por cabezoneria, que cabezón soy un rato, seguiré tras de ti. Aunque no llame a tu puerta, estaré en el umbral. Aunque no te llame, tendré el móvil entre las manos. Aunque no te hable y te sea sincero, te estaré mirando, mientras tus ojos ocupan otros menesteres.
Mientras sigamos asi, con nuestras vidas, nuestros quehaceres y demás situaciones que nos ocupen el tiempo no dependeré de ti. No suspiraré por ti ni lloraré por las noches. No desearé como un loco verte a cada instante.
Pero si estaré ahí, aguardándote, esperando que un dia, como tantos otros, me veas como algo diferente. Como un posible “más que eso” y por supuesto ilusión.
Aunque eso es harina de otro costal y muy a mi pesar ese dia no lo verán mis ojos. Pero tal vez sea lo mejor. No para mi, pero si para ti. Pues te mereces algo más que un loco, un perro que solo muerde a quien le da de comer y no sabe cuidar a lo bueno que tiene a su alrededor. Y acabarías sufriendolo en tu piel.
Si, mejor, olvida esto que te he escrito. Olvida cada palabra, cada sílaba y cada letra. Olvida que te he dicho que estoy completamente enamorado de ti desde hace mucho. Olvida que te echo de menos sin haberte tenido. Olvida todo cuanto he dicho. Olvida incluso lo que aún no te dije y jamás haré pues nunca me despertaré a tu lado. Nunca sentiré el calor de tu piel bajo unas sábanas ni oiré tu risa al hacerte cosquillas en el vientre.
Yo sueño con saber que produce un mordisco tuyo en mi cuello. Pero tú esa posibilidad ni siquiera la has pensado.
Asi que, ahorrátelo. Jamás te escribí esto.
Cartas...
Yo no nací para estas cosas ni para aquellas. Nadie implantó en mis genes el don de saber decidir qué hacer, cuándo y cómo hacerlo.
En lugar de eso me registraron el de la chispa, que en cualquier momento y lugar prende diciendo lo que pienso. Asumiendo las consecuencias pero sin arrepentirme. Soy asi, no lo puedo remediar. Ni lo pienso cambiar.
Para muchos un defecto, un síntoma claro de inmadurez, de persona poco inteligente y que jamás ha salido de casa.
Para pocos, una virtud. Algo que puede protegerte (y que de hecho lo hace) en muchísimas ocasiones.
Para mi no es más que una característica, un rasgo, un acerco. Que como cualquier otra, en determinados momentos puede sonreirte y, en otros, escupirte. Ni más blanco, ni más negro. No soy quien para juzgar a nadie desde mi punto de vista y opinión personal. Pues no todos miramos las cosas, las acciones, y a las personas, con el mismo rasero.
No nací Dios ni jamás me convertiré en él a pesar de que muchos dicen que nos hizo a su imagen y semejanza.
Dicha toda esta parafernalia que no viene a cuento y que ya olvidé te comento:
Si yo, que soy de impulsos, de dar latigazos según me vienen y besos según los siento, ¿cómo voy a pararme a pensar la forma en decirte lo que siento? Si yo (repitiéndome), especialista doctorado en hablar sin pensar, no te lo he dicho ya en cualquiera de los momentos que hemos coincidido, no sé cómo lo haré despacito, con buena letra y pieza a pieza.
Espera, dejame terminar. Luego, si quieres, callaré y tus palabras serán mis únicas dueñas.
Empezaré por lo que más sencillo me resulta; ponerme a parir y unas cuantas cosas más:
No sé cantar, ni pintar, ni dibujar y si intento bailar se me enredan los pies y caigo. Puedo jugar a cualquier deporte pero ninguno se me da bien. No suelo dar paz ni tranquilidad. Aún menos se dar consejos que ni tan siquiera soy capaz de seguir yo mismo. El único peinado que sé hacerme es levantarme los pelos para arriba. Soy desconfiado; tal vez a causa de terceros.
No sé contar chistes, ni anécdotas; por consiguiente no sé hacer reir. Ni consolar ni animar. Soy un completo inútil de los sentimientos.
Tengo cara de tonto. Tanta y tan clara que cualquier que pase por mi vida, si quiere, me engaña. A pesar de ser muy desconfiado, caigo fácil.
Abdominales tengo, sí, uno. En altura me gana un doberman de pie.
Y a veces ni yo mismo me aguanto de lo insoportable que puedo llegar a ser.
Lo poco que tengo es coraje (que no es poco, el cual me sobra) para levantarme las veces que sean necesarias para continuar. Solo o en compañía.
Creo que sé escuchar y que la paciencia hizo de mi su hogar. Egoísmo no tengo, lo tuve y aprendí a dejarlo por el camino. Doy lo que tengo y lo que no tengo lo busco para darlo. Tal vez ahí radique mi punto débil.
Si alguien me importa, me vuelvo por esa persona aunque a veces duela. Lo doy todo por ella por lo que nunca le faltará de nada ni se sentirá sola.
Supongo que no todo era malo. Que rascando un poco siempre se puede encontrar algo duce. Pero [que en todas ocasiones existen los “peros”, que no los manzanos] en general, ya ves, asi los hay hasta en el reino animal.
¿Y qué te digo yo ahora? Que me gustas igual queda mejor dejarlo para los de quince años. Que te quiero o estoy enamorado de ti es demasiado, siendo sincero.
Díficl es encontrarte una o dos palabras adecuadas que sean capaz de dar forma a algo abstracto. Más fácil me resultaría decírte que no eres ni más, ni menos, de lo que busco o espero encontrar.
Eres sencilla, inteligente, preocupada y accesible. Lo suficientemente risueña para contagiarme.
No tienes temas tabús y te sobrna temas para conversaciones de meses de duración. Tienes esa cara y ese halo de inocente que tiene una niña de cuatro añitos pero con la madurez de una mujer en el ocaso de su vida.
Sabes hacer reír sin querer y sin saberlo. Con una broma, un despiste o una sonrisa.
Da gusto compartir el tiempo contigo. Llenas hueco y ayudas sin darte cuenta.
No tienes síntomas de una persona egoísta, rencorosa o traicionera. Mucho menos te imagino mintiendo.
Y eres guapa. Lindísima. Dan ganas de comerte con boquita pequeña para poder disfrutar cada mordisco...
Lo fácil está hecho. Dicho está y este escrito actuará de testigo para las veces que necesites.
¿Y ahora? Ahora nada. Esto no necesita retroalimentación. Lo que yo quiera o desee carece de importancia. Todos tenemos espectativas que a veces conseguimos cumplir y otras no alcanzamos.
Como puedes ver no lloro, no tengo cara triste ni de angustia. Ni tan siquiera melancolica o de corderito degollado. Estoy feliz, sonriendo y aceptando las que me vengan.
Tal vez por la costumbre, tal vez porque hay determinadas cosas que por mucho que otros lo intenten, no me afectan.
Ahora tú, si quieres, puedes hacer uso de mi silencio y hablar. Yo ya dije todo lo que tenía que decir.
“Cartas de un despreocupado.”
En lugar de eso me registraron el de la chispa, que en cualquier momento y lugar prende diciendo lo que pienso. Asumiendo las consecuencias pero sin arrepentirme. Soy asi, no lo puedo remediar. Ni lo pienso cambiar.
Para muchos un defecto, un síntoma claro de inmadurez, de persona poco inteligente y que jamás ha salido de casa.
Para pocos, una virtud. Algo que puede protegerte (y que de hecho lo hace) en muchísimas ocasiones.
Para mi no es más que una característica, un rasgo, un acerco. Que como cualquier otra, en determinados momentos puede sonreirte y, en otros, escupirte. Ni más blanco, ni más negro. No soy quien para juzgar a nadie desde mi punto de vista y opinión personal. Pues no todos miramos las cosas, las acciones, y a las personas, con el mismo rasero.
No nací Dios ni jamás me convertiré en él a pesar de que muchos dicen que nos hizo a su imagen y semejanza.
Dicha toda esta parafernalia que no viene a cuento y que ya olvidé te comento:
Si yo, que soy de impulsos, de dar latigazos según me vienen y besos según los siento, ¿cómo voy a pararme a pensar la forma en decirte lo que siento? Si yo (repitiéndome), especialista doctorado en hablar sin pensar, no te lo he dicho ya en cualquiera de los momentos que hemos coincidido, no sé cómo lo haré despacito, con buena letra y pieza a pieza.
Espera, dejame terminar. Luego, si quieres, callaré y tus palabras serán mis únicas dueñas.
Empezaré por lo que más sencillo me resulta; ponerme a parir y unas cuantas cosas más:
No sé cantar, ni pintar, ni dibujar y si intento bailar se me enredan los pies y caigo. Puedo jugar a cualquier deporte pero ninguno se me da bien. No suelo dar paz ni tranquilidad. Aún menos se dar consejos que ni tan siquiera soy capaz de seguir yo mismo. El único peinado que sé hacerme es levantarme los pelos para arriba. Soy desconfiado; tal vez a causa de terceros.
No sé contar chistes, ni anécdotas; por consiguiente no sé hacer reir. Ni consolar ni animar. Soy un completo inútil de los sentimientos.
Tengo cara de tonto. Tanta y tan clara que cualquier que pase por mi vida, si quiere, me engaña. A pesar de ser muy desconfiado, caigo fácil.
Abdominales tengo, sí, uno. En altura me gana un doberman de pie.
Y a veces ni yo mismo me aguanto de lo insoportable que puedo llegar a ser.
Lo poco que tengo es coraje (que no es poco, el cual me sobra) para levantarme las veces que sean necesarias para continuar. Solo o en compañía.
Creo que sé escuchar y que la paciencia hizo de mi su hogar. Egoísmo no tengo, lo tuve y aprendí a dejarlo por el camino. Doy lo que tengo y lo que no tengo lo busco para darlo. Tal vez ahí radique mi punto débil.
Si alguien me importa, me vuelvo por esa persona aunque a veces duela. Lo doy todo por ella por lo que nunca le faltará de nada ni se sentirá sola.
Supongo que no todo era malo. Que rascando un poco siempre se puede encontrar algo duce. Pero [que en todas ocasiones existen los “peros”, que no los manzanos] en general, ya ves, asi los hay hasta en el reino animal.
¿Y qué te digo yo ahora? Que me gustas igual queda mejor dejarlo para los de quince años. Que te quiero o estoy enamorado de ti es demasiado, siendo sincero.
Díficl es encontrarte una o dos palabras adecuadas que sean capaz de dar forma a algo abstracto. Más fácil me resultaría decírte que no eres ni más, ni menos, de lo que busco o espero encontrar.
Eres sencilla, inteligente, preocupada y accesible. Lo suficientemente risueña para contagiarme.
No tienes temas tabús y te sobrna temas para conversaciones de meses de duración. Tienes esa cara y ese halo de inocente que tiene una niña de cuatro añitos pero con la madurez de una mujer en el ocaso de su vida.
Sabes hacer reír sin querer y sin saberlo. Con una broma, un despiste o una sonrisa.
Da gusto compartir el tiempo contigo. Llenas hueco y ayudas sin darte cuenta.
No tienes síntomas de una persona egoísta, rencorosa o traicionera. Mucho menos te imagino mintiendo.
Y eres guapa. Lindísima. Dan ganas de comerte con boquita pequeña para poder disfrutar cada mordisco...
Lo fácil está hecho. Dicho está y este escrito actuará de testigo para las veces que necesites.
¿Y ahora? Ahora nada. Esto no necesita retroalimentación. Lo que yo quiera o desee carece de importancia. Todos tenemos espectativas que a veces conseguimos cumplir y otras no alcanzamos.
Como puedes ver no lloro, no tengo cara triste ni de angustia. Ni tan siquiera melancolica o de corderito degollado. Estoy feliz, sonriendo y aceptando las que me vengan.
Tal vez por la costumbre, tal vez porque hay determinadas cosas que por mucho que otros lo intenten, no me afectan.
Ahora tú, si quieres, puedes hacer uso de mi silencio y hablar. Yo ya dije todo lo que tenía que decir.
“Cartas de un despreocupado.”
Querido viejo...
Me gustaria poder estrecharte las manos al darte las gracias. Poder darte un abrazo, de esos que duran siglos y dan calor hasta en el hielo. Recibir una palmada en la espalda, una sonrisa o un “olé” tuyo.
Me encantaría poder darte las gracias más allá que mi pensamiento, con una mirada al cielo o soñando contigo. Porque eres tú quien me ayuda a tomar las desiciones correctas. El que me ha llevado por este camino que estoy recorriendo.
Eres tú, junto a ella, mi motor, mi fuerza y mis ganas de levantarme para empezar el día. Ella me da la alegría, el orgullo, el cariño que necesito. Tú me das la fuerza, me sostienes para que coja aliento y me levantas cuando caigo.
Me enseñas a esquivar las balas. A no desfallecer aunque no tenga fuerzas. Que todo esfuerzo tiene su recompensa y asi me lo estás demostrando.
Sudor, lágrimas me está costando. Han pasado tantas cosas desde que cerré aquella puerta en tan poquisimo tiempo. Tantas que no puedo contarlas aunque me concentre en ello.
Gracias a ti ya aprendí que me ha tocado vivir lo que no esperaba. Quizás lo que no correspondia a alguien tan joven, con tan poca experiencia en todo. Y todo tan rápido como un rayo y tan denso como una avalancha de nieve.
Pero me enseñaste a sobrellevarlo, a poder con todo. Ahí estabas tú, sonriendome, empujandome, levantandome o aplaudiendome, aunque fueras el único. Aunque no supiera de que color era la camisa que llevaras. Sin poder saber si sonreias o llorabas de alegría. Pero ahí estabas, cuidándome, arropándome para que no me pasara nada y pudiera salir airoso.
Y vaya si lo hice. Aquí estoy, con cuatro vidas a mis espaldas y con la sensación de aún no saber nada. A la espera de que venga todo de frente, que ya tengo ganas.
Porque ya no tengo miedo, ahora sé que siempre estarás como lo has estado. Que si hemos conseguido esto, ¡qué no podremos!. Queda mucho camino por recorrer, muchas ostias que darme y muchas alegrías por recibir. Paso a paso, como hasta ahora. Sin prisa. Sabiendo ver los errores para corregirlos. Volviendo a empezar si fuera preciso. Aquí o allá, con este o con aquella. Mañana, pasado o ayer. Da igual. Ya no me da miedo lo nuevo. No temo por qué vendrá ni suspiraré por lo que se fue. Abrazaré lo presente, como si fueras tú. Abrazaré todo lo que me has dado y lo iré puliendo y mejorando con el paso de los años.
Para que, cuando llegue el dia que vuelva a verte pueda darte las gracias con la cabeza alta y orgulloso de lo que llegué a ser... querido viejo..
Me encantaría poder darte las gracias más allá que mi pensamiento, con una mirada al cielo o soñando contigo. Porque eres tú quien me ayuda a tomar las desiciones correctas. El que me ha llevado por este camino que estoy recorriendo.
Eres tú, junto a ella, mi motor, mi fuerza y mis ganas de levantarme para empezar el día. Ella me da la alegría, el orgullo, el cariño que necesito. Tú me das la fuerza, me sostienes para que coja aliento y me levantas cuando caigo.
Me enseñas a esquivar las balas. A no desfallecer aunque no tenga fuerzas. Que todo esfuerzo tiene su recompensa y asi me lo estás demostrando.
Sudor, lágrimas me está costando. Han pasado tantas cosas desde que cerré aquella puerta en tan poquisimo tiempo. Tantas que no puedo contarlas aunque me concentre en ello.
Gracias a ti ya aprendí que me ha tocado vivir lo que no esperaba. Quizás lo que no correspondia a alguien tan joven, con tan poca experiencia en todo. Y todo tan rápido como un rayo y tan denso como una avalancha de nieve.
Pero me enseñaste a sobrellevarlo, a poder con todo. Ahí estabas tú, sonriendome, empujandome, levantandome o aplaudiendome, aunque fueras el único. Aunque no supiera de que color era la camisa que llevaras. Sin poder saber si sonreias o llorabas de alegría. Pero ahí estabas, cuidándome, arropándome para que no me pasara nada y pudiera salir airoso.
Y vaya si lo hice. Aquí estoy, con cuatro vidas a mis espaldas y con la sensación de aún no saber nada. A la espera de que venga todo de frente, que ya tengo ganas.
Porque ya no tengo miedo, ahora sé que siempre estarás como lo has estado. Que si hemos conseguido esto, ¡qué no podremos!. Queda mucho camino por recorrer, muchas ostias que darme y muchas alegrías por recibir. Paso a paso, como hasta ahora. Sin prisa. Sabiendo ver los errores para corregirlos. Volviendo a empezar si fuera preciso. Aquí o allá, con este o con aquella. Mañana, pasado o ayer. Da igual. Ya no me da miedo lo nuevo. No temo por qué vendrá ni suspiraré por lo que se fue. Abrazaré lo presente, como si fueras tú. Abrazaré todo lo que me has dado y lo iré puliendo y mejorando con el paso de los años.
Para que, cuando llegue el dia que vuelva a verte pueda darte las gracias con la cabeza alta y orgulloso de lo que llegué a ser... querido viejo..
De primero...Macarrones..
Risueña, amable, generosa, guapa, con ojos color miel. Cuerpo esbelto y provocador pero discreto y decoroso.
Nunca habla mal de nadie. Siempre escucha a quien lo necesita. Si puede te ayuda y sino al menos lo intenta. No es esa amiga/o falsa/o que hace como que se interesa por ti. No, lo hace y de verdad. Y hasta que no estás bien no parará de preguntarte.
"Los mejores perfumes vienen en frascos pequeños". Aquél que dijo eso seguramente es porque conocía a alguien como la que yo conozco y ahora describo. Nunca pensé que me haría tanta falta y llegara a ayudarme tanto.
Siempre aguantándome. Nunca poniendo peros ni condiciones.
Gracias, gracias y mil gracias. Gente como tú no pasan a diario. Ni si quiera mensualmente.
Sé que siempre vas a estar ahí, preocupandote y atendiendome cuando lo necesito y que no me negaras una conversacion (seria o no, da igual), un abrazo o una risa.
No espero ser para ti lo más de lo más. Me conformo con esto que ahora tenemos pues ya quisieran muchos tener a alguien así al lado. Que dure por muchos años; estés tú alli o allá y yo aquí o acá. Pero que me baste coger el móvil o teclear en el ordenador cuando lo necesite para obtener un poco de la calma que siempre me das.
A ti te debo el seguir escribiendo.
Siempre quedará pendiente ese plato de pasta italiana que jamás nos servirán. Gracias.
Nunca habla mal de nadie. Siempre escucha a quien lo necesita. Si puede te ayuda y sino al menos lo intenta. No es esa amiga/o falsa/o que hace como que se interesa por ti. No, lo hace y de verdad. Y hasta que no estás bien no parará de preguntarte.
"Los mejores perfumes vienen en frascos pequeños". Aquél que dijo eso seguramente es porque conocía a alguien como la que yo conozco y ahora describo. Nunca pensé que me haría tanta falta y llegara a ayudarme tanto.
Siempre aguantándome. Nunca poniendo peros ni condiciones.
Gracias, gracias y mil gracias. Gente como tú no pasan a diario. Ni si quiera mensualmente.
Sé que siempre vas a estar ahí, preocupandote y atendiendome cuando lo necesito y que no me negaras una conversacion (seria o no, da igual), un abrazo o una risa.
No espero ser para ti lo más de lo más. Me conformo con esto que ahora tenemos pues ya quisieran muchos tener a alguien así al lado. Que dure por muchos años; estés tú alli o allá y yo aquí o acá. Pero que me baste coger el móvil o teclear en el ordenador cuando lo necesite para obtener un poco de la calma que siempre me das.
A ti te debo el seguir escribiendo.
Siempre quedará pendiente ese plato de pasta italiana que jamás nos servirán. Gracias.
A tu lado.
Seguirá todo igual mañana, pasado, la semana que viene y en enero. Pero lo de esta noche no me lo arrebatará nadie. Quedará para mi, quien sabe si para ti. Pero hoy entre risas y pellizcos era feliz, completamente feliz.
A tu lado, como no..
A tu lado, como no..
Hablo.
Hablo hoy de sentimientos, no de razones. De impulsos. Yo no elijo cómo me siento. Cómo me salta el automático.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)













